Lost in London

Mensaje para el Teniente Gorb

¿Vive usted?

La Comandancia Interestelar

Que si estoy vivo no te jo… Disculpen mi lenguaje comandancia, es el deje vasco, que al final todo se pega y por aquí a más de uno habría que desintegrarle la lengua directamente. Son un poco mal hablados.

Pues sí, vivito y coleando, a falta de recibir noticias de esa misión de rescate, he pasado el verano trabajando duro en Donostia. Me he infiltrado de heladero pero, tras la primera sesión de fuegos artificiales de la Semana Grande, tuve que dimitir. Fue peor que la batalla de las Lunas de Neptuno. Lo de toldero en la Concha tampoco fue mucho mejor, al hacerme un follón con tanta cuerda y lo de agente del orden en esas endemoniadas bicicletas… En fin, que ha sido un verano complicado. Y ¿cómo se soluciona eso? Viajando.

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No sé si fue que mi misión en el Hotel de Londres se quedó grabada en mi subconsciente pero, acabé acercándome a la capital británica para unos días de relax y tranquilidad. Me habían avisado que junto con San Sebastián, es una de las ciudades más lluviosas del planeta tierra. Pero, gracias a alguna extraña conjunción de planetas, disfruté de unos espectaculares días soleados.

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Londres es una ciudad llena de historia, y la abadía de Westminster uno de los edificios más espectaculares que he podido visitar. Eso sí, pocas veces he sentido tan de cerca la presencia de cientos de esqueletos. Está claro que para sepulturero no sirvo, tanto pisar tumbas me revolvió las entrañas. El edificio bonito sí, pero lleno de cadáveres; gente muy famosa, pero muerta.

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Una ciudad en la que se mezcla lo viejo y lo nuevo, como a mí me gusta. Pasear por la Torre de Londres (nombre confuso donde los haya puesto que de sólo torre tiene poco) es un placer. Y descubrí una interesante figura histórica terrícola, Enrique VIII. ¿Que no me puedo casar con quién yo quiero? Pues me convierto en jefe religioso. ¿Que mis mujeres me tocan los tentáculos? Pues les voy cortando la cabeza. Duro trabajo el del pobre hombre que pegaba los tajos… Yo intente descabezar un pollo una vez y el resultado fue poco satisfactorio ciertamente.

lost_In_la_concha_london_hyde_park_regents_parkRincones como Hyde Park y Regents Park entre otros muchos parques dan la opción de respirar un poco y relajarse en verde. Eso sí, nada de dar de comer a las aves, que luego te persiguen por medio parque pidiendo más comida. Y hay mucha fauna en esos parques, MUCHA.

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Mezcla de historia y futuro en una ciudad, rincones verdes para perderse, si hasta el centro de la city está lleno de runners (y yo me quejo de trotar por el paseo de la Concha si hay turistas)… ¡Esto me recuerda a mi querida Donosti! Con una más que notable excepción. La gastronomía. Lo de comerse un sandwichito en la puerta de la catedral vestido de ejecutivo agresivo es muy chic vale, pero seguro que la mitad están de hambre a la media hora. Aunque quizás es que todavía están llenos del desayuno. Estos si que saben desayunar con fundamento. Y que no falte una buena sesión en el pub.

En fin, que no puedo quejarme. Han sido unos días estupendos y he vuelto con pilas renovadas. Aunque me toca ponerme al día con el Zinemaldi que empieza el viernes. Debo confesar que echando un ojo al programa de este año he visto demasiado drama, no sé, necesito más alegría en mi vida. Pero no sufráis, que me voy a escapar a Santiago de Compostela un par de días y eso levanta cualquier ánimo. Seguiremos informando.

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Txokos donostiarras

Donosti tiene lugares clásicos de visita, La Concha, cómo no, es una zona de parada obligada. Todas las guías, mapas y blogs de viaje incluyen el Peine del Viento y la Parte Vieja como imprescindibles para llegar a conocer San Sebastián. Pero, cuando vas conociendo el terreno a conciencia como yo, se localizan rincones que son especiales. No se sabe por qué, incluso puede pasar que no tengan ningún tipo de valor artístico. Son los txokos o rincones (veréis que me va cundiendo eso del euskaltegi) que tienen un no sé qué que qué se yo.

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El Parque Araba es otro de los campos de entrenamiento para mini-terrícolas dispersos por la ciudad y en una esquina se erige un conjunto escultórico en honor de la reina María Cristina. Curiosamente, a mí lo que me gusta es la parte de atrás, no sé, me encanta sentarme un rato y descansar.

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En su momento hablamos del Donosti de ayer, lugares llenos de historia en los que da gusto pasear. Pero también llegará el momento de echar un vistazo por el San Sebastián del mañana. Si uno se pasea por el Parque Tecnológico de Miramón, encuentra estas curiosas torres. Las Torres de Arbide, estaban localizadas en el centro de la ciudad pero fueron reconstruidas en este alejado lugar. Es una mezcla extraña, la modernidad que se respira en el ambiente, y poderse sentar un rato a la sombra de las torres.

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A veces no es posible irse tan lejos. La plaza Oquendo es un lugar perfecto de descanso, entre el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina. Son dos edificios espectaculares, en los que algún día tengo que conseguir infiltrarme. En ese Hotel ha tenido que pasar de todo a lo largo de sus más de 100 años de historia y el Teatro, simplemente me encanta. Mientras llegue el día en el que conozca estos lugares, la plaza es un placer que procuro disfrutar a diario, especialmente si hace bueno. En pleno centro es el lugar perfecto para darse un respiro.

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Pero para realizar una parada técnica, nada mejor que uno de los rincones favoritos de muchos donostiarras, muy cerca de mi hogar. Los temporales de invierno casi se lo llevan por delante pero ya está a todo gas. Y si se disfruta de un espectacular atardecer como los de este fin de semana, sobran las palabras.

Revisando mis datos me he dado cuenta que llevo casi un añito por estas tierras. Y aquí no viene nadie a buscarme. Pues habrá que celebrar el cumpleaños terrícola por todo lo alto, ¿no?

Relax y tranquilidad en el Palacio de Aiete

Bendita Semana Santa, días de tranquilidad en los que esperaba poder disfrutar de mi ciudad sin estrés ni agobios. ¡Pero qué equivocado puede llegar a estar uno! No hay mejor excusa que 4 o 5 días de fiesta para poder viajar un poco, y parece que el grueso de la humanidad escogió Donostia para aprovechar sus vacaciones. Parecía que millones de rayos laser intentaban penetrar el casco de la nave pero no, simplemente eran los flashes de miles de cámaras de fotos fotografiando el atardecer en La Concha.

Afortunadamente, el tiempo ha acompañado durante casi todo el fin de semana. San Sebastián se ha convertido en un hervidero de gente de todos los tipos y colores. Me alegro por el turismo de la ciudad, el día que monte la agencia de viajes interestelar me voy a forrar pero, es que yo buscaba tranquilidad.

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Así que opté por huir, menos mal que no tuve necesidad de irme demasiado lejos. El parque de Palacio de Aiete es un remanso de paz no demasiado lejos de mi hogar.

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Los jardines son el perfecto lugar para pasear y pensar. La vida del explorador es dura y a veces es necesario tener tiempo para uno mismo. El bullicio de la ciudad te absorbe y no eres capaz de oír ni tus propios pensamientos. El bonito paseo fue la mejor excusa para poner en orden mis ideas y planificar mis próximos movimientos.

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De hecho, creo que este lugar es de los pocos en los que se ha conseguido un conjunto equilibrado al mezclar lo antiguo y lo moderno, hace poco se construyó la Casa de Cultura del barrio de manera soterrada, pero manteniendo intacto el imponente palacio. No sé si el color del vidrio es un poco demasiado pero, creo que el conjunto funciona.

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No soy el único al que le gusta este lugar, está claro. Sé de buena tinta que el parque se convirtió en un importante centro de reunión de los donostiarras el 12 de abril gracias a Musika Parkean. Una de las grandes ideas terrícolas, que todavía tengo pendiente de probar. ¡Pisad la hierba! ¡Me apunto! Se me acumulan los quehaceres, no sé si algún día llegaré a salir de aquí.

Lo dicho, si buscáis tranquilidad, el parque siempre es una buena opción, y cuando tengáis la cabeza puesta en orden, a disfrutar de la hierba con buena música y mejor compañía gracias al Musika Parkean. ¿Por qué será que siempre me atraen los planes en los que llenar los 7 estómagos es parte importante?

El saber no ocupa lugar, pero a veces cuesta lo suyo

En ciertos aspectos la verdad es que me puedo sentir afortunado, en mi planeta tenemos bastante depurada la técnica de absorción de conocimiento. Si necesito saber sobre algo me conecto al ordenador de la nave y en poco más de 10 minutos ya sé todo lo que hay que conocer del tema en cuestión.

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Sólo hay un asunto que se me ha complicado, como bien pude descubrir en mi primera salida a investigar este extraño lugar, hace ya muchos meses. El euskera es difícil. Creo que decir difícil, es quedarse corto, muy corto. No hay por donde cogerlo y no encuentro enciclopedia intergaláctica con la que hincarle el diente a este puñetero lenguaje. Así que no me ha quedado otra que apuntarme a uno de estos centros que llaman Euskaltegis para meterle caña al tema. Confesaré que por ahora no paso del “Nire izena Gorb da” y el koskorrikasko… o corre que te casco o… Vamos, que yo siempre digo gracias cuando interactúo con los humanos. A un servidor siempre le han enseñado que es de buen nacido, ser agradecido. Os mantendré informados de mis progresos pero, esta parece que será una de mis misiones más complicadas.

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Los humanos desde muy pequeños aprenden de la dureza de la vida. Los parques infantiles son pequeños campos de entrenamiento sobre las trampas y zancadillas que les puede poner la vida por delante. La crueldad que se destila en algunas de las conversaciones que he podido ver en estos extraños lugares, es pareja a la que se sufre en las mazmorras de los Preks.

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Esta gente tiene el camino bastante marcado, al menos en los primeros años de su existencia. Guardería, ikastola, instituto, universidad… Algunos incluso optan por una vida dedicada al estudio. Sus progenitores tienen que aguantarlos en casa durante un periodo de tiempo que puede llegar a eternizarse. En mi planeta, en el momento que logramos nuestra madurez física y psicológica, nos dejan libres para que nos busquemos la vida. A más de uno se lo ha zampado algún animal salvaje pero, si sobrevives sólo, no hay duda de que te curtes. Aquí, los progenitores pueden llegar a aguantar a sus retoños sin fecha de caducidad, la verdad es que a más de uno paciencia no le falta.

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Pero, lo que yo tengo claro es que sobre la vida se aprende en la calle, no encerrado entre cuatro paredes. Para aprender sobre este planeta, sigo un estricto régimen de cerveza y pintxos en cada uno de los bares de Donostia, la mejor de las maneras para aprender sobre el donostiarrismo.

Campos de entrenamiento para miniterrícolas

Este fin de semana la lluvia nos ha dado un respiro en Donostia, al menos durante periodos suficientemente largos como para que haya podido salir a realizar cortas misiones de reconocimiento. Lo del frio es otro cantar, pero bueno, no hay nada que no se solucione con unas cuantas capas de ropa.

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Dado que sólo había gente valiente por las calles, vamos, cuatro gatos, quería aprovechar para analizar unos rincones muy sospechosos que llevaban escamándome mucho tiempo. Por toda la ciudad hay diseminados unos lugares llenos de color y aparatos extraños. Especialmente por las tardes y los fines de semana están llenos de humanoides en fase de desarrollo que pasan el tiempo gritando y saltando, mientras especímenes más maduros los vigilan de cerca.

Los llaman parques infantiles, para mí, campos de entrenamiento para miniterrícolas. Siempre están llenos, y son fáciles de descubrir si uno se guía por el ruido que se genera en ellos. Pero, el sábado, estaban vacios. No me extraña, con el frío que hacía yo me hubiera quedado en la nave tapado hasta la nariz. Pero, un servidor es un explorador sacrificado por la causa, así que me dirigí a estudiar de manera exhaustiva esos campos de entrenamiento.

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Vamos a ver, eso que llamáis columpios, que alguien me explique con detenimiento el concepto de un asiento incomodo a más no poder unido a una barra de hierro por dos cadenas. Inicialmente, me senté plácidamente, y no pasó nada de nada. Corrección, me mojé el trasero, porque había dejado de llover hacía poco. Una dulce ancianita fue amabilísima y me explico el funcionamiento de ese extraño artilugio. Vale, vas hacia atrás y luego hacia adelante. El árbol de enfrente está lejos y luego cerca… No saqué nada reseñable de la experiencia, sólo levantarme mareado.

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Lo del tobogán lo disfruté un poco más. El único problema fue que me quedé atascado a mitad de camino. Serán los incontrolables atracones de torrijas que llevo en las últimas semanas. Afortunadamente, no hay nada que un poco de aceite super deslizante de la nave no arregle.

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Finalmente, intenté probar el balancín. Pero bueno, ¿qué mente cruel decidió inventar un sistema que obliga a tener 2 individuos disponibles para disfrutarlo? ¿Qué pasa con los pobres exploradores que estamos solos en este planeta y no tenemos con quién jugar? Tras pasarme una hora sentado en el dichoso aparato mirando al infinito y volver a mojarme el trasero, decidí volver a la nave a entrar en calor.

No entiendo esos lugares, no les veo la gracia. Será que ya soy un investigador hecho y derecho que ha vivido mucho y le falta la inocencia de los miniterrícolas para disfrutar de estos centros de supuesta diversión. Vistas las gélidas temperaturas, mejor me irá si vuelvo a dedicarme a las misiones de interior.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él

No me puedo quejar, ha sido un fin de semana de lo más agradable. He seguido con mi inmersión gastronómico-social en la fauna local a base de comer un pintxo detrás de otro. El viernes probé un nuevo concepto, la “Keler Pintxo Week” que me dio pié a saborear diferentes delicias acompañados de cerveza, un dorado líquido delicioso que se merece un post aparte. Esta gente bebe líquidos de todo tipo y color, habrá que ir probándolos.

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Deliciosos alimentos en el Salt el viernes y un sol esplendido el fin de semana. ¿Qué más se puede pedir? El domingo decidí alejarme un poco y descubrir el verde esplendor de un parque que llaman Cristina Enea. Debo volver a analizarlo más a fondo, pues sólo conseguí arañar la superficie de los misterios que esconde: anímales extraños, árboles curiosos y terrícolas disfrutando de un hermoso día. Las primeras imágenes de la misión están a vuestra disposición en Facebook.

El problema llegó ayer por la mañana, cuando me quedé atascado en el módulo de descanso sin poder salir. Fueron unos horribles momentos de angustia en los que mis 234 años pasaron delante de mis ojos en 10 segundos: mi primer día de escuela, mi graduación en la Academia… Estaba claro que pasarme toda la semana poniéndome hasta arriba de pintxos había tenido sus consecuencias.

Nunca he sido amigo del ejercicio, y las pruebas físicas para teniente me costaron lo mío. No voy a negar que un cilindros de metacrilato de los módulos de descanso no son precisamente holgados pero, esa experiencia cercana a la muerte me hizo darme de bruces con la realidad, había aumentado mi envergadura corporal de manera significativa

Ya llevo un tiempo aquí, y he podido constatar cosas curiosas. Los habitantes de esta ciudad tienen constantemente vigilada la playa, temiendo una invasión por mar. Lo que supongo que serán soldados van haciendo la ronda alrededor de la bahía durante prácticamente las 24 horas del día.

A paso más que ligero, recorren toda la bahía con cara de extenuación para volver por el mismo lugar por el que han venido. Lo que no acabo de de entender es la poca seriedad con la que realizan su tarea. Muchos van haciendo la ronda en grupo y hablando entre ellos, si los marcianos los atacasen, les pillarían desprevenidos. Además, más de uno lleva aparatos de música portátiles, lo que minimiza su capacidad de escucha. Si me instructor de la Academia los viera… Pero lo más grave es, ¡que se visten de colores chillones! Camisetas verdes, azules e incluso amarillas. ¡Amarillas! No creo que sea la mejor manera para que un buen soldado se camufle.

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Otro aspecto interesante, más de uno recorre un camino delimitado en color rojo para hacer la ronda, y acaba discutiendo con los soldados que circulan en unos extraños aparatos de transporte mecánico. Es un poco raro, porque parece que el ejercicio lo tiene que hacer el propio soldado para poder moverse. ¡Cuánto les queda por aprender a estos humanos! Si supieran las propiedades energéticas de eso que llaman aguacate, serían capaces de transportarse de manera mucho más eficiente.

En resumen, la bahía está cada vez más poblada y me siento cada vez más observado, pero estas patrullas son la excusa perfecta para hacer un poco de ejercicio. Estoy sólo y abandonado en este planeta, y lo mejor es pasar a una infiltración más agresiva tras las líneas enemigas.

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Si en mi planeta me vieran así vestido, me obligarían a internar en algún centro psiquiátrico. Pero, soy un investigador sacrificado y esta es una manera para conocer más sobre los terrícolas. Paso a paso voy aprendiendo un poco de sus ritos y costumbres, y dado que estoy aquí solo, y sin apoyo logístico: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”