Llega la Navidad y se va el 2013

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Pues nada, que está el ambiente revolucionado. Que ha nacido ese tal Jesús, y todo es alegría y alborozo. Entre la txistorra, el turrón  y los polvorones esto está siendo una carrera de fondo para mis siete estómagos. La denominada Navidad es una época única en el año en la que los humanos están sospechosamente felices. No sé si se debe a una alegría inducida por los litros de champán que se consumen  estos días, o una felicidad obligada por algún ser supremo que establece el ser alegre en estas fechas como obligatorio. Por eso, y tras mis primeras incursiones en las cenas, comidas y demás excesos navideños, ahí van algunos consejos para los intrépidos exploradores que no conocen estas curiosas festividades:

  • ¿Olentzero, Papá Noel o Reyes Magos? No negaré que el marketing del Olentzero es más flojito que el de Papá Noel. El señor del gorro rojo es bastante más agradable a la vista que el carbonero alcohólico que baja del monte. Por otro lado, no entraré a discutir las bondades del trío monárquico (vienen con roscón, no niego con eso ya ganan puntos). Pero, ¿para qué elegir? Mejor intentar colarse en la lista de niños buenos de los tres, por algún lado algo caerá, estadística pura.
  • Ojito con el turrón, especialmente esas tabletas diabólicas denominadas “del duro”. Esa aleación de materiales serviría para recubrir cualquier edificio contra ataques aéreos. Muy recomendable tener el laser sónico a mano para partirlo puesto que esas puñeteras tabletas son prácticamente irrompibles. ¡Ah! Y cuando te digan que es tradicional cantar un villancico con un polvorón en la boca no te lo creas, te están tomando el pelo.
  • El denominado “amigo invisible” es un juego de lo más macabro en el que te toca hacer un regalo a alguien, que puede ser que hasta te caiga mal. Además, el presupuesto suele ser paupérrimo y hay que ser capaz de adentrarse en la selva que son las tiendas donostiarras en esta época, sobre todo en hora punta. Es un ejercicio de voluntad del que pocos salen bien parados. El otro día me encontré a una señora hecha un ovillo en una perfumería agarrando un bote de cremas rebajadas repitiendo: el último regalo, el último regalo el último regalo…
  • El “Eguberri on” (Feliz Navidad) y el “Urte berri on” (Feliz año nuevo) se convierten en la coletilla final para cualquier conversación en estas fechas. Da igual que estés hablando con el guardia municipal que te está poniendo una multa o la vecina indignada que considera que ir cantando hacia la nave por La Concha a las 5 de la mañana no es de recibo. Hay que decir las palabras mágicas.

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De todas maneras, a pesar de las dificultades que entrañan tan extrañas fiestas, no negaré que me están encantando. El ambiente se transforma en algo especial, en definitiva, huele a Navidad. Yo intentaré acabar el año haciendo deporte de manera lo más digna posible. La San Silvestre es una de las más famosas carreras populares de la ciudad, y yo cada vez soy más donostiarra. Espero sobrevivir. Desde mi rincón en La Concha, espero que tengáis un gran 2014, y que nos sigamos viendo por el mundo 2.0 ¡Urte berri on!

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Y el día de Santo Tomás me enamoré

Bueno, técnicamente debo decir que fue la noche anterior. Esto que llamáis Navidad me tiene un poco descolocado. Tantas luces, tanta gente comprando tanto movimiento… Mucho trabajo para un pobre explorador que al final el viernes acabó explotando del estrés y decidió pasear. Y paseando paseando… llegué hasta un bonito caserío donde la conocí. Cuando nuestras miradas se cruzaron supe que estábamos destinados a estar juntos. Pasamos toda la noche “hablando” y me sentí tan relajado, como si estuviera de vuelta en mi planeta natal. El amanecer nos pilló desprevenidos y me avisó que tenía que irse: “¿Vives en la Concha? No te preocupes, yo hoy estaré por Donosti, nos vemos en la Plaza de la Constitución; me reconocerás fácilmente te lo aseguro”

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Así que volví a mi hogar dispuesto a disfrutar de ese día tan importante. Y la verdad es que fue una experiencia muy positiva. Conmemorando las ferias en las que los granjeros bajaban a la ciudad a vender sus productos antes del invierno, Santo Tomás transforma la ciudad. Puestos por todas las esquinas en los que se podía encontrar de todo: pan, fruta, verduras, miel, dulces… ¡Ese pastel vasco!

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Aunque sin duda, los más solicitados eran los puestos de talos. Sabía que si tal cantidad de gente esperaba para probar semejante manjar por algo sería así que, en la cola me puse.

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Rico, muy rico, deliciosas tortas de harina de maíz que superaron mis expectativas. Tengo que intentar hacerlos en la nave, porque el bolsillo de este aventurero no está para pagar 5 euros cada vez que tenga ganas de talo. Pero, la mejor parte es el interior. Ay, la txistorra, que rica está la txistorra. En bocadillo, en minibocadillo, en pintxo, en talo e incluso sola está para comérsela toda todita toda. Los chorretones de grasa que recorren la cara del 90% de los terrícolas ese día demuestran que es un manjar apreciado.

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Disfrutaba como nunca de las viandas pero, yo tenía planes importantes para aquel día. Debía reencontrarme con la que me había robado el corazón. Así que talo en mano rápidamente me dirigí al centro de la plaza, el gentío me demostraba que mi amada no estaba lejos.

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Ay mi Jaxinta, qué guapa estaba. Pero no entendía por qué se empeñaba en darme la espalda. No era capaz de mirarme a los ojos tras esa bonita noche que habíamos pasado juntos. Al principio pensé que era porque no me veía. La verdad es que la zona estaba muy concurrida y mi cerda querida era el centro de la fiesta. Tras pasarme un buen rato haciendo gestos para atraer su atención, finalmente conseguí que se diera la vuelta. Con una mirada tan fría que congelaría La Concha y una voz de ultratumba me informó: “Te estás comiendo a mi prima Margari”.

Del susto se me cayó el talo al suelo (con lo que costaba el jodío), y ese fue el momento en el que entendí que la txistorra tenía procedencia animal. ¡Si es que en mi planeta toda la comida se hace en el laboratorio! Con el corazón herido pero los 7 estómagos bien llenos, volví a la fiesta a seguir comiendo. Me di cuenta que lo mío con Jaxinta no podía ser. Lo nuestro era un amor imposible.

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Las mujeres vascas son muy suyas, lo hemos comentado más de una vez. Y aquel día quedé bien escarmentado. Opté por hacer lo que todo vasco hace en estos casos, refugiarse en la kuadrilla. Os presento a Joxepo, un tipo muy majo aunque bastante parco en palabras, vamos, vasco. Así que, borramos los rastros del desamor a base de talos y botellas de sidra. Pero, no desespero, seguro que hay alguien por ahí que busque que le den cariño.

Campos de entrenamiento para miniterrícolas

Este fin de semana la lluvia nos ha dado un respiro en Donostia, al menos durante periodos suficientemente largos como para que haya podido salir a realizar cortas misiones de reconocimiento. Lo del frio es otro cantar, pero bueno, no hay nada que no se solucione con unas cuantas capas de ropa.

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Dado que sólo había gente valiente por las calles, vamos, cuatro gatos, quería aprovechar para analizar unos rincones muy sospechosos que llevaban escamándome mucho tiempo. Por toda la ciudad hay diseminados unos lugares llenos de color y aparatos extraños. Especialmente por las tardes y los fines de semana están llenos de humanoides en fase de desarrollo que pasan el tiempo gritando y saltando, mientras especímenes más maduros los vigilan de cerca.

Los llaman parques infantiles, para mí, campos de entrenamiento para miniterrícolas. Siempre están llenos, y son fáciles de descubrir si uno se guía por el ruido que se genera en ellos. Pero, el sábado, estaban vacios. No me extraña, con el frío que hacía yo me hubiera quedado en la nave tapado hasta la nariz. Pero, un servidor es un explorador sacrificado por la causa, así que me dirigí a estudiar de manera exhaustiva esos campos de entrenamiento.

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Vamos a ver, eso que llamáis columpios, que alguien me explique con detenimiento el concepto de un asiento incomodo a más no poder unido a una barra de hierro por dos cadenas. Inicialmente, me senté plácidamente, y no pasó nada de nada. Corrección, me mojé el trasero, porque había dejado de llover hacía poco. Una dulce ancianita fue amabilísima y me explico el funcionamiento de ese extraño artilugio. Vale, vas hacia atrás y luego hacia adelante. El árbol de enfrente está lejos y luego cerca… No saqué nada reseñable de la experiencia, sólo levantarme mareado.

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Lo del tobogán lo disfruté un poco más. El único problema fue que me quedé atascado a mitad de camino. Serán los incontrolables atracones de torrijas que llevo en las últimas semanas. Afortunadamente, no hay nada que un poco de aceite super deslizante de la nave no arregle.

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Finalmente, intenté probar el balancín. Pero bueno, ¿qué mente cruel decidió inventar un sistema que obliga a tener 2 individuos disponibles para disfrutarlo? ¿Qué pasa con los pobres exploradores que estamos solos en este planeta y no tenemos con quién jugar? Tras pasarme una hora sentado en el dichoso aparato mirando al infinito y volver a mojarme el trasero, decidí volver a la nave a entrar en calor.

No entiendo esos lugares, no les veo la gracia. Será que ya soy un investigador hecho y derecho que ha vivido mucho y le falta la inocencia de los miniterrícolas para disfrutar de estos centros de supuesta diversión. Vistas las gélidas temperaturas, mejor me irá si vuelvo a dedicarme a las misiones de interior.

El ataque de los 28.000

Mensaje para el Teniente Gorb

Nuestros sensores han detectado movimientos de 28.000 soldados corriendo hacia su posición STOP Esperemos que todo esté bien STOP Seguimos monitorizando sus acciones STOP Su madre le manda saludos

La Comandancia Interestelar

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Estimada Comandancia:

Muchas gracias por dar señales de vida. Pensaba que ya se habían olvidado de mí. Les agradecería que hicieran caso de mis solicitudes de provisiones. Lo de la alimentación lo tengo cubierto bastante bien pero, el tema de la limpieza de la nave deja mucho que desear. El salitre de la bahía de la Concha empieza a hacer estragos en el casco de la nave, y mí esta humedad me sienta fatal.

Agradezco enormemente su preocupación por el movimiento de tropas señalado pero, teniendo en cuenta que todo esto fue el domingo por la mañana, a estas alturas de la película ya no estaría entre los vivos. No se preocupen, tan sólo se trataba de la Behobía-San Sebastián, una de las carreras populares más conocidas en este planeta.

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Ya les informe en su momento, que por esta ciudad lo de correr se lleva mucho, y he de confesar que engancha. Sobre todo en el último par de meses, se ha podido observar a gente trotar por todas las zonas de la ciudad, a todas las horas del día y de la noche. Me costó lo mío descubrir que se trataba de la preparación para esta conocida carrera. Ya son 49 ediciones y decir que se ha sido capaz de finalizarla es un símbolo de estatus que sólo algunos consiguen. Una ruta de 20 kilómetros que une la frontera con Donostia hace sufrir a más de uno con el Alto de Gaintxurizketa, o el falso llano de la Avenida de Navarra por ejemplo.

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Pero, la ciudad se vuelca con la carrera y según he podido observar, las sensaciones de recorrer especialmente los últimos kilómetros animados por cientos de personas que aplauden, tienen que ser indescriptibles. Además, hay que tener en cuenta que en noviembre, el tiempo por estas tierras no suele ser especialmente agradable. El domingo hubo lluvia, frío y sobre todo viento, mucho viento. Por eso, todas las personas que consiguieron superar semejante hazaña tienen todo mi apoyo y admiración.

Al principio me reía cuando veía a estos corredores vestidos de ropas de colores sudar mientras recorrían la bahía de lado a lado. Ahora que empiezo a ser cada vez más donostiarra, he de confesar que es una sensación que engancha. Quizá incluso me una a ellos en esta carrera alguna vez, quizás en el 2018?

Díganle a mi madre que estoy muy bien en Donostia.

¿Se acabó el terrazing en Donosti?

Más de una vez hemos hablado de los pintxos, esa tradición terrícola que tanto amo. Esta gente son anímales sociales y buscan juntarse con sus congéneres. Ir de bar en bar llenando el estomago con maravillas culinarias mientras se beben vinos, cervezas o mostos es algo que todo el mundo disfruta. Lo que faltaba comentar es un deporte complementario que desde que llegue aquí practico con asiduidad, el terrazing.

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A esta gente le gusta hablar, juntarse,  comentar todo y nada, chismorrear, y sobre todo, enterarse de los cotilleos del barrio. Y para esa tarea ¿qué mejor que una terraza? Más del 90% de los bares multiplican su clientela en los meses de calor colocando mesas y sillas en el exterior y el humano aprovecha para juntarse con sus amigos, familiares, novios, novias y demás congéneres. Siempre están llenas, siempre. Lo cual me parece a veces extraño, porque algunas sillas son más incomodas que el trono de hierro de “Juego de Tronos” (últimamente me ha dado por leer en la nave, ya hablaremos de todo esto más adelante).

En una terraza se puede hacer de todo, desayunar con todas las de la ley es una de mis opciones favoritas. Café, zumo y una buena tostada con aceite en los días que me siento sano, y un capricho dulce para los días más traviesos. Lo que jamás haré es tomar un café con leche con un pintxo de tortilla, otra tradición muy extendida que jamás entenderé. Elementos que para mí, por separado son deliciosos, pero que juntos suponen una mezcla… demasiado extraña. Y eso que mis 7 estómagos han recibido de todo.

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Pero no sólo de desayunos vive el alienígena, y si uno consigue un hueco en una terraza bien situada, puede ir encadenando bebidas y comidas hasta la madrugada. Se puede seguir el desayuno con un rico pintxo para el hamaiketako (¿habéis visto cómo empiezo a controlar los términos locales en esa lengua extraña que es el euskera?), comer un rico bocadillo, enganchar un par de cafés por la tarde y acabar cenando de raciones en buena compañía. Ay, ¡las raciones! Manjares para degustar en grupo, donde la gracia está en pedir un poco de todo para compartir la pitanza. Pero ojo, es imprescindible situarse bien en la mesa, y estar al loro en las cosas que van trayendo de la cocina. El que se despiste se queda sin comer. “La pelea por la última guindilla del plato”, deporte extremo en el que hay que entrenarse a conciencia. Para acabar la noche no pueden faltar un par de buenos gin-tonic rematados con una ronda de mojitos.

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Os he pintado una imagen de lo más bucólica y seguro que estáis deseando sentaros en una terraza a disfrutar. Pero amigos míos, ya está aquí el otoño. Lamentablemente, la climatología adversa complica el concepto terrazil dado que las nubes donostiarras sufren de incontinencia. Además, las temperaturas van bajando sin remedio demostrando que ya están cada día más lejos los días de verano. Pero, ¡que nadie se preocupe! Los más rápidos ya han descubierto maneras de mantener sus terrazas para que podamos disfrutar de ellas: estufas portátiles, farolas de calor, mantas o toldos cerrados han dado paso a las terrazas de invierno. Me quedan meses para probar muchas terrazas todavía.

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Por último no olvidemos que San Sebastián es una ciudad hermosa, en la que aunque el verano haya quedado atrás, todavía podemos ver anocheceres como estos. Si hace un poco más de frío, habrá que ponerse un buen jersey y a seguir investigando y conociendo esta tierra.

Manual del perfecto infiltrado en las playas donostiarras

Quien lo diría en esas largas tardes de lluvia que el cielo azul volvería, y lo más importante, que se quedaría. Toda una semana de sol y buen tiempo. ¡Inmejorable! Soy un alienígena de fácil conformar, y me estoy donostiarrizando rápidamente, una tarde soleada, una buena terraza, una cerveza fresquita y ya no necesito nada más. Pero el efecto más importante de estos días de calor, son las hordas que se lanzan a la playa a tumbarse y tostarse al sol. Cientos de personas se agolpan en la arena. Como aguerrido investigador que soy, ahí van algunos consejos para extraterrestres que quieran pasar desapercibidos en esa jungla de toallas multicolores:

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  • Curiosamente, en lo que a indumentaria playera se refiere, las hembras llevan la menor cantidad de tela posible. Por el contrario, los machos pueden llegar a llevar un bañador que llegue hasta por debajo de la rodilla. Y ya no hablemos de la gente que he llegado a ver con ropa interior por debajo. Personalmente me parece incomodo no, lo siguiente pero bueno, ahí donde fueres haz lo que vieres. Hombres contra más tela mejor, mujeres exactamente lo contrario. Por mi parte, que viva el nudismo.
  • El momento de colocarse en el arenal también es importante. Si hay mucho sitio en la playa es importante pegarse lo más posible a alguien. Hay que colocar la toalla bien cerquita para que la otra persona sepa lo que lees, de que hablas y hasta de qué color tienes los ojos. ¿Será la necesidad de calor humano? Contra más cerca mejor.

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  • El kit de accesorios para la playa, tiene que ser lo más abundante posible. Mochilas gigantes, toallas kilométricas y sombrillas que servirían para dar sombra a todo el estadio de Anoeta, si van acompañadas de enormes neveras llenas de viandas e incluso cocodrilos hinchables mucho mejor. La última vez que intenté llevar todo eso a la playa, ya sabéis, para ser uno más… Bueno, digamos que mi espalda todavía no se ha recuperado. Todo por la patria y la investigación, si hay que deslomarse, uno se desloma.
  • Cuando uno decide darse un baño es super importante ir echando mucha arena alrededor y bautizar a todos en un curioso ritual de arena y agua salada. Y aunque el agua salga más fría que en Neptuno, hay que acabar siempre con una ducha que parece que la haya ha inventado un ser maligno que odia todo lo que sea calor y sol.

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  • Es muy importante también ser capaz de jugar a eso que llaman palas, dos extrañas planchas de madera y un pequeño objeto esférico. No entiendo muy bien el concepto de irse pasando la pelota, si no va a explotar ni nada pero bueno… Lo que si tengo claro es que cada jugador tiene que estar situado en cada punta de la playa. Supongo que saltar por encima del resto de gente y tropezarse con todas las toallas le suma intriga al juego.
  • Dependiendo de la edad, las tareas en la playa están bien repartidas. Los terrícolas más jóvenes chapotean en la orilla bajo la ¿atenta? mirada de sus padres. Los jóvenes se dedican a hacer piruetas en el agua para impresionarse mutuamente con el sexo opuesto. Los adultos se tuestan al sol. Pero los que más cariño me genera son los terrícolas de más edad. Su tarea es pasear por la orilla con las manos en la espalda y decir que ya nunca hace tanto calor como antaño, que los veranos de ahora no son como los de antes.

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Con estas sencillas reglas, el aguerrido aventurero podrá disfrutar de la playa y pasar desapercibido. Yo lo he ido aprendido poco a poco, mis problemas tuve el primer día al darme cuenta que para ponerme un bikini, me tenía que haber metamorfoseado en hembra, y no en un espécimen africano de uno noventa. De la selva y fauna acuática hablaremos otro día, que ese si que es terreno peligroso.

Fútbol, pintxos, iglesias y Google

En mi planeta tenemos 7 dioses. Nunca he entendido muy bien por qué asociamos nuestras deidades a los giros del planeta alrededor de nuestra estrella pero bueno, es una cosa que se estableció hace siglos, y no estamos para discutir. Mi planeta gira 7 veces sobre su propio eje hasta conseguir dar una vuelta entera a nuestra estrella. Así, cada giro se asocia a un dios diferente, según en qué momento nacemos, se supone que tendremos las cualidades de ese dios.

La verdad es que la religión es un tema que me genera sentimientos encontrados. Como investigador intergaláctico, establezco las bases de mis creencias en la ciencia pero, siempre me han surgido dudas sobre lo que hay más allá.

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Los terrícolas no son menos, y la ciudad está plagada de centros de adoración. En mi modesta opinión extraterrestre, las de la Parte Vieja son las más bonitas. Tanto por su localización como por su aspecto. Esos lugares de culto siempre tienen un aire especial que huele a historia. Según he leído, han ido perdiendo adeptos con el paso de los años pero, siguen congregando a creyentes todos los días. Personalmente, el que me da más pena es San Sebastián, que da su nombre a la ciudad. No me extraña que mire con cara de circunstancia desde la entrada de Santa María, dudo que esas flechas sean un complemento cómodo.

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Pero, realmente, no sólo alimentando el espíritu vive el hombre. Los bares son un sitio  mucho más concurrido. Desde que descubrí el pintxo pote los jueves me he dado cuenta que los terrícolas son mucho más aficionados a llenar el estómago que el espíritu. El acto de juntarse en el bar es casi obligatorio para muchos. Teniendo en cuenta la gastronomía local, y los pintxos, uno de sus grandes inventos; no me extraña nada de nada. Esta vez me permito recomendaros el Bar Bergara, un clásico según he oído algo alejado del bullicio de la Parte Vieja pero, imprescindible. Su Txalupa es prácticamente una experiencia religiosa en si misma.

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Se dice que un Dios es omnipresente, omnisciente y omni muchas cosas más. Vamos, que lo sabe todo, y por estos parajes el primero que al menos a mi me viene a la cabeza es…

Google

San Google que estás en todas partes, en ti ponemos todos nuestra fe, al menos en este planeta. Si me dieran un euro por cada vez que oigo hablar de Google en el día a día sería millonario. La fe incondicional que ponen los terrícolas en esta herramienta me da escalofríos. El tío que esté detrás de esto tiene que estar forrado. Pero, para observar masas enfurecidas hay que ir al mayor templo de adoración de esta ciudad.

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Este es el lugar dónde la fe se vive de manera más enfervorecida. Masas de gente  se acercan a este punto neurálgico. A pesar de que las celebraciones hayan parado hasta el mes que viene, sigue siendo el tema central de conversación en Google, los bares y hasta supongo que las iglesias. El fútbol mueve montañas en este planeta, y yo personalmente lo de 11 tipos contra otros 11 peleando por una pelotita… Como que no acabo de verlo. Pero si sigo viviendo por aquí, no sé que me da que acabaré convirtiéndome a esta extraña religión.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él

No me puedo quejar, ha sido un fin de semana de lo más agradable. He seguido con mi inmersión gastronómico-social en la fauna local a base de comer un pintxo detrás de otro. El viernes probé un nuevo concepto, la “Keler Pintxo Week” que me dio pié a saborear diferentes delicias acompañados de cerveza, un dorado líquido delicioso que se merece un post aparte. Esta gente bebe líquidos de todo tipo y color, habrá que ir probándolos.

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Deliciosos alimentos en el Salt el viernes y un sol esplendido el fin de semana. ¿Qué más se puede pedir? El domingo decidí alejarme un poco y descubrir el verde esplendor de un parque que llaman Cristina Enea. Debo volver a analizarlo más a fondo, pues sólo conseguí arañar la superficie de los misterios que esconde: anímales extraños, árboles curiosos y terrícolas disfrutando de un hermoso día. Las primeras imágenes de la misión están a vuestra disposición en Facebook.

El problema llegó ayer por la mañana, cuando me quedé atascado en el módulo de descanso sin poder salir. Fueron unos horribles momentos de angustia en los que mis 234 años pasaron delante de mis ojos en 10 segundos: mi primer día de escuela, mi graduación en la Academia… Estaba claro que pasarme toda la semana poniéndome hasta arriba de pintxos había tenido sus consecuencias.

Nunca he sido amigo del ejercicio, y las pruebas físicas para teniente me costaron lo mío. No voy a negar que un cilindros de metacrilato de los módulos de descanso no son precisamente holgados pero, esa experiencia cercana a la muerte me hizo darme de bruces con la realidad, había aumentado mi envergadura corporal de manera significativa

Ya llevo un tiempo aquí, y he podido constatar cosas curiosas. Los habitantes de esta ciudad tienen constantemente vigilada la playa, temiendo una invasión por mar. Lo que supongo que serán soldados van haciendo la ronda alrededor de la bahía durante prácticamente las 24 horas del día.

A paso más que ligero, recorren toda la bahía con cara de extenuación para volver por el mismo lugar por el que han venido. Lo que no acabo de de entender es la poca seriedad con la que realizan su tarea. Muchos van haciendo la ronda en grupo y hablando entre ellos, si los marcianos los atacasen, les pillarían desprevenidos. Además, más de uno lleva aparatos de música portátiles, lo que minimiza su capacidad de escucha. Si me instructor de la Academia los viera… Pero lo más grave es, ¡que se visten de colores chillones! Camisetas verdes, azules e incluso amarillas. ¡Amarillas! No creo que sea la mejor manera para que un buen soldado se camufle.

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Otro aspecto interesante, más de uno recorre un camino delimitado en color rojo para hacer la ronda, y acaba discutiendo con los soldados que circulan en unos extraños aparatos de transporte mecánico. Es un poco raro, porque parece que el ejercicio lo tiene que hacer el propio soldado para poder moverse. ¡Cuánto les queda por aprender a estos humanos! Si supieran las propiedades energéticas de eso que llaman aguacate, serían capaces de transportarse de manera mucho más eficiente.

En resumen, la bahía está cada vez más poblada y me siento cada vez más observado, pero estas patrullas son la excusa perfecta para hacer un poco de ejercicio. Estoy sólo y abandonado en este planeta, y lo mejor es pasar a una infiltración más agresiva tras las líneas enemigas.

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Si en mi planeta me vieran así vestido, me obligarían a internar en algún centro psiquiátrico. Pero, soy un investigador sacrificado y esta es una manera para conocer más sobre los terrícolas. Paso a paso voy aprendiendo un poco de sus ritos y costumbres, y dado que estoy aquí solo, y sin apoyo logístico: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”

Creo que me quedo un tiempo aquí: Índice del presente informe de de investigación

¡He sido localizado! No tienen ni idea de cómo sacarme de aquí pero, por lo menos saben dónde estoy. Estaba yo recuperándome del disgusto de ayer mientras intentaba arreglar el “Traductor 6000” cuando he visto que empezaba a entrar una comunicación directa por la radio subespacial. Con enorme alegría he empezado a resumir mi situación y mi localización pero, el General Supremo ha tenido la amabilidad de informarme que todas las naves están ocupadas con la Guerra de la Galaxia Andrómeda. Me ha recalcado que no me debo preocupar, que ha pasado la solicitud de equipo de rescate al departamento correspondiente y que cuando consiga todos los permisos esto será coser y cantar. Se notaba un tono sarcástico sobre todo hacia el final, no sé.

Cuando el General Supremo te informa de algo, no queda más que asentir, y aceptar las decisiones tomadas. Es el gran jefe de nuestra armada y a algunos compañeros les podría extrañar que no hayan tramitado un rescate de urgencia. Pero teniendo en cuenta que su Excelentísimo me sorprendió en actitud poco profesional con su mujer, creo que este rescate va a ir para largo.

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En fin, voy a respirar hondo. Esta puede ser la manera de conseguir el ansiado ascenso a Coronel. Voy a dedicarme a investigar este planeta extraño y a resumir mis hallazgos. Ya he decidido los epígrafes del informe:

–       A la caza de alimento: Resumen de mis hazañas de caza y captura de manjares curiosos para llenar mis 5 estómagos. Estoy harto de comer algas, va a ser la misión más urgente.

–       Flora curiosa y fauna indescriptible: Toda planta, animal o cosa que se cruce en mi camino merece un estudio pormenorizado.

–       Misiones de reconocimiento: Reservaré un epígrafe para cumplir con las órdenes directas del General Supremo, si es que no se olvida de mí.

–       Misterios sin resolver: Todo lo que no entienda y a lo que no encuentre explicación.

–       Momentos de relax y mantenimiento de la nave: Los daños han sido grandes, y lo mío me va a costar arreglarla. Esta información será incalculable para los técnicos de arreglos varios.

–       Ritos y costumbres extrañas: Estos terrícolas no se parecen a nada que haya visto antes, van vestidos a la calle y seguro que hacen cosas más raras todavía.

En fin, ya está preparado el índice del informe. Voy a salir a nadar un rato y a gritar todo lo que pienso sobre el General Supremo. Esta insoportable tormenta ahogara mis gritos para que no me oigan los terrícolas. ¿Aquí no para de llover nunca?

Parajes extraños y un idioma desconocido

No hay mal que una buena noche de sueño no cure, pero no es mi caso, porque no he podido dormir. Justo en el momento que había conseguido cerrar los ojos se han abierto los cielos y las aguas se han empezado a revolver, se ha levantado la arena y la nave ha empezado a girar como una peonza. Tengo ojeras en cada uno de mis tres ojos, y estoy muy cansado. Pero, está claro que si la vida te da glicks, hay que hacer zumo de glicks. Por lo que he desempolvado mis conocimientos de metamorfosis cuántica y he tomado la forma de uno de los habitantes de este planeta. Todo apunta a que voy a pasar un tiempo por aquí, y ya es hora de empezar a explorar los alrededores.

Afortunadamente había un espécimen cerca de la nave, dándose un baño. Menos mal que no se le ha ocurrido mirar para abajo. En todo caso, la cosa era sencilla puesto que no llevaba nada puesto. El problema ha llegado cuando por fin me he animado a salir de la playa, la gente me miraba de reojo con cara de espanto. Parece que en este planeta a la gente le gusta ir cubierta, cosa poco práctica para ciertos menesteres, pero reconfortante considerando el clima.

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Una pobre mujer se ha apiadado de mí y me ha prestado algo de ropa por lo que he podido pasear algo más cubierto aunque, me han seguido mirando un poco raro. Creo que los abrigos naranjas con motas verdes no están muy a la moda. Paseando, intentaba absorber toda la información que podía, hasta que he llegado a un pequeño altar en una bonita plaza. Parece ser que los soldados rinden pleitesía con algún tipo de himno a sus dioses, puesto que la pizarra de la derecha estaba escrita en un idioma desconocido para mí. He intentado analizarlo con el “Traductor 6000” que tengo acoplado en el tentáculo pero he tenido que salir corriendo. El endemoniado cacharro se ha estropeado y ha empezado a echar chispas. Creo que los humanos tampoco suelen expulsar humo por las orejas. Previendo una situación complicada con el tumulto que se empezaba a crear en la plaza, he optado por volver corriendo a la nave. Revisando la enciclopedia interestelar, he descubierto cosas sobre ese idioma extraño y desconocido, creo que lo llaman euskera.