Para sobrevivir en Donostia

Donostia es una ciudad bonita, con rincones espectaculares y preciosos paisajes. Pero, no podemos olvidar que también es un lugar peligroso, en cada esquina te puede esperar una sorpresa no del todo agradable. Llevo ya un tiempo por aquí y puedo afirmar que esta ciudad es una puñetera selva. Hay que tener cuidado por dónde se pisa, y ciertos objetos siempre son de ayuda para cumplir con éxito las misiones.

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En esta ciudad, llueve. A veces llueve un poquito, y otras… un muchito. Esos momentos de nefasta combinación de agua y viento son algo que no se olvida. Ya he perdido la cuenta de cuántos catarros marcianos me he pillado. Uno detrás de otro además, gran invento eso del Kleenex, aunque al paso que voy me va a compensar pedirlos directos a fábrica. Estos giros bruscos de la climatología me traen por el camino de la amargura. Además, no importa que te gastes un dineral en un paraguas desarrollado por la mismísima NASA… se rompen igual. Pasar el puente del Kursaal durante una tormenta con un paraguas es algo que todo aquél que se haga llamar donostiarra debería hacer al menos una vez en la vida.

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Por aquí se habla mucho de fútbol. Lo confieso, todavía no me he puesto al día pero prometo poner remedio. En San Sebastián se vive en blanco y azul. La Real Sociedad es tema de conversación en cada esquina, principalmente los lunes. Me impacta ver el sentimiento con el que viven algunos este deporte. Ese deporte del baloncito es uno de los grandes focos de discusión de los alrededores. Así que, quien quiera infiltrarse… debe saber de qué hablan.

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En Donostia, el coche sobra. No es práctico. Si los vehículos no caben, imaginaos que haría con mi nave. ¿Dónde la meto? Por aquí lo que se lleva es caminar, y si se quiere, seguir el camino rojo. Esos extraños medios de transporte de dos ruedas son el modo de locomoción habitual por los alrededores. Personalmente, me parece agotador pero me acaban de comentar que hay algunas que son eléctricas, hacen el camino por ti. Todo un puntazo, para qué negarlo.

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Pero para poder disfrutar de Donostia hacen falta ojos, yo tengo tres, por lo que puedo ver un 150% más de belleza que el humano medio. Hay que disfrutar degustando los manjares que se te ponen delante. ¡Ay! mis amados pintxos. Hay que oler el mar y sobre todo sentir, dejarse llevar por uno de los rincones más bonitos de la galaxia. San Sebastián es una ciudad que se vive con los 5 sentidos.

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Fin de semana completito en Donostia: soldados, traineras y fútbol

Creo que el 90% de mis informes comienzan hablando del tiempo, y es que es de lo más cambiante, más incluso que el humor de mi abuela que en paz descanse. La semana pasada hubo de todo, sol, lluvia, viento… Y descubrí otra tribu urbana por la playa, los surferos… Llueve o truene, ahí siguen al pie del cañón, analizando el mar. Afortunadamente, sobre todo se quedan en la playa de la Zurriola y me dejan a mí en paz para seguir investigando. De todas formas, nunca se sabe qué forma puede tomar el enemigo, y a gente que se pasa tanto tiempo en el agua hay que mantenerla vigilada.

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Por lo menos, el fin de semana salio el sol, y pude aprovecharlo al 100% para disfrutar de todos los acontecimientos importantes que iban a ocurrir.

Ya hemos hablado alguna vez de la Parte Vieja donostiarra, un lugar con mucho encanto y miles de escondrijos por descubrir. Así como el resto de la ciudad parece estar dibujada por un estricto dibujante a base de escuadra y una larga regla, esta zona de la ciudad tiene el encanto de lo antiguo. Pero como todo ser vivo que se precie, bien sea humano o alienígena, nos cuesta ponernos de acuerdo, y siglos de historia han dejado esta área marcada por las guerras.

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Mi nuevo hogar ha celebrado este fin de semana el aniversario de su quema y posterior reconstrucción por la guerra en el siglo XIX. He aprovechado para pluriemplearme un poco, y colaborar con los amigos de Licencia Histórica en un post. Para entender cualquier cultura o nueva civilización es imprescindible mirar atrás para ver por dónde han pasado y entender a dónde van. Ejercí de reportero gráfico para su post sobre el 200 aniversario del incendio.

Poco se salvó de dicha catástrofe, pero he decir, que la calle 31 de agosto, es de mis favoritas y el mejor sitio para empezar a descubrir la zona, entrando por San Telmo y acabando en el puerto.

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Y en el puerto es donde empezaron las celebraciones del día, con cañonazos y disparos. Si no hubiera sabido de qué iba la fiesta hubiera activado la autodestrucción de la nave y hubiera volatilizado todo a 50 kilómetros a la redonda. Afortunadamente, ya estaba sobre aviso, casi soy un donostiarra más y pude aprovechar la fiesta y gozar del espectáculo de la recreación de la batalla.

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Más tarde llego el momento de brincar al son de los tambores con toda la ciudad, que gracias al maravilloso día que hizo, disfrutó de lo lindo. Parece que por aquí los tambores y los barriles son importantes, especialmente el 20 de enero. Habrá que seguir investigando este tema.

Al anochecer, se apagaron las luces, y con el color mágico que dan las velas, los donostiarras rindieron homenaje a los caídos en la toma de la ciudad. Desafortunadamente, se me quedó sin batería la cámara. ¡Vaya fallo para un intrépido investigador como yo! pero creo que está imagen rememora el ambiente y el incendio de maravilla, de la mano de milagrosdediseno.

Tras un sábado intenso llegó la primera ronda de la Bandera de la Concha el domingo por la mañana. No entiendo mucho de los deportes de esta gente, la verdad. Eso de ir remando lo más rápido posible para volver al punto inicial…

Parece que el domingo la fiesta se vuelve a repetir, por lo que lo estudiaré más a fondo. Al final, fue una pena que la Real Sociedad no le pusiera un broche de oro al gran fin de semana con una victoria en Anoeta pero bueno, la liga es larga.

Como veis, esto es un no parar, ha sido un fin de semana intenso. Ha volado agosto y septiembre llega completito con las regatas, algo que llaman Zinemaldi y miles de aventuras más. No tengo noticias de mi planeta natal así que como dicen por aquí: si la vida te da limones, haz limonada, o prepárate un gin-tonic. A aprovechar el tiempo al máximo y disfrutar de las cosas que ofrece Donostia.

Fútbol, pintxos, iglesias y Google

En mi planeta tenemos 7 dioses. Nunca he entendido muy bien por qué asociamos nuestras deidades a los giros del planeta alrededor de nuestra estrella pero bueno, es una cosa que se estableció hace siglos, y no estamos para discutir. Mi planeta gira 7 veces sobre su propio eje hasta conseguir dar una vuelta entera a nuestra estrella. Así, cada giro se asocia a un dios diferente, según en qué momento nacemos, se supone que tendremos las cualidades de ese dios.

La verdad es que la religión es un tema que me genera sentimientos encontrados. Como investigador intergaláctico, establezco las bases de mis creencias en la ciencia pero, siempre me han surgido dudas sobre lo que hay más allá.

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Los terrícolas no son menos, y la ciudad está plagada de centros de adoración. En mi modesta opinión extraterrestre, las de la Parte Vieja son las más bonitas. Tanto por su localización como por su aspecto. Esos lugares de culto siempre tienen un aire especial que huele a historia. Según he leído, han ido perdiendo adeptos con el paso de los años pero, siguen congregando a creyentes todos los días. Personalmente, el que me da más pena es San Sebastián, que da su nombre a la ciudad. No me extraña que mire con cara de circunstancia desde la entrada de Santa María, dudo que esas flechas sean un complemento cómodo.

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Pero, realmente, no sólo alimentando el espíritu vive el hombre. Los bares son un sitio  mucho más concurrido. Desde que descubrí el pintxo pote los jueves me he dado cuenta que los terrícolas son mucho más aficionados a llenar el estómago que el espíritu. El acto de juntarse en el bar es casi obligatorio para muchos. Teniendo en cuenta la gastronomía local, y los pintxos, uno de sus grandes inventos; no me extraña nada de nada. Esta vez me permito recomendaros el Bar Bergara, un clásico según he oído algo alejado del bullicio de la Parte Vieja pero, imprescindible. Su Txalupa es prácticamente una experiencia religiosa en si misma.

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Se dice que un Dios es omnipresente, omnisciente y omni muchas cosas más. Vamos, que lo sabe todo, y por estos parajes el primero que al menos a mi me viene a la cabeza es…

Google

San Google que estás en todas partes, en ti ponemos todos nuestra fe, al menos en este planeta. Si me dieran un euro por cada vez que oigo hablar de Google en el día a día sería millonario. La fe incondicional que ponen los terrícolas en esta herramienta me da escalofríos. El tío que esté detrás de esto tiene que estar forrado. Pero, para observar masas enfurecidas hay que ir al mayor templo de adoración de esta ciudad.

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Este es el lugar dónde la fe se vive de manera más enfervorecida. Masas de gente  se acercan a este punto neurálgico. A pesar de que las celebraciones hayan parado hasta el mes que viene, sigue siendo el tema central de conversación en Google, los bares y hasta supongo que las iglesias. El fútbol mueve montañas en este planeta, y yo personalmente lo de 11 tipos contra otros 11 peleando por una pelotita… Como que no acabo de verlo. Pero si sigo viviendo por aquí, no sé que me da que acabaré convirtiéndome a esta extraña religión.