Con A de Alubiada

Hola, me llamo Gorb, Teniente Gorb; y me encanta comer. Vale, este tipo de confesiones están fuera de lugar ya que me vais conociendo un poquito. Por estas tierras lo del comer no es una necesidad fisiológica, es una religión. Y no seré yo el que se queje. Ya pude deleitarme con las bondades de las sidrerías, soy ya uno más de los amantes del txotx. Por cierto, la temporada arrancará en menos de un mes, habrá que ir haciendo hueco en la agenda. Lo bueno es que, a pesar de que pasa el tiempo, este planeta tiene la capacidad de seguirme sorprendiendo.

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¿Te vienes a Berastegi a comer alubias? Obviamente, con sólo incluir el verbo clave en la pregunta ya me tenían conquistado. Aunque no lo parezca, uno intenta llevar una vida sana. Las arduas labores de investigación llevan a este sufrido explorador a ponerse hasta arriba de suculentos platos, así que en los ratos libres servidor procura hacer un poco de deporte y comer sano. Me informaron que una vez a la semana había que comer legumbres. Dicho y hecho, pero me he centrado en las lentejas que dicen que tienen mucho hierro. Por cierto, me salen bastante aceptables, si alguno se anima de visita a la nave, ya sabe dónde encontrarme.

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Pues eso, que tocaba probar unas alubias con todo. Existen diferentes templos de la alubia repartidos por la zona pero, más de uno me ha subrayado el nivel de las del Restaurante Arregi (Kako) en Berastegi. Arrancamos con la ración de fritos de la casa. ¡Ay! La eterna pelea de las raciones de fritos. Porque no hablamos de un plato de croquetas, en las raciones de fritos hay mini-sanjacobos, gambas a la gabardina, huevos con bechamel… Esas miradas que se cruzan en la mesa para intentar saber quién es más fan de la gamba y quién va a atacar primero a las croquetas porque tienen más sustancia. Y ojo con despistarse que igual el de al lado ya se ha comido tres cuando todavía estas decidiendo.

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En todo caso, la pelea por los fritos y el pastel de cabracho fue un mero calentamiento para el plato principal. Las alubias con todo: su costillita, su choricito, su morcillita, su berza… Bueno, en mi caso esta última se quedó fuera. No acabo yo de pillarle el punto a la berza. Pero no es preocupéis que de hambre no me quedé.

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Lo que está claro en el caso de las alubias es que hay muchas escuelas de degustación. Hay gente que primero como el chorizo con pan, luego saborea la morcilla con un poco de berza y remata las alubias. Otros primero las alubias y luego van picando de condimentos. Yo opté por trabajar un poco antes para luego degustar el plato como dios manda; trocear todos los condimentos en el plato peleando con las ansias de empezar a dar bocados, para saborear luego todo junto a las alubias. Pura crema en la boca sí señor.

Del postre no llegue a la foto, porque ahí sí que sí, no me pude resistir a darle un bocado al bizcocho hecho en casa con chocolate por encima. Lo que está claro que se avecina un largo invierno pero, con planes como éste, ¿quién se va a quejar de que el sol haya huido?

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Megan Fox, un dulce néctar llamado gin-tonic y un posible intento de envenenamiento

Mmmmhhhhh, creo que he sido descubierto. ¡Qué dolor de cabeza! Juraría que han intentado envenenarme. Es como si millones de hormigas estuvieran bailando la conga por mi cabeza. Ayer hice mi primera misión seria de reconocimiento y mi posición tuvo que verse comprometida. No entiendo como a un agente experto como yo pudo caer en esto.

Ya llevo unos días por aquí, y el hambre empezaba a causar estragos. Está claro que no puedo basar mi sustento en las algas de la bahía. Era necesario salir a cazar, aunque todavía no había visto nada apetecible paseando por la bahía. He podido conectarme a una cosa que los terrícolas llaman Internet, que me está ayudando a aprender sobre sus ritos y costumbres. Así que opté por transformarme en un espécimen que generara admiración y expectación, y elegí a una tal Megan Fox. Parece que esta señorita tiene muchos admiradores por esa cosa que llaman el ciberespacio. Eso sí, opté por transformarme con ropa, visto el éxito de la última salida.

Pensaba que así sería más fácil relacionarme con la fauna local pero, curiosamente nadie se acercaba. Muchas miraditas y ojos desorbitados, pero nada. Creo que a alguno se le llegó a desencajar la mandíbula pero, conmigo no hablaba nadie. Tendré que analizar mejor los ritos sociales de esta gente, porque hay algo que se me escapa. Así que opté por entrar al primer bar y es cuando todo cambio.

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Se me acercó el primer espécimen a ofrecerme un dulce néctar. Bueno, que era una bebida lo entendí cuando empecé a comerme todos los manjares que flotaban en la copa y me explicaron que eso no se hacía así. En mi planeta al menos, hacemos una separación clara entre lo que se come y lo que se bebe. El porcentaje de materia solida era superior al de materia liquida en el recipiente que me habían pasado, así que pensé que mi conclusión había sido la más obvia. Pero no voy a negar que tras acabarme la primera copa, la vida me pareció mucho más bonita. No importaba que estuviera atrapado en un planeta extraño, todo era alegría y color.

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Y la gente me seguía sacando copas con ese dulce néctar al que llamaban gintonic, y yo me notaba flotar como en los campos ingrávidos de Plutón. Y bailé, y canté mientras la noche seguía adelante. Estoy convencido que en algún momento de esa locura  es cuando alguien tuvo que echar algo en mi bebida, porque el campeonato de maracas que hay en mi cerebro no es normal. Pero en aquel instante nada me importaba, y bebí y bebí… Y seguí bebiendo.

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Todavía no tengo claro  como conseguí volver a la bahía. El problema era saber dónde estaba la nave. De noche, en un estado de euforia incontrolada y cantando un himno de apareamiento terrícola, Danza Kuduro creo que lo llaman, no había manera de encontrar la nave en la negrura.

Tras dar un par de vueltas a la bahía opté por quedarme acurrucado en unas escaleras y esperar a la mañana. Y hasta aquí, si consigo recuperarme de esta prometo venganza. No sé quien intentó atacarme de manera tan desvergonzada aprovechando mi debilidad pero lo pagará caro.  Ahora me toca limpiar un poco la nave, que creo que me traje la arena de media playa conmigo.