¿Hace usted algo más que comer Teniente Gorb?

Mensaje cifrado del General Supremo al Teniente Gorb

Estimado Teniente Gorb, una vez analizado su último comunicado, hemos considerado que el potencial de La Concha merece la pena una misión de reconocimiento exhaustiva y permanente. De hecho, todas las naves de la flota como bien sabe están ocupadas, así que aproveche su tiempo. Consideramos que la misión de salvamento tardará un poco, es complicado maximizar los recursos de la flota interestelar. Le enviaremos provisiones lo antes posible.

Lo único, hemos constatado que el grueso de su tiempo se consume en centros de alimento y llenando los estómagos. Un aguerrido explorador debe dedicar su tiempo a investigar y conocer nuevos territorios, no sólo sitios de comer. Por favor, rogamos que amplíe sus horizontes y no sólo se dedique a catar los manjares de esa tierra.

lost_in_la_concha_anocher_kursaal_relojes_donostia_san_sebastian

La verdad es que este mensaje me generó sensaciones encontradas. Por un lado, saber que estoy en el radar del General Supremo es bueno, aunque parece que tardarán un tiempo en dar conmigo. Y eso de que sólo me dedico a comer… Vale, bueno, quizás no le falta razón pero, es que todo está tan bueno por aquí. Este es el séptimo cielo para un pobre alienígena de siete estómagos como yo. Así que me decidí a caminar y meditar sobre mis próximos pasos. Y como no, acabé tomando un pintxo, que pasear da mucha hambre.

lost_in_la_concha_bar_bergara_pintxos_txalupa_donostia_san_sebastian

El Bar Bergara, está situado cerca de la playa de Gros y un poco alejado de mi principal centro de acción por la ciudad pero, creo que volveré sin dudarlo. ¡Esa barra de pintxos de la que nunca sabes que escoger! Y esa carta de pintxos calientes, de los que escogerías todos y cada uno de ellos para degustarlos poco a poco. Mucho gente extranjera comete el error de centrarse en la barra sin valorar lo que un pintxo caliente de la cocina le puede ofrecer. Yo ya me voy donostiarrizandome poco a poco, y por consejos de San Google, opté por la Txalupa. ¡Ay la txalupa! Qué rico, me dejó sin palabras. Y mira que de eso a mí me suele sobrar.

De vuelta a la nave relamiéndome todavía, me di cuenta que existía un local en el que todavía no había puesto mis tentáculos así que, animado por la explosión de sabores de los pintxos, decidí seguir con la orgía gastronómica. De perdidos al río, tras el rapapolvo del General Supremo, ya habría tiempo de retomar las labores de investigación y conocimiento de Donostia.

lost_in_la_concha_restaurante_narru_cena_donostia_san_sebastian

Que voy a decir de los manjares con los que me pude deleitar en el Restaurante Narru. En un entorno privilegiado que compartimos, La Concha, está este restaurante que ha sido para mí al menos todo un descubrimiento. Tras deleitarme con unos hongos y unas almejas a la plancha, pasé por disfrutar del arroz meloso. El plato principal fue su conocido secreto ibérico. Imaginad lo bueno que estaba que se me olvidó hasta sacar el correspondiente documento gráfico. Todavía salivo pensando en esa cena.

lost_in_la_concha_bahia_nocturna_gintonic_donostia_san_sebastian

Donostia es uno de los pocos lugares del universo en el que he podido satisfacer mis siete estómagos de manera satisfactoria, y todo ello en un marco incomparable. Lo he repetido más de una vez y lo seguiré haciendo hasta la saciedad, soy afortunado. ¿Qué me dejan aquí abandonado? Pues nada, peor para ellos, yo seguiré disfrutando de la gastronomía local. Eso sí, probablemente tendré que intentar incluir más misiones de reconocimiento de la zona, que todo no va a ser comer. Aunque haya recuperado la costumbre de ejercitarme tras el disgusto inicial, no puedo seguir dedicándome exclusivamente a la gastronomía local. Para empezar, he organizado ya mi plan de acción para el Festival Internacional de Cine de San Sebastián que comienza el viernes. Os iré contando, pero la verdad es que promete, la ciudad tiene un aire distinto, a estrellas, y no alienígenas precisamente.

Anuncios

Kuadrilla se escribe con K

La vida del explorador en tierra desconocida es complicada, sobre todo si estás tan sólo como yo. Tienes que arriesgar y unirte a algún grupo de gente para poder conocer más a la fauna local. Y en esta ciudad lo que toca es hacerse hueco en alguna kuadrilla. ¡Oh! Las kuadrillas, conjunto de especímenes con un espíritu de territorialidad y camaradería que ya quisieran muchos animales salvajes.

lost_in_la_concha_estropadas_ikatz_kalse_donostia.san_sebastian

El domingo afortunadamente el tiempo dio un poco de tregua, y la bendita lluvia nos dejó respirar y disfrutar de la final de la Regata de la Concha de la que ya hablamos la semana pasada. La verdad es que me sigue impresionando el tema del deporte por estas tierras y la capacidad de superación, un 10 por esta gente. Además, no falto la polémica después de que chocaran las palas de 2 embarcaciones. Yo, con tal de que no me rayaran la nave, contento. Lo que tengo claro es que una de las primeras misiones fuera de la ciudad sera a Hondarribia. ¡Vaya pinta tiene ese pueblo! Zorionak por una merecida victoria.

Así que la ciudad estaba llena de kuadrillas de todos los tipos y colores, por lo que la elección de a qué grupo juntarme estaba complicada. No tenía claro qué sería mejor, unirme a ese grupo de chicas que retaban a acercarse a cualquiera que osara a poner un dedo cerca de ellas con una mirada más oscura que la de Lucifer, o ese grupo de hombres que iban acumulando botellas verdes a su alrededor mientras cantaban himnos populares. Al final, aposté por un variopinto grupo que observé que se iba juntando en una casa con extrañas bandejas. Todos iban bien cargados y entraban por una puerta.

lost_in_la_concha_concurso_pintxos_donostia_san_sebastian

¡Aquella era la puerta al paraíso de mis siete estómagos! Premio gordo para el teniente Gorb, me había colado en un concurso de pintxos. Ya hemos hablado alguna vez de los pintxos de Donostia, esas maravillas gastronómicas que consiguen que suba al séptimo cielo sólo pensando en ellos. Y tengo muy claro que seguirán siendo un tema recurrente en mis informes.

Lo dicho, que estuve en la gloria. Un grupo de lo más variado se juntó para disfrutar de la compañía y saborear unas delicias que realmente, no tenían precio. Desde pizzoletas hasta brochetas de mango, fresas y jamón pasando por el clásico foie o la morcilla. La nave tiembla con los crujidos de mi estomago sólo de pensar en ello. ¡Mmmmmhhh! Disfrute del gran ambiente de camaradería que se respiraba, y al final pasé desapercibido gracias a qué suplanté a uno de los presentes. El pobre se volvió a casa con hambre y sin pintxos. ¡Menos mal que elegí a alguien con un pintxo más que digno!

lost_in_la_concha_pintxo_verduras_donostia_san_sebastian

El buon giorno Ikurriña era una explosiva mezcla de sabores con pimientos asados, parmesano y una vinagreta de tomate y huevo, con un toque de ajo y albahaca. Digno oponente para todos los manjares que se juntaron en aquel altar gastronómico. La verdad que esto de las kuadrillas es un fenómeno que merecerá un estudio pormenorizado. Se nota que es gente afín, con gustos parecidos y en los que la gente se aprecia. Pero son capaces de soltarse las mayores barbaridades unos a otros sin inmutarse. Digno caso de análisis, pero se nota que son muy buena gente y cogí cariño a ese grupo, a ver si consigo volver a encontrarlos.

lost_in_la_concha_anochecer_zurriola_kursaal_donostia_san_sebastian

Tras semejante bacanal gastronómica, nada mejor que un largo paseo hasta la Zurriola y meditar. Los anocheceres por aquí son incluso mejores que los de Neptuno. Todavía no tengo noticias de mi planeta pero la verdad es que quedarse perdido en semejante paraje, no tiene precio. Seguiremos disfrutando de las aventuras que se presenten y analizando a esta gente tan rara.

Saboreando jazz en un lugar llamado Mugaritz

Esto de ser un intrépido explorador tiene sus riesgos. Cuando selecciono algún espécimen para ocupar su lugar las cosas pueden salir bien, y otras, pues no tanto. Hace unos días acabé pasando la tarde pelando patatas en un local que no tenía apropiados sistemas de ventilación. Digamos que perdí bastante masa corporal a base de transpirar.

El domingo sin embargo fue de esos días afortunados. Seleccioné un joven terrícola al azar, y cruce todos los tentáculos para ver dónde acababa. ¡Y qué gran tarde! En un principio me preocupé un poco pues nos alejamos bastante de terreno conocido para mí. Quiero pensar que por La Concha y el centro de la bella Donostia me manejo bien. Pero esa tarde, nos montamos en un vehículo de cuatro ruedas que nos llevo a un pequeño oasis entre las montañas.

lost_in_la_concha_mugaritz_jazzaldia

Según he podido descubrir, se trataba de Mugaritz, un conocido lugar de peregrinación para los gourmets de todo el mundo. Ya hemos hablado más de una vez que esta gente disfruta en el acto de comer, y yo no pienso decir nada en contra. Yo y cada uno de mis estómagos nos encontramos en el séptimo cielo. Mi visita a este curioso lugar no desmereció su fama. Primero pude disfrutar de su huerto particular en el que pude constatar que hay mucho más allá del azul del mar. Me empiezo a hacer fan del verde también.

lost_in_la_concha_mugaritz_huerta

Acostumbrado como estaba a alimentarme a base de compuestos alimenticios generados en un laboratorio, descubrir todos estos regalos de la naturaleza en este lugar me hace pensar seriamente en quedarme en este planeta. Y eso que cuando vi que nos ofrecían piedras muy parecidas a las que hay en el fondo de la bahía para comer, a punto estuve de salir disparado y no parar hasta volver a la playa.

lost_in_la_concha_mugaritz_comida

Un mordisco lleno de dudas, me descubrió que no se trataba de piedras. Eran unas sabrosas patatas con una salsa que las hacía irresistibles. Una vez perdido el miedo, me lance sin miedo a los macarons de Idiazabal y morcilla, las espinas de rodaballo o el cochinillo con frutos secos. Unos elegantes especímenes vestidos de negro se mostraban dispuestos a satisfacer cualquier necesidad por lo que disfruté de la experiencia al máximo. En el momento que nos informaron que pasáramos a la terraza, me lamenté pensando en cuánto tiempo pasaría hasta que iba a poder alimentarme tan bien. La estricta dieta de algas de la bahía que mantengo si no consigo algo mejor en mis misiones, se hace mucho más dura cuando consigo vivir experiencias gastronómicas como esa.

lost_in_la_concha_mugaritz_jazzaldia_erik_friendlander

Pero la magia de la tarde no había hecho más que empezar. Descubrí que lo que tocaba era experimentar con los oídos tras haber satisfecho el apetito. ¡Había conseguido colarme en un concierto del Jazzaldia! Durante los últimos días he podido disfrutar de los conciertos en la playa y su música me ha acompañado mientras observo las estrellas en mi nave y echo de menos, sólo un poquito, mi hogar. En este caso, de la mano de Erik Friendlander pude disfrutar de un bello atardecer con un concierto de un extraño instrumento de cuerdas que llaman violonchelo.

Ya llevo 2 meses aquí y no parece que tengan prisa en venir a rescatarme pero, no me quejo. En lugares mucho peores podría haber ido a parar. Esta gente sabe disfrutar de lo que hace y me ha encantado la idea de mezclar la gastronomía y la música. Son ideas que pienso exportar a mi planeta. Me voy a forrar.

Fútbol, pintxos, iglesias y Google

En mi planeta tenemos 7 dioses. Nunca he entendido muy bien por qué asociamos nuestras deidades a los giros del planeta alrededor de nuestra estrella pero bueno, es una cosa que se estableció hace siglos, y no estamos para discutir. Mi planeta gira 7 veces sobre su propio eje hasta conseguir dar una vuelta entera a nuestra estrella. Así, cada giro se asocia a un dios diferente, según en qué momento nacemos, se supone que tendremos las cualidades de ese dios.

La verdad es que la religión es un tema que me genera sentimientos encontrados. Como investigador intergaláctico, establezco las bases de mis creencias en la ciencia pero, siempre me han surgido dudas sobre lo que hay más allá.

lost_in_la_concha_san_vicente_donostia_san_sebastian

Los terrícolas no son menos, y la ciudad está plagada de centros de adoración. En mi modesta opinión extraterrestre, las de la Parte Vieja son las más bonitas. Tanto por su localización como por su aspecto. Esos lugares de culto siempre tienen un aire especial que huele a historia. Según he leído, han ido perdiendo adeptos con el paso de los años pero, siguen congregando a creyentes todos los días. Personalmente, el que me da más pena es San Sebastián, que da su nombre a la ciudad. No me extraña que mire con cara de circunstancia desde la entrada de Santa María, dudo que esas flechas sean un complemento cómodo.

lost_in_la_concha_santa_maria_donostia_san_sebastian

Pero, realmente, no sólo alimentando el espíritu vive el hombre. Los bares son un sitio  mucho más concurrido. Desde que descubrí el pintxo pote los jueves me he dado cuenta que los terrícolas son mucho más aficionados a llenar el estómago que el espíritu. El acto de juntarse en el bar es casi obligatorio para muchos. Teniendo en cuenta la gastronomía local, y los pintxos, uno de sus grandes inventos; no me extraña nada de nada. Esta vez me permito recomendaros el Bar Bergara, un clásico según he oído algo alejado del bullicio de la Parte Vieja pero, imprescindible. Su Txalupa es prácticamente una experiencia religiosa en si misma.

lost_in_la_concha_bar_bergara_donostia_san_sebastian

Se dice que un Dios es omnipresente, omnisciente y omni muchas cosas más. Vamos, que lo sabe todo, y por estos parajes el primero que al menos a mi me viene a la cabeza es…

Google

San Google que estás en todas partes, en ti ponemos todos nuestra fe, al menos en este planeta. Si me dieran un euro por cada vez que oigo hablar de Google en el día a día sería millonario. La fe incondicional que ponen los terrícolas en esta herramienta me da escalofríos. El tío que esté detrás de esto tiene que estar forrado. Pero, para observar masas enfurecidas hay que ir al mayor templo de adoración de esta ciudad.

lost_in_la_concha_anoeta_donostia_san_sebastian

Este es el lugar dónde la fe se vive de manera más enfervorecida. Masas de gente  se acercan a este punto neurálgico. A pesar de que las celebraciones hayan parado hasta el mes que viene, sigue siendo el tema central de conversación en Google, los bares y hasta supongo que las iglesias. El fútbol mueve montañas en este planeta, y yo personalmente lo de 11 tipos contra otros 11 peleando por una pelotita… Como que no acabo de verlo. Pero si sigo viviendo por aquí, no sé que me da que acabaré convirtiéndome a esta extraña religión.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él

No me puedo quejar, ha sido un fin de semana de lo más agradable. He seguido con mi inmersión gastronómico-social en la fauna local a base de comer un pintxo detrás de otro. El viernes probé un nuevo concepto, la “Keler Pintxo Week” que me dio pié a saborear diferentes delicias acompañados de cerveza, un dorado líquido delicioso que se merece un post aparte. Esta gente bebe líquidos de todo tipo y color, habrá que ir probándolos.

lost_in_la_kontxa_keler_pintxoweek_salt_donostia_san_sebastian

Deliciosos alimentos en el Salt el viernes y un sol esplendido el fin de semana. ¿Qué más se puede pedir? El domingo decidí alejarme un poco y descubrir el verde esplendor de un parque que llaman Cristina Enea. Debo volver a analizarlo más a fondo, pues sólo conseguí arañar la superficie de los misterios que esconde: anímales extraños, árboles curiosos y terrícolas disfrutando de un hermoso día. Las primeras imágenes de la misión están a vuestra disposición en Facebook.

El problema llegó ayer por la mañana, cuando me quedé atascado en el módulo de descanso sin poder salir. Fueron unos horribles momentos de angustia en los que mis 234 años pasaron delante de mis ojos en 10 segundos: mi primer día de escuela, mi graduación en la Academia… Estaba claro que pasarme toda la semana poniéndome hasta arriba de pintxos había tenido sus consecuencias.

Nunca he sido amigo del ejercicio, y las pruebas físicas para teniente me costaron lo mío. No voy a negar que un cilindros de metacrilato de los módulos de descanso no son precisamente holgados pero, esa experiencia cercana a la muerte me hizo darme de bruces con la realidad, había aumentado mi envergadura corporal de manera significativa

Ya llevo un tiempo aquí, y he podido constatar cosas curiosas. Los habitantes de esta ciudad tienen constantemente vigilada la playa, temiendo una invasión por mar. Lo que supongo que serán soldados van haciendo la ronda alrededor de la bahía durante prácticamente las 24 horas del día.

A paso más que ligero, recorren toda la bahía con cara de extenuación para volver por el mismo lugar por el que han venido. Lo que no acabo de de entender es la poca seriedad con la que realizan su tarea. Muchos van haciendo la ronda en grupo y hablando entre ellos, si los marcianos los atacasen, les pillarían desprevenidos. Además, más de uno lleva aparatos de música portátiles, lo que minimiza su capacidad de escucha. Si me instructor de la Academia los viera… Pero lo más grave es, ¡que se visten de colores chillones! Camisetas verdes, azules e incluso amarillas. ¡Amarillas! No creo que sea la mejor manera para que un buen soldado se camufle.

lost_in_la_concha_bidegorri_paseo_nuevo_donostia_san_sebastian

Otro aspecto interesante, más de uno recorre un camino delimitado en color rojo para hacer la ronda, y acaba discutiendo con los soldados que circulan en unos extraños aparatos de transporte mecánico. Es un poco raro, porque parece que el ejercicio lo tiene que hacer el propio soldado para poder moverse. ¡Cuánto les queda por aprender a estos humanos! Si supieran las propiedades energéticas de eso que llaman aguacate, serían capaces de transportarse de manera mucho más eficiente.

En resumen, la bahía está cada vez más poblada y me siento cada vez más observado, pero estas patrullas son la excusa perfecta para hacer un poco de ejercicio. Estoy sólo y abandonado en este planeta, y lo mejor es pasar a una infiltración más agresiva tras las líneas enemigas.

lost_in_la_concha_deporte_running_donostia_san_sebastian

Si en mi planeta me vieran así vestido, me obligarían a internar en algún centro psiquiátrico. Pero, soy un investigador sacrificado y esta es una manera para conocer más sobre los terrícolas. Paso a paso voy aprendiendo un poco de sus ritos y costumbres, y dado que estoy aquí solo, y sin apoyo logístico: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”

Un pintxo, dos pintxos, tres pintxos… Empiezo a adorar Donostia

Tras un fin de semana de intensas lluvias, parece que la climatología nos está dando un respiro. No me puedo quejar, he aprovechado para hacer arreglos por la nave porque las filtraciones de agua empezaban a ser graves. No hay manera de descansar si parece que un mamut de Saturno está realizando sus necesidades fisiológicas en el compartimento de al lado.

Además, he aprovechado para navegar por eso que los terrícolas denominan Internet. Es un gigantesco repositorio de información, en el que curiosamente, a diferencia de lo que me paso en mi primera salida, hay mucha gente desnuda. Y parecen pasárselo muy bien, con amigos, con amigas, con animales de compañía… También he aprendido que sobre una cosa que se llama Facebook y también Twitter. Son la manera de interactuar con los humanos, aunque con el pajarito y sus tweets todavía estoy en fase de aprendizaje. Pero bueno, la parte que más me interesaba era aprender cómo llenar mis estómagos. Un concepto denominado pintxos me intrigaba. En mi planeta siempre ha pesado más la cantidad sobre la calidad, y alimentarse a base de cocina en miniatura era algo que tenía que probar.

Así, el sábado, viendo que la lluvia se tomaba un descanso opté por salir metamorfoseado en pulga. En mis últimas salidas, la situación se había puesto fea así que, transformarme en un animal minúsculo casi invisible era la mejor manera de pasar desapercibido. Tras un largo paseo y maravillarme por el bullicio de las calles, me di cuenta que me queda muchísimo por aprender. Me paré a descansar en un gran reloj, intentando pensar qué hacer y cómo encontrar eso que llamaban pintxos cuando un grupo de humanos se convirtió en mi salvación. Un hombre y dos mujeres hablaban de dónde ir a comer algún pintxo, así que di un gran salto y me situé en la nariz del espécimen masculino dispuesto a descansar y que otros hicieran el trabajo duro. ¡Qué equivocado estaba! La culpa fue mía, escogí un terrícola regio y alto, muy alto y claro, las vistas espectaculares pero, hacía un frío indecente. Un viento helador hacía lagrimear mis ojos de pulga y para más inri, empezó a llover otra vez. Pero, todas mis penas desaparecieron cuando vi esto:

lost_in_la_concha_a_fuego_negro_pintxo_donostia

En un templo llamado A fuego negro decidí sin dudar que yo me iba a quedar en Donostia una temporada larga, y que ese manjar lo tenía que probar cuanto antes. Opté por pegarle un buen mordisco en la nariz al terrícola y cuando fue al baño a limpiar la sangre lo dejé K.O. con un certero golpe en el cuello para poder ocupar su lugar. El primer bocado a la Mak Kobe es algo que no olvidaré nunca. Pero la aventura no acabó ahí. Tras pelear contra viento y marea llegamos a otro pequeño oasis de la gastronomía donostiarra, Casa Urola.

lost_in_la_concha_casa_urola_pintxo_donostia

Eso que llamaban alcachofa a la parrilla con almendras es una delicia, su venta en mi planeta estaría regulada por la ley para no acabar con las existencias. Ya no me importaba estar atrapado en un planeta desconocido ni saber que la misión de rescate iba a tardar, dado mi affaire con la mujer del Comandante Supremo. Seguimos la ruta de las exquisiteces hasta un enclave cerca del río, el Kata 4. Ahí es cuando me empecé a preocupar, al ver que los humanos parecían comer rocas. 2 delicias sobre 3 no es una mala media me podía dar por satisfecho. Pero, al acercarme un poco más me di cuenta que realmente, lo que se comían de eso que llamaban ostras era el bicho del interior. Mis prejuicios pudieron conmigo y no me atreví a hincarles el diente, ¡y menos mal!

lost_in_la_concha_kata4_pintxo_donostia

La brocheta de rape, langostinos y vieira explotó en mi boca haciendo crujir todos mis estómagos a la vez. Tras beber bien y comer mejor, volví muy contento paseando hacia La Concha. En el último momento, me acordé de rescatar al pobre terrícola que había dejado encerrado en el baño del primer bar. Creo que volvió a su casa rascándose la cabeza, intentando entender qué demonios había pasado. Yo por mi parte, me di cuenta que me encanta este sitio. Incluso he empezado a aprender el extraño idioma local: DONOSTIA, MAITE ZAITUT!