Oleaje en Donostia: el poder de atracción de las fuerzas de la naturaleza

Bien sean erupciones solares de la Constelación Gordiana o los movimientos de las mareas heladas del planetoide 74, las fuerzas de la naturaleza siempre han atraído a todos los seres vivos. Eso es cierto aquí, y en Plutón.

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Donostia no podía ser menos, y el marco incomparable de La Concha es punto de parada obligatorio, y no sólo porque sea mi casa. Habitualmente el poderío de las aguas es más espectacular en el Paseo Nuevo o en la Zurriola pero el pasado fin de semana no hubo zona donostiarra en la que el mar no dejara su huella. Previamente avisados por las autoridades sobre la llegada de temporal marítimo, opté por poner al máximo los generadores de gravedad de la nave para afianzarla en el lecho de la bahía. Menos mal, si no los hubiera conectado a saber dónde hubiera amanecido. Tras un sueño tranquilo desperté dispuesto a analizar la situación.

Las redes sociales echaban humo con imágenes, videos y todo tipo de comentarios sobre una noche en la que un tal Poseidón había decidido descargar toda su furia sobre la ciudad. La primera fase había sido de tensa expectación. Empezar a ver tantos mensajes no hizo más que animarme a salir.

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La impresión que me dio ver trozos de barandilla por todos lados no se puede describir, del asombro inicial pasé a una incredulidad que no me permitía cerrar la boca y suspirar de alegría porque a la nave no le había pasado nada. Mi archivo gráfico de la misión en Flickr no hace justicia a lo que me encontré.

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El mar había dejado claro cuál era su lugar, y quién tenía el poder. Y los terrícolas estaban dispuestos a admirarlo y por qué no, admitirlo.

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Pocas veces he visto San Sebastián tan lleno de gente un domingo temprano por la mañana. Hordas de gente circulaban por las calles, como no, sin soltar el móvil. He de confesar que según avanzaba la mañana, se me iba cayendo el alma a los pies. Los destrozos han sido cuantiosos y tengo claro que no va a ser una recuperación fácil. La expectación inicial se convirtió en impresión hasta acabar en verdadera tristeza.

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Personalmente los destrozos en mis queridos puentes son lo que más me ha impactado. Pensar que el quinto puente ha sufrido daños es algo que no me cabe en la cabeza, dada la distancia al mar. Ver destrozada la barandilla del puente de Santa Catalina, pasear por el puerto y ver gente con cara de desesperación intentando recuperar sus barcas casi hundidas, gente por la Parte Vieja intentando sacar el agua de sus locales… Volví a la nave con los 7 estómagos hechos un nudo.

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El mar es poderoso, y debemos respetarlo. Pero, de toda esta experiencia lo que más me animó fue el comentario que me hizo un terrícola, que toda la gente se había volcado con los afectados para ayudar y colaborar en todo lo posible. Es lo que tienen estas cosas, que sacan lo mejor de las personas y es con lo que hay que quedarse. Un abrazo a todos los afectados, y adelante. ¡Ánimo Donostia!

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Trampas, bufandas y mensajes secretos en el Paseo de Francia

A lo largo de estos meses he podido descubrir muchas Donostias. La Donostia más clásica que rodea el Paseo de la Concha, el toque histórico que aporta la Parte Vieja o los aires de modernidad y progreso que llegaron con el Kursaal son sólo los ejemplos más conocidos de una San Sebastián que tiene muchos colores.

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Pero, sin lugar a dudas, hay un lugar que me atrae como pocos. El encanto del Paseo de Francia es innegable. Me gusta porque considero que tiene una magia especial. La tranquilidad que ofrece este paseo junto al Urumea invita a disfrutar. Ya os dije hace tiempo que soy fan de la zona del rio, aunque siga siendo forofo de La Concha. Vale, es mi casa, pero es que está siempre taaaan llena de gente. Estoy planteándome seriamente poner un cartel de “Por favor, alienígena durmiendo, no molesten”.

Las señoriales casas que bordean el paseo, los majestuosos arboles y la combinación extraña del bidegorri, las zonas verdes y la acera para peatones convierten a ésta en una zona especial.

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Una de las mansiones tiene unos extraños mensajes grabados en su entrada. Cada vez que paso por delante me tomo unos minutos para observarlos y pensar. ¿Quién sería la persona que escribió esos grabados? Admito que soy un alienígena bastante mal hablado, serán las consecuencias de conversar tanto conmigo mismo que a veces ni me aguanto. ¿Eso supone que sólo me esperan desgracias? Afortunadamente yo por ahora no tengo casa, solo una nave pero, me tendré que andar con ojo. Y el segundo mensaje me parece todavía más indescifrable. El día que me arme de valor entraré en ese extraño edificio. Porque sinceramente, es un extraño lugar que me produce mucho respeto. Me da la impresión que me va a salir un fantasma por cualquier esquina. Y yo, además de alienígena, soy un poco cagueta.

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Finalmente, siguiendo el Paseo llegamos a una fuente que me gusta mucho, tiene un aspecto decadente que la convierte en irrepetible. No se puede comparar con otras grandes fuentes de la ciudad como pueden ser la de la Plaza Bilbao o la de la Plaza Pio XII pero, saluda a los viajeros que llegan a la Estación de Tren así que, es de las que más visitas recibe al día. Lo que tampoco acabo de entender es la escultura de este planeta. ¡Esa manía de poner a todo el mundo a medio vestir! Por culpa de llevar poca ropa, yo me he pillado unos catarros del copón, y estas estatuas no son una buena guía para los turistas. Estoy por poner bufandas a todas las figuras de la ciudad.

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Este es uno de mis lugares favoritos de la ciudad pero, últimamente anda un poco revolucionado. No sé qué pasa en la zona de la estación pero, están haciendo agujeros por todos lados y no paro de ver a gente trabajar. No sé si se trata de armamento de defensa o de ataque. Más me vale estar preparado para cualquier eventualidad. Por mucho que lleve tiempo aquí y no haya sido descubierto, puede que estos terrícolas estén preparando algún tipo de elaborada trampa. ¡Siempre vigilante!

De puente a puente, porque me lleva la corriente… por el Urumea

La Concha, el Ayuntamiento, la Parte Vieja… No me puedo quejar, estoy en el epicentro de las zonas más bonitas de Donostia. Pero la verdad es que a veces, aunque de pereza, hay que alejarse un poco. Empezar a caminar exige hacer frente a los caprichos geográficos de la naturaleza, y en este caso, nos damos de bruces con el Urumea. La ciudad está partida por la mitad por este río. En mi planeta esto lo habríamos solucionado rápidamente con mini-transportadores sónicos. Los donostiarras sin embargo han optado por construir estructuras complejas que atraviesan el caudal para ahorrarse un baño. Lo que no tengo claro del todo es por qué hay tantos, pero la verdad es que hay puentes para todos los gustos.

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El Puente de la Zurriola, es el que tiene el ego más subido. Al estar pegadito al Kursaal, cerca de la playa, y como camino directo a la Parte Vieja es uno de los principales puentes de la ciudad. Sus personales farolas le dan un toque inconfundible y gracias a acontecimientos importantes como el Zinemaldi, grandes personajes han pisado sus adoquines.

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Personalmente, mi favorito es el Puente de Maria Cristina. Uniendo la estación de tren y la Plaza Bilbao, está majestuosamente decorado por magníficas estatuas. Además, me encantan los dragones que decoran la barandilla. Es el puente con más personalidad de la ciudad, y es toda una experiencia quedarse parado un segundo en una esquina y observar toda la gente que entra y sale de la estación de tren, sobre todo en horas punta.

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Un poco más adelante, llega el Puente Jose Antonio Agirre. Según parece, despista un poco a los ciudadanos, todavía no se ha hecho un hueco entre los donostiarras. Pero, la verdad es que a mí, me gusta mucho. Su estructura me parece futurista (para estos terrícolas) y me recuerda a mi hogar.

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Por último, no podía faltar un puente con el nombre del equipo de futbol de Donostia. El Puente de la Real Sociedad jubiló hace un tiempo al Puente de Hierro. Cercano a ese lugar de culto llamado Anoeta que ya comentamos en su momento, es el único que une las vías de tren a la carretera para coches y la acera para viandantes. Sobre todo, lo que más me gusta de esta zona, es que el antiguo puente que unía estas dos partes de la ciudad está aprovechado como pasarela en la zona de Riberas de Loyola. Eso sí que es reciclar y darlo un toque diferente a uno de los barrios más nuevos de la ciudad.

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Y me dejo muchos puentes sin mencionar, porque otra cosa no sé pero puentes hay un puñado. Lo bueno es que cada uno tiene un carácter especial, la cantidad de maneras que hay de cruzar ese río hace que todas las veces se descubra algo nuevo en cada viaje. Podéis echar un vistazo a mi galería de puentes en Flickr, que intenta resumir los secretos que entrañan estas curiosas estructuras. Esta ciudad sigue escondiendo misterios que estoy dispuesto a desentrañar.