En una boda me colé

Sábado tarde sin grandes planes por delante, un tiempo espectacular que atrajo hordas de gente a la hasta entonces relativamente tranquila Bahía de la Concha… ¿qué hacer? En el momento que vi un grupo de gente de punta en blanco entrando en un autobús, sin dudarlo me apunté al viaje.

Una de las cosas que más me empieza a faltar es el amor y el cariño, un poco de roce vamos. En nuestro planeta el tema de la reproducción se ha deshumanizado completamente convirtiéndose en un proceso más en un laboratorio pero, nos sigue gustando la compañía. Y en estas tierras… no hay manera de pillar cacho, brazo o tentáculo. Así que la aventura del sábado fue toda una experiencia, se trataba de un extraño ritual de unión entre terrícolas, los cuales compartían ese momento especial en sus vidas con la familia y amigos.

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Por primera vez crucé la frontera para llegar a Francia, al Chateau D’Arcangues, cerca de Biarritz. En un bonito rincón en plena naturaleza se produjo la unión de dos terrícolas, y el ritual acabó con una curiosa danza perpetrada por amigos de la pareja. Tengo que investigar eso del Agurra, aunque no sé yo si sería capaz de levantar mucho los tentáculos. Definitivamente fue un espectáculo digno de ver.

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Y llegó el momento que más me gusta a mí, empezar a llenar los siete estómagos. Eso de los cocktails es un deporte de riesgo, si no sabes dónde situarte, puede pasar que acabes sin probar bocado, una jauría de más de cien invitados abalanzándose sobre las camareras era digno de un documental. Al principio, se podían observar grupos muy diferenciados, por un lado la familia, por otro los amigos del novio, los amigos de la novia, compañeros de trabajo… Pero, curiosamente según iban llenándose los estómagos, la gente parecía cada vez más cariñosa con el prójimo.

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Uno de los temas más sorprendentes fue encontrarme con una lista de invitados y lugares de cena asignados. Afortunadamente lo solucioné rápido dejando a un invitado K.O. escondido en la foresta y ocupando su lugar. Pero, una vez acabada la cena es cuando la cosa se empezó a desmadrar un poco, extrañas costumbres de reparto de muñecos para darle continuidad al ritual, emotivos abrazos con la familia… Hasta llegar al baile.

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Ay el baile. Ese gran momento en el que diferentes grupos de personas que probablemente no se conocían de nada, se convierten en amigos inseparables. He de confesar que con las luces me sentía como en la nave, mucho mejor acompañado eso sí. Locura y desenfreno en la que me faltaban ojos para ver todo lo que pasaba. Como hacía mucho calor, los pobres invitados estaban sedientos así que las visitas a la barra libre eran continuas, insospechadas parejas de baile demostraban que allí podía pasar cualquier cosa, allí pasó de todo.

En definitiva, una cosa muy bonita esta de las bodas. Bello ritual en el que se juntan el amor el cariño y por qué nos vamos a engañar, la comida y la fiesta, algo que me encanta. Seguí sin pillar cacho pero bueno, me lo pasé como un enano.

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Un pensamiento en “En una boda me colé

  1. Pingback: Lost in La Concha Año 2 #ZorionakGorb |

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