El saber no ocupa lugar, pero a veces cuesta lo suyo

En ciertos aspectos la verdad es que me puedo sentir afortunado, en mi planeta tenemos bastante depurada la técnica de absorción de conocimiento. Si necesito saber sobre algo me conecto al ordenador de la nave y en poco más de 10 minutos ya sé todo lo que hay que conocer del tema en cuestión.

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Sólo hay un asunto que se me ha complicado, como bien pude descubrir en mi primera salida a investigar este extraño lugar, hace ya muchos meses. El euskera es difícil. Creo que decir difícil, es quedarse corto, muy corto. No hay por donde cogerlo y no encuentro enciclopedia intergaláctica con la que hincarle el diente a este puñetero lenguaje. Así que no me ha quedado otra que apuntarme a uno de estos centros que llaman Euskaltegis para meterle caña al tema. Confesaré que por ahora no paso del “Nire izena Gorb da” y el koskorrikasko… o corre que te casco o… Vamos, que yo siempre digo gracias cuando interactúo con los humanos. A un servidor siempre le han enseñado que es de buen nacido, ser agradecido. Os mantendré informados de mis progresos pero, esta parece que será una de mis misiones más complicadas.

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Los humanos desde muy pequeños aprenden de la dureza de la vida. Los parques infantiles son pequeños campos de entrenamiento sobre las trampas y zancadillas que les puede poner la vida por delante. La crueldad que se destila en algunas de las conversaciones que he podido ver en estos extraños lugares, es pareja a la que se sufre en las mazmorras de los Preks.

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Esta gente tiene el camino bastante marcado, al menos en los primeros años de su existencia. Guardería, ikastola, instituto, universidad… Algunos incluso optan por una vida dedicada al estudio. Sus progenitores tienen que aguantarlos en casa durante un periodo de tiempo que puede llegar a eternizarse. En mi planeta, en el momento que logramos nuestra madurez física y psicológica, nos dejan libres para que nos busquemos la vida. A más de uno se lo ha zampado algún animal salvaje pero, si sobrevives sólo, no hay duda de que te curtes. Aquí, los progenitores pueden llegar a aguantar a sus retoños sin fecha de caducidad, la verdad es que a más de uno paciencia no le falta.

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Pero, lo que yo tengo claro es que sobre la vida se aprende en la calle, no encerrado entre cuatro paredes. Para aprender sobre este planeta, sigo un estricto régimen de cerveza y pintxos en cada uno de los bares de Donostia, la mejor de las maneras para aprender sobre el donostiarrismo.

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Parajes extraños y un idioma desconocido

No hay mal que una buena noche de sueño no cure, pero no es mi caso, porque no he podido dormir. Justo en el momento que había conseguido cerrar los ojos se han abierto los cielos y las aguas se han empezado a revolver, se ha levantado la arena y la nave ha empezado a girar como una peonza. Tengo ojeras en cada uno de mis tres ojos, y estoy muy cansado. Pero, está claro que si la vida te da glicks, hay que hacer zumo de glicks. Por lo que he desempolvado mis conocimientos de metamorfosis cuántica y he tomado la forma de uno de los habitantes de este planeta. Todo apunta a que voy a pasar un tiempo por aquí, y ya es hora de empezar a explorar los alrededores.

Afortunadamente había un espécimen cerca de la nave, dándose un baño. Menos mal que no se le ha ocurrido mirar para abajo. En todo caso, la cosa era sencilla puesto que no llevaba nada puesto. El problema ha llegado cuando por fin me he animado a salir de la playa, la gente me miraba de reojo con cara de espanto. Parece que en este planeta a la gente le gusta ir cubierta, cosa poco práctica para ciertos menesteres, pero reconfortante considerando el clima.

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Una pobre mujer se ha apiadado de mí y me ha prestado algo de ropa por lo que he podido pasear algo más cubierto aunque, me han seguido mirando un poco raro. Creo que los abrigos naranjas con motas verdes no están muy a la moda. Paseando, intentaba absorber toda la información que podía, hasta que he llegado a un pequeño altar en una bonita plaza. Parece ser que los soldados rinden pleitesía con algún tipo de himno a sus dioses, puesto que la pizarra de la derecha estaba escrita en un idioma desconocido para mí. He intentado analizarlo con el “Traductor 6000” que tengo acoplado en el tentáculo pero he tenido que salir corriendo. El endemoniado cacharro se ha estropeado y ha empezado a echar chispas. Creo que los humanos tampoco suelen expulsar humo por las orejas. Previendo una situación complicada con el tumulto que se empezaba a crear en la plaza, he optado por volver corriendo a la nave. Revisando la enciclopedia interestelar, he descubierto cosas sobre ese idioma extraño y desconocido, creo que lo llaman euskera.