Lost in La Concha Año 2 #ZorionakGorb

Y así, como quien no quiere la cosa, ya llevo dos años atrapado en este planeta. Iba a ser una misión de rescate rápida y sencilla pero, parece que la cosa va para largo. Es lo que pasa cuando metes el tentáculo donde no debes y la mujer de tu Comandante está en el ajo.

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En todo caso, es un día para celebrar! Zorionak neri! Poco a poco me voy mimetizando con el ambiente; ya he aprendido que el tema de conversación habitual en los ascensores es la estupenda climatología donostiarra y soy capaz de decir Eskerrikasko sin que se me trabe la lengua en el paladar. Estos son los momentos en los que toca echar un vistazo al año que hemos vivido y darse cuenta que… En mejor lugar no habría podido estrellarme. ¿Quién enciende la vela?

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Donostia es tamborrada, y eso se nota en los informes de misión. Siempre está en el top y todo lo que sean palillos y tambores son temas candentes. Además, una fiesta que aglutina comida, bebida, fiesta y la posibilidad de expulsar el estrés dando golpes a un tambor, tiene el éxito asegurado. Este año estrené traje nuevo y la verdad es que me vi de lo más elegante. Siempre he pensado que el toque del traje de cocinero es lo más auténtico pero, la verdad es que el porte y la gallardía que se logra con un traje de soldado hay que tomarlo en cuenta. A pesar de todo, no conseguí ligar ni de cocinero ni de soldado, eso sí. Esto es Donosti, ligar tiene más de milagro que de arte.

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Mi primera boda, fue todo un acontecimiento social. Y ha sido el segundo post más leído a lo largo de este año. Terrícolas míos, como os gusta la fiesta y qué bien os lo sabéis pasar. Eso de los trajes blancos e inmaculados, gente elegante, excelentes manjares… Volvemos a la comida, si es que lo vuestro es un no parar. En todo caso, las relaciones más amistosas se generan una vez abierta la barra libre. Eso de tener un lugar en el que te sirven bebida sin preguntar, es un poco peligroso, ¿no?. Sabes cómo comienzas la noche, conseguir acabarla de manera digna es otra historia.

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Y el post más exitoso del año, como no podía ser de otra manera, va de llenar el estómago. La cena en el Nestor fue una experiencia casi religiosa, y habéis leído la aventura con avidez. A un servidor, le gusta comer de todo; desde una ensalada mixta hasta un huevo frito desconstruído pero, si hay una buena chuleta ya podéis ir pasándome un chuchillo que le pienso hincar el diente. Ahora que lo pienso, todavía tengo pendiente probar su famosa tortilla de patatas así que, habrá que hacer el esfuerzo y regresar

Un año de aventuras; mis inolvidables primeras vacaciones en Perú, un ataque espía en el Hotel de Londres y mi primer atracón de alubias son sólo un ejemplo de las miles de cosas que me quedan por hacer y descubrir. Y sólo lo puedo hacer con vuestra ayuda, encantado de seguir conociéndoos queridos donostiarras, gracias. Vamos a por la próxima aventura.

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En una boda me colé

Sábado tarde sin grandes planes por delante, un tiempo espectacular que atrajo hordas de gente a la hasta entonces relativamente tranquila Bahía de la Concha… ¿qué hacer? En el momento que vi un grupo de gente de punta en blanco entrando en un autobús, sin dudarlo me apunté al viaje.

Una de las cosas que más me empieza a faltar es el amor y el cariño, un poco de roce vamos. En nuestro planeta el tema de la reproducción se ha deshumanizado completamente convirtiéndose en un proceso más en un laboratorio pero, nos sigue gustando la compañía. Y en estas tierras… no hay manera de pillar cacho, brazo o tentáculo. Así que la aventura del sábado fue toda una experiencia, se trataba de un extraño ritual de unión entre terrícolas, los cuales compartían ese momento especial en sus vidas con la familia y amigos.

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Por primera vez crucé la frontera para llegar a Francia, al Chateau D’Arcangues, cerca de Biarritz. En un bonito rincón en plena naturaleza se produjo la unión de dos terrícolas, y el ritual acabó con una curiosa danza perpetrada por amigos de la pareja. Tengo que investigar eso del Agurra, aunque no sé yo si sería capaz de levantar mucho los tentáculos. Definitivamente fue un espectáculo digno de ver.

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Y llegó el momento que más me gusta a mí, empezar a llenar los siete estómagos. Eso de los cocktails es un deporte de riesgo, si no sabes dónde situarte, puede pasar que acabes sin probar bocado, una jauría de más de cien invitados abalanzándose sobre las camareras era digno de un documental. Al principio, se podían observar grupos muy diferenciados, por un lado la familia, por otro los amigos del novio, los amigos de la novia, compañeros de trabajo… Pero, curiosamente según iban llenándose los estómagos, la gente parecía cada vez más cariñosa con el prójimo.

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Uno de los temas más sorprendentes fue encontrarme con una lista de invitados y lugares de cena asignados. Afortunadamente lo solucioné rápido dejando a un invitado K.O. escondido en la foresta y ocupando su lugar. Pero, una vez acabada la cena es cuando la cosa se empezó a desmadrar un poco, extrañas costumbres de reparto de muñecos para darle continuidad al ritual, emotivos abrazos con la familia… Hasta llegar al baile.

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Ay el baile. Ese gran momento en el que diferentes grupos de personas que probablemente no se conocían de nada, se convierten en amigos inseparables. He de confesar que con las luces me sentía como en la nave, mucho mejor acompañado eso sí. Locura y desenfreno en la que me faltaban ojos para ver todo lo que pasaba. Como hacía mucho calor, los pobres invitados estaban sedientos así que las visitas a la barra libre eran continuas, insospechadas parejas de baile demostraban que allí podía pasar cualquier cosa, allí pasó de todo.

En definitiva, una cosa muy bonita esta de las bodas. Bello ritual en el que se juntan el amor el cariño y por qué nos vamos a engañar, la comida y la fiesta, algo que me encanta. Seguí sin pillar cacho pero bueno, me lo pasé como un enano.