El otoño ya llegó

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Se acabaron los anocheceres románticos por la Concha. Han desaparecido los turistas, bueno, algunos rezagados quedan, y con el Puente más. El verano se despidió de Donosti con el Zinemaldi hasta el año que viene y toca desempolvar los paraguas. Los donostiarras nunca tienen lejos ese objeto tan útil por estas tierras pero, cierto es que en verano da menos pereza mojarse. Las ventas de paraguas en los Chinos donostiarras yo creo que deben repuntar a partir de estas fechas.

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Pero no hay que desanimarse, el San Sebastián húmedo y gris tiene su encanto poético. Eso lo digo ahora en octubre, dudo que en febrero siga tan positivo pero aprovechemos mientras podamos. Un una vuelta por el Paseo Nuevo siempre es una buena idea. Además, da la oportunidad de admirar a una tribu urbana que siempre me ha causado tremenda admiración, los pescadores. Te los encuentras diseminados por las barandillas de la ciudad, llueva, truene o haya un tornado buscando pescar la mejor pieza. Y todos sabemos que por aquí llueve. Llueve mucho.

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El Kursaal recupera relativa normalidad tras la locura festivalera y la glotonería de San Sebastián Gastronómica. La verdad es que la piedra mojada le da un puntito romántico y decadente a la zona. Por lo tanto desempolvemos el paraguas y demos paseo. Donosti, siempre merece la pena, aunque llueva, truene, o caigan chuzos de punta.

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Fin de semana de cuernos

El verano ya está aquí. Sol, calor y Donosti ya empieza a estar a tope de turistas. Afortunadamente la meteorología nos ha acompañado con la nueva estación, pero no nos engañemos. Esto es San Sebastián, y cualquier apariencia de normalidad con respecto a las estaciones, es pura utopía. Por ahí he leído que el verdadero verano llegará a finales de julio, y supongo que se marchará a principios de agosto, esto último ya es de cosecha propia. Pero, ¡no nos pongamos negativos! Aprovechemos la visita del astro rey para disfrutar.

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Ya llevo un tiempo por esta ciudad y puedo decir que voy cogiendo mis costumbres y mis manías. Sabéis que por la txalupa del Bergara mato, y el Peine del Viento es mi “txoko” para descansar y relajarme un poco. Es curioso al final cómo pasan los días y hacemos las mismas cosas. Así que este fin de semana he decidido romper con todo, olvidarme de las costumbres y mis hábitos. Me he dedicado a poner cuernos a diestro y siniestro.

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Habláis mucho del jamón de jabugo, pero un servidor, es capaz de asesinar por un buen lomo ibérico. En todo caso, estos días me he dedicado a hincarle el diente a la cecina, un extraño alimento de sabor curioso que ha despertado el hambre en mis siete estómagos.

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Otra cosa no sé, pero en los últimos tiempos, salen cafeterías como setas por Donostia. Soy tan fan de un buen desayuno en buena compañía que esto debería ser mi paraíso. Pero, curiosamente, siempre termino en los mismos rincones. Pues nada, este fin de semana he optado por cambiar de aires, y probar cosas nuevas, un descanso dulce en el “Choco Mint”.

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Lo dicho, llegó el verano, y yo busque otro “txoko” para ver entrar la nueva estación. La Concha es mucha Concha pero, Donosti está llena de rincones para  relajarse y disfrutar.

En resumen, me he dedicado a poner cuernos a diestro y siniestro este fin de semana. En algunos casos, sé que volveré a mis antiguas costumbres con el rabo, digo los tentáculos, entre las piernas… Sin embargo, hay que apostar por la novedad y darle una oportunidad, que por algo un servidor es un aguerrido explorador intergaláctico y a pesar de llevar 2 años por aquí, no me puedo acomodar.

H2O #LoQueCuestaTenerLosMontesVerdes

Qué os voy a contar de la lluvia que no sepáis, llevamos unos días… Realmente ya no sé si son días o semanas en los que el chubasquero se ha convertido en nuestro amigo más querido y amado. Llueve de arriba abajo y de abajo arriba; de izquierda a derecha y de derecha a izquierda; en resumen, llevamos días como pececitos paseando por las calles donostiarras. No nos despegamos del paraguas, y es el amante más fiel que hemos tenido en mucho tiempo.

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La mezcla de playas y montes verdes que disfrutamos por aquí tiene su precio, y la climatología adversa viene en el paquete, no sé de qué me quejo ahora. Pese a todo, no puedo negar que esta semana ha sido durilla. Pero como se suele decir, Dios cierra una puerta para abrir una ventana. Creo que en nuestro caso, lo que se dejó abierto es el grifo. En todo caso, hay que sacar provecho de estas ocasiones. Ya propuse al Aquarium Donostiarra que sacaran de paseo a los animalitos. San Sebastián es una ciudad para todos los públicos, y el turismo pececil puede ser una mina. Eso sí, que no se acerquen por lo viejo a tomar pintxos, algún pariente lejano ha podido acabar en el plato.

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La Donostia gris y melancólica tiene su encanto; pero si te pilla con la moral un poco tocada, mal vamos. Ciudad poco recomendable para corazones rotos y deprimidos, un par de días en esta humedad constante pueden llevarte directo a los antidepresivos. Pero, no todo va a ser negativo; en estos días se puede aprovechar para un ejercicio totalmente donostiarra. Cruzar el puente del Kursaal en días de lluvia debería considerarse deporte olímpico. No hay basura sin paraguas destrozado en estos momentos, así que podría ser una opción alquilar la zona a los fabricantes de paraguas. Estamos en crisis, ¿no? Yo lo dejo caer, el paraguas que sobrevive en Donostia, es mucho paraguas.

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Agua, agua y más agua, parece que no hay manera de que el sol asome entre las nubes. Pues al mal tiempo buena cara, y una sesión de criogenización rápida a las nubes de alrededor. Unos buenos hielos para un gin-tonic, buena compañía y a disfrutar mientras se escucha como llueve fuera.

El Donosti de mañana

Dicen por ahí que Donostia está estancada en el pasado. Se rumorea que esta ciudad no supo pasar del siglo XIX. Está claro que en esta ciudad hay mucha historia, y el Donosti de ayer es para disfrutarlo y perderse en él. Os recomiendo un vistazo al Facebook de San Sebastián Desparecida para disfrutar de cómo era lo que ahora conocemos como tan nuestro.

Pero, ésta es una ciudad en constante movimiento, que busca transformarse constantemente, siempre mirando al pasado para caminar de manera firme hacia el futuro. Nada llega al nivel de mi nave, bien escondidita en el fondo de la bahía de La Concha pero, sabéis que por ejemplo tengo especial debilidad por el Kursaal. Además, es donde recibo los envíos de mi planeta así que, ¿Cómo no me va a gustar? Aunque ahora que lo pienso, llevo meses sin noticias. Habrá que ver cómo va esa “misión de rescate” tan urgente.

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No me gustaría ser el encargado de limpiar los cristales todas las mañanas pero, ese edificio iluminado observando la playa tiene magia. Inicialmente no entendía ese armatoste ahí puesto pero, la verdad es que con el tiempo, de Zinemaldi en Zinemaldi y de concierto en concierto le voy cogiendo más cariño.

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Si nos alejamos un poco del centro nos damos con una pila de platos que albergan la primera universidad gastronómica del mundo, el Basque Culinary Center. Sabéis que lo de llenar los 7 estómagos siempre es una tarea que arranco con gusto pero, no me digáis que no es un edificio que brilla con luz propia. Gracias a una buena amiga terrícola lo he podido disfrutar por dentro también y como no, he comido un par de veces. Si tienes un rato, date un paseo por la zona.

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No muy lejos, en Miramón es donde me siento más como en casa. Edificios futuristas albergan las empresas del parque tecnológico. Creo que tengo que hacer un estudio más detallado de ese sector. Yo creo que si hay algún lugar en el que vaya a poder encontrar la manera de arreglar la nave va a ser por aquí. Y además, el guiño al pasado de las Torres de Arbide le da un puntito a la zona, sabéis que es uno de ms txokos donostiarras favoritos.

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Hay muchos ejemplos de la mezcla entre lo moderno y lo antiguo por esta ciudad. Por eso tengo mucha curiosidad por ver cómo acaba el proyecto de Tabakalera. Un edificio espectacular que ha pasado por mucho, y que ahora está pasando por el taller de chapa y pintura. Habrá que seguirle la pista.

Vamos, que lo bueno de esta ciudad es que se puede disfrutar del ayer y del mañana en un mismo día sin cansarse demasiado.

Lost in Zinemaldi 2: El retorno de La Concha… de Oro

Se dice que segundas partes nunca fueron buenas, se crítica la falta de imaginación de cierta gente cuando recuperan una historia ya contada. Seguir exprimiendo la vaca dejando la inventiva a un lado, abandonar el espíritu innovador para seguir el camino ya marcado; las segundas partes parecen tener un lastre simplemente por llevar un 2 al lado. Pero, personalmente, muchas veces creo que el primer pintxo se disfruta menos que el segundo, dado que al primero se ataca con demasiada ansia. Muchas buenas historias necesitan de una segunda parte para poder abarcar todos sus escondites y misterios, ya que cosas se pueden quedar en el tintero. Y lo mismo pasa con el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, una vez reconocido el terreno, la segunda vez se disfruta aún más.

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No negaré que el inicio de mi Zinemaldi ha sido un poco complicado este año. La vida a veces es un poco puñetera, en un día de calor te acercas a la última mesa libre de una terraza a la sombra cuando algún hijo de su madre te adelanta por la derecha y te la quita. ¿A quién no se le ha escapado el autobús en las narices alguna vez? Otras veces, la vida es simplemente cabrona. Llevaba semanas esperando la semana más cinéfila del año, cuando se me estropeó la máquina de metamorfosis cuántica. Sólo conseguía transformarme en gigantes de 10 metros, y ese tipo de terrícolas no están bien vistos. Además, las butacas del Kursaal no están preparadas para ese tipo de espectadores.

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Así que muy a mi pesar tuve que entregar mis entradas para ir a ver La Isla Mínima y The Drop a una joven donostiarra. Tiene tentáculos la cosa, puesto que eran de las películas que más esperaba de este festival. Tendré que ponerme al día en cuanto las estrenen en salas comerciales.

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Con “The Equalizer” me lo pasé bien, a pesar de que no es ningún peliculón, los americanos muy buenos muy buenos; y los rusos muy malos muy malos. “Automata” es un quiero y no puedo, que se queda a medias, “The Phoenix” es dura pero interesante, ojo porque parece candidata al palmarés. Con un no parar de cine, me lo pasé mucho mejor de lo esperado con “Negociador”. Pensaba que Borja Cobeaga se estaba metiendo en un berenjenal, pero sale airoso y considero que con nota. “Loreak” es un agradable, aunque a veces un poco lento, cruce de historias que he visto a gusto.

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A pesar de que haya empezado al Zinemaldi a medio gas, todavía queda mucho por ver, vivir y sentir. Seguiremos informando detalladamente, porque aunque se diga que segundas partes nunca fueron buenas, ésta por ahora promete.

Mezclando historia y gastronomía, Igueldo y la SS Restaurant Week

Si la semana pasada disfrutamos de un viaje al pasado gracias a la Parte Vieja donostiarra, lo de esta semana ha sido un viaje al siglo pasado. Hacía muchísimo tiempo que tenía ganas de visitar el Parque Igueldo. Una torre vigila mi querida Bahía de la Concha desde que llegué, y había llegado el momento de estudiar el terreno a fondo.

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Me habían hablado de un extraño medio de transporte que denominan funicular para ascender la montaña y digamos que fue una experiencia cuanto menos, curiosa. Una vez se pasa la entrada del funicular, todo se para y el aguerrido explorador accede a un misterioso lugar en el que el tiempo ha parecido detenerse. El Parque de Atracciones del Monte Igueldo consta de diferentes centros de recreación que hacen las delicias de especialmente, los humanos más jóvenes. La montaña suiza, si, suiza no rusa, parece a punto de caer colina abajo pero, ahí está la mayor dosis de adrenalina de la atracción. Pese a todo, la mejor experiencia es sin duda el propio viaje de subida. ¡Cómo me gusta el funicular! Que a nadie se le ocurra subir en coche a este enclave privilegiado, este artefacto es parte de la experiencia.

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Y qué decir de las vistas, ay mi bahía, que bien se ve desde el Parque de Atracciones de Igueldo. Vale, admitiré que no es un lugar de ocio para adultos, los más pequeños disfrutan mucho más. Pero, sólo las vistas y el viaje en funicular merecen la pena para los aguerridos exploradores.

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Un buen fin de semana de investigación y control de las costumbres donostiarras no es completa sin una buena comida. Y nada mejor para redondear las aventuras por ese paraje extraño que es Igueldo, que con una buena cena. Se está celebrando la San Sebastián Restaurant Week, otro gran invento de esta gente. Un grupo de restaurantes de nivel ofrecen un menú cerrado con precio más asequible de lo habitual. ¿Cómo desaprovechar semejante oportunidad para llenar mis 7 estómagos? Pues eso, que me metamorfosee en un humano, y al Restaurante Nineu a disfrutar. Además está en mi querido Kursaal, la noche se presentaba interesante.

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Ay ay ay ay ay… Vamos, que es difícil que yo me quede sin palabras que decir. Cuando leí el menú el tema de comer rabo de vaca me sorprendió un poco. A nosotros no se nos ocurre comernos los tentáculos de ninguno de nuestros animales pero… El primer mordisco disipó todas mis dudas. Desde la bebida del aperitivo hasta los bizcochos que acompañaban el café fueron etapas de una experiencia gastronómica increíble. Me fui relamiendo a la nave y creo que el domingo los sabores seguían explotando en mi boca. Y no penséis mal, que me había limpiado los dientes, uno es un alienígena muy limpio.

Seguimos descubriendo maravillas en Donostia, y este fin de semana largo ha sido todavía más fructífero puesto que me he alejado de la ciudad a investigar otros terrenos, como Hondarribia y San Juan. Qué decir del Huevo Mollete del Gran Sol… Pff, pero bueno, no adelantemos acontecimientos, llegará pronto el resumen de esas aventuras. Nadie parece echarme de menos en mi planeta natal pero la verdad es que, tras este fin de semana, me importa más bien poco.

De puente a puente, porque me lleva la corriente… por el Urumea

La Concha, el Ayuntamiento, la Parte Vieja… No me puedo quejar, estoy en el epicentro de las zonas más bonitas de Donostia. Pero la verdad es que a veces, aunque de pereza, hay que alejarse un poco. Empezar a caminar exige hacer frente a los caprichos geográficos de la naturaleza, y en este caso, nos damos de bruces con el Urumea. La ciudad está partida por la mitad por este río. En mi planeta esto lo habríamos solucionado rápidamente con mini-transportadores sónicos. Los donostiarras sin embargo han optado por construir estructuras complejas que atraviesan el caudal para ahorrarse un baño. Lo que no tengo claro del todo es por qué hay tantos, pero la verdad es que hay puentes para todos los gustos.

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El Puente de la Zurriola, es el que tiene el ego más subido. Al estar pegadito al Kursaal, cerca de la playa, y como camino directo a la Parte Vieja es uno de los principales puentes de la ciudad. Sus personales farolas le dan un toque inconfundible y gracias a acontecimientos importantes como el Zinemaldi, grandes personajes han pisado sus adoquines.

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Personalmente, mi favorito es el Puente de Maria Cristina. Uniendo la estación de tren y la Plaza Bilbao, está majestuosamente decorado por magníficas estatuas. Además, me encantan los dragones que decoran la barandilla. Es el puente con más personalidad de la ciudad, y es toda una experiencia quedarse parado un segundo en una esquina y observar toda la gente que entra y sale de la estación de tren, sobre todo en horas punta.

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Un poco más adelante, llega el Puente Jose Antonio Agirre. Según parece, despista un poco a los ciudadanos, todavía no se ha hecho un hueco entre los donostiarras. Pero, la verdad es que a mí, me gusta mucho. Su estructura me parece futurista (para estos terrícolas) y me recuerda a mi hogar.

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Por último, no podía faltar un puente con el nombre del equipo de futbol de Donostia. El Puente de la Real Sociedad jubiló hace un tiempo al Puente de Hierro. Cercano a ese lugar de culto llamado Anoeta que ya comentamos en su momento, es el único que une las vías de tren a la carretera para coches y la acera para viandantes. Sobre todo, lo que más me gusta de esta zona, es que el antiguo puente que unía estas dos partes de la ciudad está aprovechado como pasarela en la zona de Riberas de Loyola. Eso sí que es reciclar y darlo un toque diferente a uno de los barrios más nuevos de la ciudad.

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Y me dejo muchos puentes sin mencionar, porque otra cosa no sé pero puentes hay un puñado. Lo bueno es que cada uno tiene un carácter especial, la cantidad de maneras que hay de cruzar ese río hace que todas las veces se descubra algo nuevo en cada viaje. Podéis echar un vistazo a mi galería de puentes en Flickr, que intenta resumir los secretos que entrañan estas curiosas estructuras. Esta ciudad sigue escondiendo misterios que estoy dispuesto a desentrañar.

Lost in Zinemaldi

Me recriminaron que me dedicaba sólo a comer, y como yo soy un alienígena que hace lo que le dicen, esta semana he estado ocupado, y no zampando precisamente. Ya me habían avisado que septiembre es importante en Donostia, y cada vez estoy más de acuerdo.

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El pasado viernes arranco el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Septiembre es de cine en Donostia, este evento reconocido a nivel mundial transforma la ciudad, con la zona del río, entre el María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia y especialmente el Kursaal como epicentro. Ya comentamos lo importante que es el Kursaal, y el cariño que le estoy cogiendo, y con el Festival me está gustando todavía más. Aunque debo señalar que sólo me puedo metamorfosear en terrícolas de estatura media-baja para sentarme cómodamente en sus butacas, si no, me quedo hecho un ocho.

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El jueves empecé a ver gente por la calle con unos extraños collares que me generaron mucha curiosidad. Unas extrañas placas de plástico que se convertían en símbolo de status que más tarde descubrí, eran pases para ver las películas. Y yo me pregunto, si son pases para entrar al cine, ¿por qué todo el mundo toma pintxos, cañas, cafés y lo que sea menester con las placas puestas? Curiosa secta en la que un puñetero cacho de plástico se convierte en símbolo de poder. Los que lo poseen lo enseñan con orgullo, y los que no lo poseen hace chistes sobre ellos. Pero realmente, se aprecian signos de envidia, mucha envidia. Yo de hecho el año que viene, si es que todavía sigo por aquí, me tengo que hacer con uno de ellos.

Luego está la secta gritona, que se junta principalmente en las cercanías del bonito Hotel Maria Cristina para chillar hasta desgañitarse cuando ven pasar a estrellas. Un fetiche curioso, que personalmente, no acabo de entender. Parece que tener a una estrella cerca y conseguir algún pelo suyo, es el sumun para este grupo de gente. Por mi parte, me he planteado muy seriamente transformarme en Mario Casas por un día. La que se montó cuando vino este chico, un fenómeno de masas, más bien jovencitas, digno de estudio.

Pero sobre todo, se aprecia mucho amor por el cine. Todo el mundo juzga, opina y da su punto de vista. Si se escucha con atención, el 90% de las conversaciones de la ciudad giran sobre el Festival de Cine. Y que gente tan conocida (para los terrícolas) como Oliver Stone se siente tranquilamente y comenté su documental con el público, da pie a ello.

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Haciendo la cola para entrar en el reciento, esperando el comienzo de la película sentado en la butaca… Por todas partes se pueden hacer buenos amigos. La capacidad de ponerse a hacer cola a las 8:10 a.m. en la puerta del Kursaal para ver una película es digna de mi más sincera admiración. Personalmente, de lo poco que he vivido por ahora en este Festival, de los mejores planes es disfrutar de la Sección Oficial a las 9 en el K1 y luego premiarse con un buen desayuno. Ya vuelvo a la comida, en fin.

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Estos son días de buen cine en los que se puede ver de todo; desde divertido cine de animación sencillo para pasar el rato como “Futbolín“, hasta thrillers agobiantes como      “Enemy“, o interesantes documentales como “The Untold Story of the United States” Pero, personalmente, por lo que me divertí, y lo que me enseño sobre la mitología de esta gente, por ahora me quedo con “Las Brujas de Zugarramurdi”. Esto de ser un investigador un planeta desconocido es algo solitario, y reírse a carcajada limpia nunca está de más.

Toda la ciudad se vuelca con el Festival, incluso los comercios, y Casa Aramendia tiene uno de los escaparates cinéfilos que más me ha gustado. Las alfombras rojas te hacen sentirte como una estrella y el color de la propia ciudad cambia. ¿Cómo no me va a gustar un Festival en el que el premio es mi rincón especial en la ciudad, La Concha de Oro?

Nos vemos en el Kursaal, General Supremo

Estimado excelentísimo y bien amado General Supremo:

¿Se acuerda usted de mí? Soy el Teniente Gorb, atrapado en el planeta tierra, en la playa de La Concha en Donostia para ser más exactos. Hace más o menos tres meses hablamos de mi situación y tuvo la bondad de informarme de que todas las naves estaban ocupadas en la Guerra de la Galaxia Andrómeda. La misión de rescate se iba a poner en marcha lo antes posible.

 

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Yo, bueno, que no quería molestar y eso pero, ¿cómo está la cosa? ¿Vamos ganando la Guerra? No es que me queje, en lugares mucho peores me podría haber quedado atrapado pero, es que nadie se ha puesto en contacto conmigo y no tengo idea de los avances de nuestra flota. Sé que usted y yo empezamos con mal pie cuando me encontró en actitud poco profesional con su mujer, pero le juró que fue un desliz del que he aprendido tras mi estancia en este planeta.

Este es un lugar idílico, es cierto, pero los cambios de tiempo no han hecho más que agudizar mis gripes venusianas y cada dos por tres debo quedarme en la nave sin poder investigar. Además, según me han dicho el otoño que se acerca es todavía más húmedo. Con lo que ha caído en eso que llaman verano, no quiero pensar lo que me espera según se acerquen épocas más frías.

No es mi intención poner en duda las decisiones de su excelencia pero sólo busco tener noticias de mi hogar. Yo envío mis informes periódicamente sin recibir respuesta alguna. Por cierto, ¿quién ganó la Copa del Torneo de Babosas Saltimbanquis? Considero que este planeta puede ser un lugar interesante para establecer un centro de investigación permanente. De hecho, no tengo problema en ofrecerme voluntario para dirigir la misión. Pero, necesito urgentemente materiales para subsistir. El tema de la alimentación está más que cubierto con las excelencias de la gastronomía local, de hecho, estoy convencido que usted disfrutaría de sobremanera una vuelta por aquí pero, la nave empieza a estar algo sucia. Creo que en breve ni los cerdos de Saturno vivirían aquí. Además, necesito renovar el armamento sónico, nunca se está suficientemente preparado.

 

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Por eso, le propongo utilizar el Palacio de Congresos Kursaal como centro de intercambio. Es un gran edificio que se ilumina por las noches, por lo que es fácilmente visible desde el cielo. Centro de congresos para los terrícolas, es uno de las edificios más emblemáticos de la ciudad. De hecho, según he podido investigar, cambia de color y de aspecto según las festividades y eventos locales. En un principio estaba convencido de que era algún tipo de arma militar defensiva dada su luminosidad pero parece terreno neutral. La verdad es que por las noches, toda la zona toma un aire especial.

 

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Espero que tome en consideración mi solicitud y tener noticias suyas en breve. Mis años de servicio en la flota deberían demostrar que soy un activo valioso para la organización.

Se despide atentamente,

Teniente Gorb