Megan Fox, un dulce néctar llamado gin-tonic y un posible intento de envenenamiento

Mmmmhhhhh, creo que he sido descubierto. ¡Qué dolor de cabeza! Juraría que han intentado envenenarme. Es como si millones de hormigas estuvieran bailando la conga por mi cabeza. Ayer hice mi primera misión seria de reconocimiento y mi posición tuvo que verse comprometida. No entiendo como a un agente experto como yo pudo caer en esto.

Ya llevo unos días por aquí, y el hambre empezaba a causar estragos. Está claro que no puedo basar mi sustento en las algas de la bahía. Era necesario salir a cazar, aunque todavía no había visto nada apetecible paseando por la bahía. He podido conectarme a una cosa que los terrícolas llaman Internet, que me está ayudando a aprender sobre sus ritos y costumbres. Así que opté por transformarme en un espécimen que generara admiración y expectación, y elegí a una tal Megan Fox. Parece que esta señorita tiene muchos admiradores por esa cosa que llaman el ciberespacio. Eso sí, opté por transformarme con ropa, visto el éxito de la última salida.

Pensaba que así sería más fácil relacionarme con la fauna local pero, curiosamente nadie se acercaba. Muchas miraditas y ojos desorbitados, pero nada. Creo que a alguno se le llegó a desencajar la mandíbula pero, conmigo no hablaba nadie. Tendré que analizar mejor los ritos sociales de esta gente, porque hay algo que se me escapa. Así que opté por entrar al primer bar y es cuando todo cambio.

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Se me acercó el primer espécimen a ofrecerme un dulce néctar. Bueno, que era una bebida lo entendí cuando empecé a comerme todos los manjares que flotaban en la copa y me explicaron que eso no se hacía así. En mi planeta al menos, hacemos una separación clara entre lo que se come y lo que se bebe. El porcentaje de materia solida era superior al de materia liquida en el recipiente que me habían pasado, así que pensé que mi conclusión había sido la más obvia. Pero no voy a negar que tras acabarme la primera copa, la vida me pareció mucho más bonita. No importaba que estuviera atrapado en un planeta extraño, todo era alegría y color.

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Y la gente me seguía sacando copas con ese dulce néctar al que llamaban gintonic, y yo me notaba flotar como en los campos ingrávidos de Plutón. Y bailé, y canté mientras la noche seguía adelante. Estoy convencido que en algún momento de esa locura  es cuando alguien tuvo que echar algo en mi bebida, porque el campeonato de maracas que hay en mi cerebro no es normal. Pero en aquel instante nada me importaba, y bebí y bebí… Y seguí bebiendo.

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Todavía no tengo claro  como conseguí volver a la bahía. El problema era saber dónde estaba la nave. De noche, en un estado de euforia incontrolada y cantando un himno de apareamiento terrícola, Danza Kuduro creo que lo llaman, no había manera de encontrar la nave en la negrura.

Tras dar un par de vueltas a la bahía opté por quedarme acurrucado en unas escaleras y esperar a la mañana. Y hasta aquí, si consigo recuperarme de esta prometo venganza. No sé quien intentó atacarme de manera tan desvergonzada aprovechando mi debilidad pero lo pagará caro.  Ahora me toca limpiar un poco la nave, que creo que me traje la arena de media playa conmigo.

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