Arzak, simplemente Arzak

Extraterrestre cae en planeta desconocido, extraterrestre se agobia y se siente perdido, extraterrestre descubre que está en un txoko cojonudo de la galaxia. Y así, uno se despista y lleva más de cuatro años en este rincón del universo donde básicamente se dedica a comer y a beber. Bueno, de vez en cuando también corre poco y hace algo de ejercicio. Dicen por ahí que tengo mucho vicio, y si revisáis mi Instagram… Puede que tengan razón, jeje.

Pues eso, que aquí sigo. El Teniente Gorb siempre dispuesto a seguir exprimiendo y descubriendo los entresijos una ciudad que cada vez le gusta más. A pesar de la climatología bipolar que me tiene loco y va fatal para mis catarros marcianos. Creo que este otoño ya llevo tres. Los que me conocéis sabéis que mis siete estómagos no se llenan solos y trabajo arduamente para no pasar hambre. Siempre me gusta descubrir lugares nuevos. Pero, si hay un lugar grabado a fuego en la mente de todo donostiarra, y de medio mundo; es el restaurante Arzak.

Gipuzkoa es la zona con más estrellas Michelín por metro cuadrado y si un restaurante tiene su nombre grabado a fuego en la historia de la gastronomía, es el Arzak. Uno es un explorador concienzudo y sabía que un análisis exhaustivo de Donostia exigía una visita a semejante templo.

Muchos dirán que la alta cocina está sobrevalorada. Que no vale su coste. Que si las raciones son pequeñas, que si sales con hambre… lo sé. Hay restaurantes de alta gama de los que al salir me he sentido estafado. Pero también he pensado que me han robado cuando he pagado 20 euros por una “ensalada templada de lo que caiga” y una cerveza en ciertos antros. Lo de Arzak fue una experiencia gastronómica que disfruté con los cinco sentidos.

¿Cómo va a estar malo un bogavante troceado y salteado con polen fresco, sabor acido y dulce de panal azul? O los carabineros marinados en hierba de limón y menta acompañados de un preparado untuoso de remolacha y crujiente de krill. Vale, no sabía lo que eran la mitad de las cosas que comía a pesar de que el maître estuvo atento en todo momento a nuestras dudas. Pero para qué ponerse a pensar. Sólo tocaba disfrutar. Eramos el ejemplo de unos clientes satisfechos. Lo redondearon sacándonos un plato de foie extra para rematar el menú degustación. Con lo que me gusta a mi el foie. Casi lloro.

Una experiencia que tocaba vivir al menos una vez. Ya lo puedo borrar de la lista de sueños pendientes. ¿El próximo cuando y dónde?

Anuncios

Gorb; Yo, soy tu padre

Y para cuando te das cuenta, has pasado casi un año sin escribir un post. Gorb sigue vivo y dando la lata principalmente en Instagram pero, es cierto que sus informes de misión han ido cada vez más escasos. Esta aventura nació hace ya… ¡Socorro, más de cuatro años! Y nunca pensé que llegaría tan lejos. Gracias al teniente he conocido a gente estupenda y he vivido grandes momentos pero es verdad que últimamente tengo al pobre alienígena un poquito abandonado.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y por eso Instagram es donde podéis ver que Gorb sigue comiendo, bebiendo y viviendo Donosti como siempre lo ha hecho, a tope. Pero, algunos me han dicho que lo asesine y corte con su sufrimiento, otros que se enamore y busque pareja terrícola. Unos pocos me comentaban que volviera a su planeta. No lo tengo claro, me da pena despedirme de un compañero de viaje que tanto me ayudó en momentos difíciles.

No sé si son los buenos propósitos del nuevo curso o qué, pero estoy convencido de que Gorb volverá con energía renovada. Tiene muchos retos pendientes para el otoño, ya que lleva tanto tiempo por aquí, se ha decidido a reformar la nave. ¿Sobrevivirá a semejante hazaña? Además, por fin visitará un restaurante que ha querido probar desde el día que puso su primer tentáculo en Donosti. Una pista, empieza por A y acaba por K. Esto sigue damas y caballeros, el espectáculo debe continuar.

El aitatxo de Gorb

 

Oleaje en Donostia: el poder de atracción de las fuerzas de la naturaleza

Bien sean erupciones solares de la Constelación Gordiana o los movimientos de las mareas heladas del planetoide 74, las fuerzas de la naturaleza siempre han atraído a todos los seres vivos. Eso es cierto aquí, y en Plutón.

lost.in.la.concha.bahia.olas.donostia.san.sebastian

Donostia no podía ser menos, y el marco incomparable de La Concha es punto de parada obligatorio, y no sólo porque sea mi casa. Habitualmente el poderío de las aguas es más espectacular en el Paseo Nuevo o en la Zurriola pero el pasado fin de semana no hubo zona donostiarra en la que el mar no dejara su huella. Previamente avisados por las autoridades sobre la llegada de temporal marítimo, opté por poner al máximo los generadores de gravedad de la nave para afianzarla en el lecho de la bahía. Menos mal, si no los hubiera conectado a saber dónde hubiera amanecido. Tras un sueño tranquilo desperté dispuesto a analizar la situación.

Las redes sociales echaban humo con imágenes, videos y todo tipo de comentarios sobre una noche en la que un tal Poseidón había decidido descargar toda su furia sobre la ciudad. La primera fase había sido de tensa expectación. Empezar a ver tantos mensajes no hizo más que animarme a salir.

lost.in.la.concha.destrozos.bahia.puerto.donostia.san.sebastian

La impresión que me dio ver trozos de barandilla por todos lados no se puede describir, del asombro inicial pasé a una incredulidad que no me permitía cerrar la boca y suspirar de alegría porque a la nave no le había pasado nada. Mi archivo gráfico de la misión en Flickr no hace justicia a lo que me encontré.

lost.in.la.concha.destrozos.zurriola.donostia.san.sebastian

El mar había dejado claro cuál era su lugar, y quién tenía el poder. Y los terrícolas estaban dispuestos a admirarlo y por qué no, admitirlo.

lost.in.la.concha.gente.oleaje.mareas.donostia.san.sebastian

Pocas veces he visto San Sebastián tan lleno de gente un domingo temprano por la mañana. Hordas de gente circulaban por las calles, como no, sin soltar el móvil. He de confesar que según avanzaba la mañana, se me iba cayendo el alma a los pies. Los destrozos han sido cuantiosos y tengo claro que no va a ser una recuperación fácil. La expectación inicial se convirtió en impresión hasta acabar en verdadera tristeza.

lost.in.la.concha.destrozos.puentes.oleaje.donostia.san.sebastian

Personalmente los destrozos en mis queridos puentes son lo que más me ha impactado. Pensar que el quinto puente ha sufrido daños es algo que no me cabe en la cabeza, dada la distancia al mar. Ver destrozada la barandilla del puente de Santa Catalina, pasear por el puerto y ver gente con cara de desesperación intentando recuperar sus barcas casi hundidas, gente por la Parte Vieja intentando sacar el agua de sus locales… Volví a la nave con los 7 estómagos hechos un nudo.

lost.in.la.concha.kursaal.gros.temporal.donostia.san.sebastian

El mar es poderoso, y debemos respetarlo. Pero, de toda esta experiencia lo que más me animó fue el comentario que me hizo un terrícola, que toda la gente se había volcado con los afectados para ayudar y colaborar en todo lo posible. Es lo que tienen estas cosas, que sacan lo mejor de las personas y es con lo que hay que quedarse. Un abrazo a todos los afectados, y adelante. ¡Ánimo Donostia!

Fuegos, piratas, gigantes y comida, siempre mucha comida. ¡Gora Aste Nagusia!

Ya hemos comentado que la última semana ha sido muy grande. De hecho, los terrícolas ya le han asignado ese nombre: Semana Grande Donostiarra. Me olía que algo se cocía en el momento que un enorme cañonazo retumbó por toda la bahía. Sí, habéis leído bien, un puñetero cañón. Tras sobreponerme del susto, rápidamente me puse al día y opté por disfrutar las fiestas como un donostiarra más. La ciudad ha estado hasta arriba así que, un alienígena ha pasado desapercibido.

En su momento hablamos de centros de adoración, y creo que debería completar esa lista con la propia playa de la Concha. A eso de las 22 de la noche riadas de gente se acercaron a la arena, lo que me hizo considerar que mi situación se había visto comprometida. Pero estaba equivocado, se trataba de una especie de rito religioso que mezcla ruido y color en los que miles de donostiarras y visitantes se congregan en la menor cantidad de metros cuadrados posibles para alcanzar el éxtasis a través de punzantes dolores de cuello.

lost_in_la_concha_fuegos_astenagusia_donostia_san_sebastian

Confesaré que he tenido una semana para acostumbrarme y al final les he cogido cariño a eso que llaman fuegos artificiales, de hecho hasta creo que hacen un concurso y todo. Al principio no entendía nada y no le acababa de ver la gracia pero la verdad es que la bahía de noche, con este tiempo estupendo que ha hecho, iluminada por los fuegos es un espectáculo irrepetible. Eso sí, a veces es incluso mejor que lo que pasa en el cielo analizar exhaustivamente la fauna que se junta en la arena y discute con el vecino sobre la sonoridad del último cohete.

Estas son fiestas de grandes multitudes, y muy centradas en los espacios abiertos. Una cosa que yo al menos agradezco mucho. Suficientemente saturadas están las autopistas intergalácticas como para tener que seguir aguantando aglomeraciones en este planeta. Pero algún susto que otro ya me he llevado.

lost_in_la_concha_bahia_donostia_san_sebastian

¿Si vosotros fuerais un pobre alienígena que se esconde en el fondo de la bahía de la Concha, qué pensaríais viendo semejante cantidad de espectadores? Me temía lo peor viendo la armada que se estaba organizando en el puerto…

lost_in_la_concha_abordaia_puerto_astenagusia_donostia_san_sebastian 

Vale, la mayoría de las embarcaciones no eran muy estables y me las hubiera quitado de encima con un golpe sónico sin muchos miramientos. Pero realmente su deseo era desembarcar en la playa, no iban contra mí. Curiosa manera de divertirse y acabar bien mojados. Pero bueno, parecía que se lo pasaban bien.

La semana ha estado llena de grandes momentos, lo de los gigantes y cabezudos por ejemplo todavía no lo entiendo del todo. Más que diversión, lo de los cabezudos parece un sistema de lo más eficiente para crear traumas infantiles. Cuando se me acercó el primero, salí disparado y no paré hasta llegar a la punta de Urgull. Por otro lado, lo de los deportes rurales de esta gente… Se merece un post propio. Costumbres extrañas donde las haya. Y los conciertos y el toro de fuego… Demasiada información para un corto informe como este.

lost_in_la_concha_tortilla_ensalada_langostinos_donostia_san_sebastian

Pero lo que me ha quedado claro, es que la comida tiene un sitio privilegiado en toda festividad. Aquí les gusta comer, y no seré yo el que se queje. Cualquier excusa es buena para juntarse y llenar el estomago. La tortilla de patatas, ¡ay! La tortilla de patatas, que gran invento. Como tan pocos ingredientes pueden generar algo tan rico, y las gambas a la plancha, ¡las gambas a la plancha! Y el día que decides ser un poco sano, disfrutas hasta de una buena ensalada. La cosa es juntarse con buenos amigos para disfrutar. Voy a tener que empezar a buscarme una kuadrilla de esas para irme convirtiéndome en un donostiarra de pro. Por aquí los humanos se manejan en manada, y son la manera de perfecta de infiltrarse a lo bestia en este selva. Se buscan kuadrillas que admitan alienígenas, razón aquí.

Un pintxo, dos pintxos, tres pintxos… Empiezo a adorar Donostia

Tras un fin de semana de intensas lluvias, parece que la climatología nos está dando un respiro. No me puedo quejar, he aprovechado para hacer arreglos por la nave porque las filtraciones de agua empezaban a ser graves. No hay manera de descansar si parece que un mamut de Saturno está realizando sus necesidades fisiológicas en el compartimento de al lado.

Además, he aprovechado para navegar por eso que los terrícolas denominan Internet. Es un gigantesco repositorio de información, en el que curiosamente, a diferencia de lo que me paso en mi primera salida, hay mucha gente desnuda. Y parecen pasárselo muy bien, con amigos, con amigas, con animales de compañía… También he aprendido que sobre una cosa que se llama Facebook y también Twitter. Son la manera de interactuar con los humanos, aunque con el pajarito y sus tweets todavía estoy en fase de aprendizaje. Pero bueno, la parte que más me interesaba era aprender cómo llenar mis estómagos. Un concepto denominado pintxos me intrigaba. En mi planeta siempre ha pesado más la cantidad sobre la calidad, y alimentarse a base de cocina en miniatura era algo que tenía que probar.

Así, el sábado, viendo que la lluvia se tomaba un descanso opté por salir metamorfoseado en pulga. En mis últimas salidas, la situación se había puesto fea así que, transformarme en un animal minúsculo casi invisible era la mejor manera de pasar desapercibido. Tras un largo paseo y maravillarme por el bullicio de las calles, me di cuenta que me queda muchísimo por aprender. Me paré a descansar en un gran reloj, intentando pensar qué hacer y cómo encontrar eso que llamaban pintxos cuando un grupo de humanos se convirtió en mi salvación. Un hombre y dos mujeres hablaban de dónde ir a comer algún pintxo, así que di un gran salto y me situé en la nariz del espécimen masculino dispuesto a descansar y que otros hicieran el trabajo duro. ¡Qué equivocado estaba! La culpa fue mía, escogí un terrícola regio y alto, muy alto y claro, las vistas espectaculares pero, hacía un frío indecente. Un viento helador hacía lagrimear mis ojos de pulga y para más inri, empezó a llover otra vez. Pero, todas mis penas desaparecieron cuando vi esto:

lost_in_la_concha_a_fuego_negro_pintxo_donostia

En un templo llamado A fuego negro decidí sin dudar que yo me iba a quedar en Donostia una temporada larga, y que ese manjar lo tenía que probar cuanto antes. Opté por pegarle un buen mordisco en la nariz al terrícola y cuando fue al baño a limpiar la sangre lo dejé K.O. con un certero golpe en el cuello para poder ocupar su lugar. El primer bocado a la Mak Kobe es algo que no olvidaré nunca. Pero la aventura no acabó ahí. Tras pelear contra viento y marea llegamos a otro pequeño oasis de la gastronomía donostiarra, Casa Urola.

lost_in_la_concha_casa_urola_pintxo_donostia

Eso que llamaban alcachofa a la parrilla con almendras es una delicia, su venta en mi planeta estaría regulada por la ley para no acabar con las existencias. Ya no me importaba estar atrapado en un planeta desconocido ni saber que la misión de rescate iba a tardar, dado mi affaire con la mujer del Comandante Supremo. Seguimos la ruta de las exquisiteces hasta un enclave cerca del río, el Kata 4. Ahí es cuando me empecé a preocupar, al ver que los humanos parecían comer rocas. 2 delicias sobre 3 no es una mala media me podía dar por satisfecho. Pero, al acercarme un poco más me di cuenta que realmente, lo que se comían de eso que llamaban ostras era el bicho del interior. Mis prejuicios pudieron conmigo y no me atreví a hincarles el diente, ¡y menos mal!

lost_in_la_concha_kata4_pintxo_donostia

La brocheta de rape, langostinos y vieira explotó en mi boca haciendo crujir todos mis estómagos a la vez. Tras beber bien y comer mejor, volví muy contento paseando hacia La Concha. En el último momento, me acordé de rescatar al pobre terrícola que había dejado encerrado en el baño del primer bar. Creo que volvió a su casa rascándose la cabeza, intentando entender qué demonios había pasado. Yo por mi parte, me di cuenta que me encanta este sitio. Incluso he empezado a aprender el extraño idioma local: DONOSTIA, MAITE ZAITUT!

Creo que me quedo un tiempo aquí: Índice del presente informe de de investigación

¡He sido localizado! No tienen ni idea de cómo sacarme de aquí pero, por lo menos saben dónde estoy. Estaba yo recuperándome del disgusto de ayer mientras intentaba arreglar el “Traductor 6000” cuando he visto que empezaba a entrar una comunicación directa por la radio subespacial. Con enorme alegría he empezado a resumir mi situación y mi localización pero, el General Supremo ha tenido la amabilidad de informarme que todas las naves están ocupadas con la Guerra de la Galaxia Andrómeda. Me ha recalcado que no me debo preocupar, que ha pasado la solicitud de equipo de rescate al departamento correspondiente y que cuando consiga todos los permisos esto será coser y cantar. Se notaba un tono sarcástico sobre todo hacia el final, no sé.

Cuando el General Supremo te informa de algo, no queda más que asentir, y aceptar las decisiones tomadas. Es el gran jefe de nuestra armada y a algunos compañeros les podría extrañar que no hayan tramitado un rescate de urgencia. Pero teniendo en cuenta que su Excelentísimo me sorprendió en actitud poco profesional con su mujer, creo que este rescate va a ir para largo.

lost_in_la_concha_playa_donostia_san_sebastian

En fin, voy a respirar hondo. Esta puede ser la manera de conseguir el ansiado ascenso a Coronel. Voy a dedicarme a investigar este planeta extraño y a resumir mis hallazgos. Ya he decidido los epígrafes del informe:

–       A la caza de alimento: Resumen de mis hazañas de caza y captura de manjares curiosos para llenar mis 5 estómagos. Estoy harto de comer algas, va a ser la misión más urgente.

–       Flora curiosa y fauna indescriptible: Toda planta, animal o cosa que se cruce en mi camino merece un estudio pormenorizado.

–       Misiones de reconocimiento: Reservaré un epígrafe para cumplir con las órdenes directas del General Supremo, si es que no se olvida de mí.

–       Misterios sin resolver: Todo lo que no entienda y a lo que no encuentre explicación.

–       Momentos de relax y mantenimiento de la nave: Los daños han sido grandes, y lo mío me va a costar arreglarla. Esta información será incalculable para los técnicos de arreglos varios.

–       Ritos y costumbres extrañas: Estos terrícolas no se parecen a nada que haya visto antes, van vestidos a la calle y seguro que hacen cosas más raras todavía.

En fin, ya está preparado el índice del informe. Voy a salir a nadar un rato y a gritar todo lo que pienso sobre el General Supremo. Esta insoportable tormenta ahogara mis gritos para que no me oigan los terrícolas. ¿Aquí no para de llover nunca?

Parajes extraños y un idioma desconocido

No hay mal que una buena noche de sueño no cure, pero no es mi caso, porque no he podido dormir. Justo en el momento que había conseguido cerrar los ojos se han abierto los cielos y las aguas se han empezado a revolver, se ha levantado la arena y la nave ha empezado a girar como una peonza. Tengo ojeras en cada uno de mis tres ojos, y estoy muy cansado. Pero, está claro que si la vida te da glicks, hay que hacer zumo de glicks. Por lo que he desempolvado mis conocimientos de metamorfosis cuántica y he tomado la forma de uno de los habitantes de este planeta. Todo apunta a que voy a pasar un tiempo por aquí, y ya es hora de empezar a explorar los alrededores.

Afortunadamente había un espécimen cerca de la nave, dándose un baño. Menos mal que no se le ha ocurrido mirar para abajo. En todo caso, la cosa era sencilla puesto que no llevaba nada puesto. El problema ha llegado cuando por fin me he animado a salir de la playa, la gente me miraba de reojo con cara de espanto. Parece que en este planeta a la gente le gusta ir cubierta, cosa poco práctica para ciertos menesteres, pero reconfortante considerando el clima.

lost_in_la_concha_sarriegi_tamborrada_donostia_san_sebastian

Una pobre mujer se ha apiadado de mí y me ha prestado algo de ropa por lo que he podido pasear algo más cubierto aunque, me han seguido mirando un poco raro. Creo que los abrigos naranjas con motas verdes no están muy a la moda. Paseando, intentaba absorber toda la información que podía, hasta que he llegado a un pequeño altar en una bonita plaza. Parece ser que los soldados rinden pleitesía con algún tipo de himno a sus dioses, puesto que la pizarra de la derecha estaba escrita en un idioma desconocido para mí. He intentado analizarlo con el “Traductor 6000” que tengo acoplado en el tentáculo pero he tenido que salir corriendo. El endemoniado cacharro se ha estropeado y ha empezado a echar chispas. Creo que los humanos tampoco suelen expulsar humo por las orejas. Previendo una situación complicada con el tumulto que se empezaba a crear en la plaza, he optado por volver corriendo a la nave. Revisando la enciclopedia interestelar, he descubierto cosas sobre ese idioma extraño y desconocido, creo que lo llaman euskera.