De playa en playa

El calor llega a Donosti, y toca lanzarse a las playas a tostarse como si no hubiera un mañana. Uno ya tiene más que aprendido su manual de supervivencia para las playas donostiarras, así que toca pensar y decidir. ¿A dónde voy? San Sebastián tiene de todo, y de playas anda también sobrada. Están los tres cerditos, los tres Reyes Magos y las tres playas de San Sebastián. Si hasta tienen carrera propia, pero eso será más adelante. A ver si este año logro presentarme. A la tercera va la vencida… Curioso, otra vez el número tres.

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El otro día pensé que era el momento de lanzarme a meterle caña al surf. Ese deporte que crea tendencia en Donostia. Pero, desafortunadamente estoy obligado a metamorfosearme en humano cuando salgo de la nave. Sería mucho más fácil pegarme a la tabla si contara con mis tentáculos. Lo de surcar las olas montado en esos resbaladizos objetos puntiagudos, está claro que no es lo mío. En todo caso, disfruté de la playa donostiarra más salvaje.

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Pero uno ya tiene su edad, sólo tengo 2 años terrícolas pero, en mi planeta ya voy por los 237 así que, busqué la tranquilidad de La Concha para una tarde relajada. Obviamente, era una utopía imposible. Además, dejarme el conversor ultraquímico puesto no ayudó, generó movimientos en las mareas que las hicieron más salvajes aún. El reparto de centímetros cuadrados de arena por habitante se iba reduciendo por minutos.

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Por lo tanto, opté por un baño tranquilo en la vecina Ondarreta. No hay nada más relajante que refrescarse en mi segundo hogar cuando cae el atardecer en un caluroso día. Pero, cuál fue mi sorpresa al descubrir que el tanque de residuos orgánicos de la nave había tenido otra fuga. Los fluidos almacenados se habían ido solidificando y compactando en pequeñas rocas que habían quedado desperdigadas por la playa. Todos los presentes las tomaban por sencillas piedras pero, yo, sabiendo lo que eran, tuve que optar por salir por piernas. Prometo sellar la fuga de los tanques cuanto antes para que mis residuos no se depositen en vuestras orillas, mil perdones queridos terrícolas.

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En fin, ¡que por falta de playas no sea! Disfrutemos del verano en remojo, y a sacarle jugo al sol, que ya sabemos en Donostia, la metereología tiene personalidad propia y bastante esquizofrénica.

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De puente a puente, porque me lleva la corriente… por el Urumea

La Concha, el Ayuntamiento, la Parte Vieja… No me puedo quejar, estoy en el epicentro de las zonas más bonitas de Donostia. Pero la verdad es que a veces, aunque de pereza, hay que alejarse un poco. Empezar a caminar exige hacer frente a los caprichos geográficos de la naturaleza, y en este caso, nos damos de bruces con el Urumea. La ciudad está partida por la mitad por este río. En mi planeta esto lo habríamos solucionado rápidamente con mini-transportadores sónicos. Los donostiarras sin embargo han optado por construir estructuras complejas que atraviesan el caudal para ahorrarse un baño. Lo que no tengo claro del todo es por qué hay tantos, pero la verdad es que hay puentes para todos los gustos.

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El Puente de la Zurriola, es el que tiene el ego más subido. Al estar pegadito al Kursaal, cerca de la playa, y como camino directo a la Parte Vieja es uno de los principales puentes de la ciudad. Sus personales farolas le dan un toque inconfundible y gracias a acontecimientos importantes como el Zinemaldi, grandes personajes han pisado sus adoquines.

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Personalmente, mi favorito es el Puente de Maria Cristina. Uniendo la estación de tren y la Plaza Bilbao, está majestuosamente decorado por magníficas estatuas. Además, me encantan los dragones que decoran la barandilla. Es el puente con más personalidad de la ciudad, y es toda una experiencia quedarse parado un segundo en una esquina y observar toda la gente que entra y sale de la estación de tren, sobre todo en horas punta.

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Un poco más adelante, llega el Puente Jose Antonio Agirre. Según parece, despista un poco a los ciudadanos, todavía no se ha hecho un hueco entre los donostiarras. Pero, la verdad es que a mí, me gusta mucho. Su estructura me parece futurista (para estos terrícolas) y me recuerda a mi hogar.

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Por último, no podía faltar un puente con el nombre del equipo de futbol de Donostia. El Puente de la Real Sociedad jubiló hace un tiempo al Puente de Hierro. Cercano a ese lugar de culto llamado Anoeta que ya comentamos en su momento, es el único que une las vías de tren a la carretera para coches y la acera para viandantes. Sobre todo, lo que más me gusta de esta zona, es que el antiguo puente que unía estas dos partes de la ciudad está aprovechado como pasarela en la zona de Riberas de Loyola. Eso sí que es reciclar y darlo un toque diferente a uno de los barrios más nuevos de la ciudad.

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Y me dejo muchos puentes sin mencionar, porque otra cosa no sé pero puentes hay un puñado. Lo bueno es que cada uno tiene un carácter especial, la cantidad de maneras que hay de cruzar ese río hace que todas las veces se descubra algo nuevo en cada viaje. Podéis echar un vistazo a mi galería de puentes en Flickr, que intenta resumir los secretos que entrañan estas curiosas estructuras. Esta ciudad sigue escondiendo misterios que estoy dispuesto a desentrañar.