Pesadilla de una noche de verano

Todos tenemos rincones favoritos en la ciudad; La Concha es mucha Concha, el parque Cristina Enea es un pulmón de tranquilidad en el trajín diario y por ejemplo la Parte Vieja es un laberinto de misterios. Pero, si un txoko siempre me cautiva es el Paseo Nuevo. Desafortunadamente, estuvo cerrado unos meses pero ya está a pleno rendimiento. Para pasear tranquilamente, para disfrutar de la enormidad del Cantábrico, para hacer un poco de deporte… es un lugar idílico. Además, ahora que la ciudad está algo más tranquila, es el rincón perfecto para relajarse en estos estupendos días que nos está regalando septiembre.

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La tranquilidad que se respira por este camino siempre me ha gustado. Es posible alejarse del bullicio de la ciudad y mientras mi querido monte Urgull hace de pantalla, se puede uno perder en la inmensidad del mar; ese mar cantábrico que me tiene enamorado, ese azul infinito en el que a veces da ganas de perderse.

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La verdad es que es un rincón que puedo llegar a visitar más de una vez al día, porque me inspira paz; los días que me pongo melancólico y me da por acordarme de mi hogar, pues paseo por aquí. ¿Por estas tierras estoy muy a gusto eh? Pero el corazón tira para el hogar, y una madre es una madre. Qué estará pensando mi pobre madre no lo sé, aunque probablemente seguirá más de cerca la meteórica carrera de mi hermano Garb, que tiene un puestazo en el Ministerio Intergaláctico. No nos engañemos, los padres siempre tienen favoritos, uno se deja los tentáculos peleando en los rincones más recónditos del universo conocido, y tu madre te cuenta que a tu hermano le han puesto cortinas nuevas en la oficina. Pero bueno, no me quejaré, siempre viene bien tener contactos en el Ministerio, aunque con el éxito que está teniendo mi misión de rescate no sé yo si mi hermano me quiere tanto como dice.

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Que me desvío del asunto en cuestión, hablábamos del Paseo Nuevo, un rincón incomparable al que merece la pena volver una y otra vez. Estos días de septiembre están siendo un regalo del cielo pero, tengo la refrigeración osmótica estropeada y en la nave se acumula calor, humedad… Estoy planteándome seriamente cederla a la Perla como sauna extra y de paso sacar algo de benefició, porque la nave ahí varada en la bahía, no la estoy amortizando. Así que opté por pasear, como no, por el Paseo Nuevo. Está claro que de noche vistas no va a haber, pero iba yo tranquilamente pensando en mis cosas cuando empecé a escuchar unos sonidos extraños. Eran unos tenebrosos ruidos rítmicos que me aceleraron las pulsaciones, además de vez en cuando se oían gritos femeninos que me hicieron acelerar el paso. Parecía que mi paseo no iba a ser tan tranquilo como pensaba. Desafortunadamente, todo no quedó ahí, pues más adelante empecé a escuchar extraños cánticos en la oscuridad. Hay que decir que tengo una imaginación bastante independiente, y le da por pensar cosas raras sin que yo me dé cuenta. Ya me estaba viendo a los soldados saliendo de las tumbas del Cementerio de los Ingleses y montando una fiesta.

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El paseo empezaba a parecerse a la final de 100 metros lisos, porque lo único que buscaba era que las luces del Kursaal iluminaran mi camino. Pero, lo que vi fue una pequeña luz que se movía rodeada de reflejos naranjas que venían directos hacía mí. Ya convencido que las autoridades me habían localizado cargué mi pistola de protones cuando un pequeño golpe de cordura me hizo parar y esperar a que las luces se acercaran. No era más que un runner equipado con todos los gadgets de última generación. A puntito estuve de meterle el frontal de luz por su orificio trasero, y a la pandilla de quinceañeros que estaban de litros por Urgull ya les hubiera dado un buen susto. A la pareja que estaba copulando en un viejísimo Renault 5 haciendo ruidos infernales de ultratumba pues, la dejaría en paz. Pillar cacho en esta ciudad es muy complicado, ¡y es motivo de celebración!

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Campos de entrenamiento para miniterrícolas

Este fin de semana la lluvia nos ha dado un respiro en Donostia, al menos durante periodos suficientemente largos como para que haya podido salir a realizar cortas misiones de reconocimiento. Lo del frio es otro cantar, pero bueno, no hay nada que no se solucione con unas cuantas capas de ropa.

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Dado que sólo había gente valiente por las calles, vamos, cuatro gatos, quería aprovechar para analizar unos rincones muy sospechosos que llevaban escamándome mucho tiempo. Por toda la ciudad hay diseminados unos lugares llenos de color y aparatos extraños. Especialmente por las tardes y los fines de semana están llenos de humanoides en fase de desarrollo que pasan el tiempo gritando y saltando, mientras especímenes más maduros los vigilan de cerca.

Los llaman parques infantiles, para mí, campos de entrenamiento para miniterrícolas. Siempre están llenos, y son fáciles de descubrir si uno se guía por el ruido que se genera en ellos. Pero, el sábado, estaban vacios. No me extraña, con el frío que hacía yo me hubiera quedado en la nave tapado hasta la nariz. Pero, un servidor es un explorador sacrificado por la causa, así que me dirigí a estudiar de manera exhaustiva esos campos de entrenamiento.

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Vamos a ver, eso que llamáis columpios, que alguien me explique con detenimiento el concepto de un asiento incomodo a más no poder unido a una barra de hierro por dos cadenas. Inicialmente, me senté plácidamente, y no pasó nada de nada. Corrección, me mojé el trasero, porque había dejado de llover hacía poco. Una dulce ancianita fue amabilísima y me explico el funcionamiento de ese extraño artilugio. Vale, vas hacia atrás y luego hacia adelante. El árbol de enfrente está lejos y luego cerca… No saqué nada reseñable de la experiencia, sólo levantarme mareado.

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Lo del tobogán lo disfruté un poco más. El único problema fue que me quedé atascado a mitad de camino. Serán los incontrolables atracones de torrijas que llevo en las últimas semanas. Afortunadamente, no hay nada que un poco de aceite super deslizante de la nave no arregle.

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Finalmente, intenté probar el balancín. Pero bueno, ¿qué mente cruel decidió inventar un sistema que obliga a tener 2 individuos disponibles para disfrutarlo? ¿Qué pasa con los pobres exploradores que estamos solos en este planeta y no tenemos con quién jugar? Tras pasarme una hora sentado en el dichoso aparato mirando al infinito y volver a mojarme el trasero, decidí volver a la nave a entrar en calor.

No entiendo esos lugares, no les veo la gracia. Será que ya soy un investigador hecho y derecho que ha vivido mucho y le falta la inocencia de los miniterrícolas para disfrutar de estos centros de supuesta diversión. Vistas las gélidas temperaturas, mejor me irá si vuelvo a dedicarme a las misiones de interior.

Bajo la atenta mirada del gigante de piedra

Días y más días de tiempo revuelto me han hecho darme cuenta que en esta ciudad hay que aprovechar a tope los pocos rayos de sol que se dignan a asomar. El sábado fue una de esas mañanas y opté por aventurarme en un lugar que había llamado mi atención desde el primer día. Llevaba tiempo posponiendo la visita pero es que el gigante de piedra que me observa desde lo más alto de esa montaña hace que se me ponga la piel de gallina en todos mis tentáculos.

Por algo me gradué con honores en la Academia interestelar y me enfrente con la moral alta a las interminables cuestas del que los locales llaman monte Urgull. En vez de metamorfosearme en un paseante local, hubiera sido mucho más práctico haber hecho un reconocimiento aéreo en forma de pájaro.

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Seguí ascendiendo hacia la cima sin miedo mientras educadamente saludaba a los paseantes. Sé muy bien que doy el pego como terrícola si estoy bien disfrazado, y poco a poco voy aprendiendo las normas de vestimenta y comportamiento social. Pero, infiltrarme en las líneas enemigas siempre me pone nervioso, especialmente cuando imágenes como esta se muestran ante mí.

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Vale, de acuerdo, la Bahía de la Concha, muy bonita y todo eso pero, ¡las embarcaciones humanas estaban enfocadas hacia mi nave! Y yo que pensaba que había conseguido pasar desapercibido pero está visto que me tendré que andar con ojo. Creo que se comunican entre ellos con un extraño idioma de banderas que van colgando a lo largo de la playa. Verde y amarillo, amarillo y verde, no sé qué pasará cuando pasen a algún color más tétrico. Me puse tan nervioso que estuve a punto de abandonar la misión pero mi espíritu explorador pudo con todos mis miedos. Al menos hasta que me encontré con esto un poco más adelante:

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Una tumba. Una puñetera tumba preparada para recibir algún desdichado explorador que se había atrevido a adentrarse demasiado en tierra hostil. ¡¡¡UNA TUMBA!!! Afortunadamente, no había ningún terrícola en los alrededores y lo pude explorar con relativa tranquilidad. El lugar parecía vacío, al menos sobre la tierra porque tumbas, lo que se dice tumbas, había un puñado. A saber qué pobre desgraciado había acabado bajo cada una de ellas. Intenté calmarme y descubrí que a aquel bonito y apacible lugar lo denominan “Cementerio de los Ingleses”. Misterioso y enigmático lugar en el que se siente la historia de la ciudad.

Seguí ascendiendo hasta llegar a la fortaleza que domina la ciudad y ahí es donde me calmé un poco. La verdad es que las defensas del lugar me parecieron bastante…

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Arcaicas. Una fortaleza de piedra con media docena de cañones no es la mejor manera de defender una ciudad. De hecho, parece ser que el lugar dejó de ser un enclave militar hace siglos para convertirse en rincón turístico. Incluso se realizan ceremonias de matrimonio en este bonito emplazamiento. Bonitas vistas, no lo niego, pero hacer subir semejantes cuestas a los invitados no se lo deseo ni a mi mayor enemigo. No sé, todo esto me huele raro, no me acabo de creer que sólo sea un sitio turístico.

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Estoy convencido que semejante estatua debe esconder algo dentro. ¿Quizás un centro de operaciones secretas del gobierno? Visto de cerca, no me impresiona tanto como antes pero he de confesar que me sigue generando malestar. Estos terrícolas, perdón, ya he aprendido que los de esta zona se hacen llamar donostiarras, parecen buena gente. Aunque, puede que todo sea una fachada. Un explorador siempre ha de tener cuidado cuando se adentra en tierra extraña, si se descuida puede acabar convirtiéndose en la cena de alguien. Y a esta gente le gusta comer, así que si me despisto quizás acabo en alguna cazuela. ¡Ah! Por la tarde, como no, volvió a llover. Seguiremos informando.

¿Dónde demonios he ido a parar?

Los eyectores radiales de las alas no reciben líquido de refrigeración

ATENCIÓN ATENCIÓN! la propulsión del motor derecho ha dejado de funcionar

ATENCIÓN ATENCIÓN! Despresurización de cabina en curso, inicio de protocolo de aterrizaje forzoso

PRECAUCIÓN! Nave en caída libre

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Foto de Lanpernas Dospuntozero

 

Diario de a bordo de Gorb, teniente de la 5º flota

4ª luna del año 3746 de la República de Ugnar

Ay mi cabeza, como me duele la cabeza. Recuerdo poco del aterrizaje de emergencia. He revisado los registros de vuelo y parece ser que pasé demasiado cerca del cinturón de asteroides del sistema solar. Un fragmento de roca destrozó los eyectores radiales creando una reacción en cadena de consecuencias catastróficas. Afortunadamente, conseguí llegar al planeta que creo que llaman Tierra.

Tengo miedo, no sé muy bien dónde estoy. Según la enciclopedia sideral universal estoy sumergido en una pequeña bahía en el mar cantábrico. Por lo menos, las aguas son tranquilas, al estar resguardado por 2 montañas y una pequeña isla. Parece ser que esto se llama La Concha. No acabo de entender muy bien por qué, pero ya me puedo ir acostumbrando. Este será mi nuevo hogar durante un tiempo, un tiempo largo si no consigo arreglar la nave. Además, la baja temperatura del agua está haciendo estragos en el fuselaje. Pero no me puedo quejar, he revisado las imágenes de las cámaras en el momento del aterrizaje, y la zona parece agradable:

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Eso sí, está claro que este es un territorio hostil, no les gustan las visitas. Están preparados para invasiones aéreas, un señor enorme me vigila desde la montaña de la izquierda. No me atrevo ni a sacar un tentáculo por la ventanilla. No sé dónde tiene colocado los sensores de movimiento pero estoy convencido que si hago algo más que respirar suavecito, mi posición se verá comprometida.

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Esa cosa me mira mal, estoy convencido. Y el centro de reclusión para visitantes no deseados no está lejos. Llevo tan sólo unas horas despierto y la música estridente que emite me está volviendo loco. Y da vueltas y más vueltas, y más vueltas…

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Seguro que el índice de criminalidad de esta zona no es alto. Ese aparato diabólico que da vueltas y más vueltas tiene que ser la mejor manera de mantener a los delincuentes a raya. Da vueltas y más vueltas y más vueltas y más vueltas… Un instrumento de tortura de lo más eficiente, me mareo con sólo mirarlo.

No sé qué hacer, esto pinta mal. Creo que los daños de la nave son graves, y tendré que quedarme aquí un tiempo. En la Academia Interestelar sólo analizábamos a razas alienígenas en los libros. NO ES LO MISMO! Acabo de ver a un ente de 2 ojos. 2 OJOS! ¿Os lo podéis creer? Espero que alguna nave de la 5ª flota pueda localizarme porque si no, ¿cómo voy a sobrevivir aquí?