A falta de Concha, buenas son zamburiñas

Septiembre en Donosti mola, pero la verdad es que todavía tenía ganas de viajar. Así que aprovechando la puesta a punto de la nave para el viaje a Londres, puse rumbo a un lugar lleno de misterio. Pero sobre todo… ¡Cómo se come en Galicia!

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A mi ya sabéis que lo de llenar el estomago, me pone. Y en esa tierra se puede aprovechar todo lo que ofrece el mar. Lo de las navajas y las zamburiñas, tendría que ser delito. Estoy planteándome seriamente lo de montar un vivero junto a la nave en La Concha. No sería mal negocio. Y pulpo por aquí, sé que se come pero, yo creo que en Galicia sabe diferente. En la vida he dejado los platos tan limpios.

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En todo caso, no sólo me he dedicado a zampar; misión de reconocimiento en Islas Cíes, un paraíso terrenal. Un espectacular lugar que bien merece una larga parada. Tras un buen paseo, opté por poner los tentáculos a remojar. Aguas cristalinas invitaban a un largo baño pero, debí analizar la situación con detenimiento antes de meterme en el mar. Había mucha gente tomando el sol pero, pocos valientes se animaban al baño. Bellísimas aguas cristalinas, pero frías que te ca… Fui prácticamente incapaz de meter la cabeza bajo el agua, miles de agujas me traspasaban la sien. ¡Pero que me quiten lo nadao!

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Volví a Donosti dispuesto a reengancharme al Zinemaldi, una de mis épocas favoritas en San Sebastián. Desafortunadamente, mi baño ártico pasó factura, y me pasé 72 horas K.O. en la nave con gripe galopante. Se me pasó por la cabeza poner en marcha el protocolo de autodestrucción de la nave de lo malito que estaba. Lo mío son los melodramas. Pese a todo, no me puedo quejar, yo mi premio Donostia lo recojo todas las mañanas al amanecer en la Playa de la Concha.

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Comienza un nuevo curso, y con la llegada del otoño, sigo dispuesto a seguir investigando estas tierras. Saludos desde el fondo de la bahía, mis queridos donostiarras.

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Manual del perfecto infiltrado en las playas donostiarras

Quien lo diría en esas largas tardes de lluvia que el cielo azul volvería, y lo más importante, que se quedaría. Toda una semana de sol y buen tiempo. ¡Inmejorable! Soy un alienígena de fácil conformar, y me estoy donostiarrizando rápidamente, una tarde soleada, una buena terraza, una cerveza fresquita y ya no necesito nada más. Pero el efecto más importante de estos días de calor, son las hordas que se lanzan a la playa a tumbarse y tostarse al sol. Cientos de personas se agolpan en la arena. Como aguerrido investigador que soy, ahí van algunos consejos para extraterrestres que quieran pasar desapercibidos en esa jungla de toallas multicolores:

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  • Curiosamente, en lo que a indumentaria playera se refiere, las hembras llevan la menor cantidad de tela posible. Por el contrario, los machos pueden llegar a llevar un bañador que llegue hasta por debajo de la rodilla. Y ya no hablemos de la gente que he llegado a ver con ropa interior por debajo. Personalmente me parece incomodo no, lo siguiente pero bueno, ahí donde fueres haz lo que vieres. Hombres contra más tela mejor, mujeres exactamente lo contrario. Por mi parte, que viva el nudismo.
  • El momento de colocarse en el arenal también es importante. Si hay mucho sitio en la playa es importante pegarse lo más posible a alguien. Hay que colocar la toalla bien cerquita para que la otra persona sepa lo que lees, de que hablas y hasta de qué color tienes los ojos. ¿Será la necesidad de calor humano? Contra más cerca mejor.

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  • El kit de accesorios para la playa, tiene que ser lo más abundante posible. Mochilas gigantes, toallas kilométricas y sombrillas que servirían para dar sombra a todo el estadio de Anoeta, si van acompañadas de enormes neveras llenas de viandas e incluso cocodrilos hinchables mucho mejor. La última vez que intenté llevar todo eso a la playa, ya sabéis, para ser uno más… Bueno, digamos que mi espalda todavía no se ha recuperado. Todo por la patria y la investigación, si hay que deslomarse, uno se desloma.
  • Cuando uno decide darse un baño es super importante ir echando mucha arena alrededor y bautizar a todos en un curioso ritual de arena y agua salada. Y aunque el agua salga más fría que en Neptuno, hay que acabar siempre con una ducha que parece que la haya ha inventado un ser maligno que odia todo lo que sea calor y sol.

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  • Es muy importante también ser capaz de jugar a eso que llaman palas, dos extrañas planchas de madera y un pequeño objeto esférico. No entiendo muy bien el concepto de irse pasando la pelota, si no va a explotar ni nada pero bueno… Lo que si tengo claro es que cada jugador tiene que estar situado en cada punta de la playa. Supongo que saltar por encima del resto de gente y tropezarse con todas las toallas le suma intriga al juego.
  • Dependiendo de la edad, las tareas en la playa están bien repartidas. Los terrícolas más jóvenes chapotean en la orilla bajo la ¿atenta? mirada de sus padres. Los jóvenes se dedican a hacer piruetas en el agua para impresionarse mutuamente con el sexo opuesto. Los adultos se tuestan al sol. Pero los que más cariño me genera son los terrícolas de más edad. Su tarea es pasear por la orilla con las manos en la espalda y decir que ya nunca hace tanto calor como antaño, que los veranos de ahora no son como los de antes.

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Con estas sencillas reglas, el aguerrido aventurero podrá disfrutar de la playa y pasar desapercibido. Yo lo he ido aprendido poco a poco, mis problemas tuve el primer día al darme cuenta que para ponerme un bikini, me tenía que haber metamorfoseado en hembra, y no en un espécimen africano de uno noventa. De la selva y fauna acuática hablaremos otro día, que ese si que es terreno peligroso.