Llega la Navidad y se va el 2013

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Pues nada, que está el ambiente revolucionado. Que ha nacido ese tal Jesús, y todo es alegría y alborozo. Entre la txistorra, el turrón  y los polvorones esto está siendo una carrera de fondo para mis siete estómagos. La denominada Navidad es una época única en el año en la que los humanos están sospechosamente felices. No sé si se debe a una alegría inducida por los litros de champán que se consumen  estos días, o una felicidad obligada por algún ser supremo que establece el ser alegre en estas fechas como obligatorio. Por eso, y tras mis primeras incursiones en las cenas, comidas y demás excesos navideños, ahí van algunos consejos para los intrépidos exploradores que no conocen estas curiosas festividades:

  • ¿Olentzero, Papá Noel o Reyes Magos? No negaré que el marketing del Olentzero es más flojito que el de Papá Noel. El señor del gorro rojo es bastante más agradable a la vista que el carbonero alcohólico que baja del monte. Por otro lado, no entraré a discutir las bondades del trío monárquico (vienen con roscón, no niego con eso ya ganan puntos). Pero, ¿para qué elegir? Mejor intentar colarse en la lista de niños buenos de los tres, por algún lado algo caerá, estadística pura.
  • Ojito con el turrón, especialmente esas tabletas diabólicas denominadas “del duro”. Esa aleación de materiales serviría para recubrir cualquier edificio contra ataques aéreos. Muy recomendable tener el laser sónico a mano para partirlo puesto que esas puñeteras tabletas son prácticamente irrompibles. ¡Ah! Y cuando te digan que es tradicional cantar un villancico con un polvorón en la boca no te lo creas, te están tomando el pelo.
  • El denominado “amigo invisible” es un juego de lo más macabro en el que te toca hacer un regalo a alguien, que puede ser que hasta te caiga mal. Además, el presupuesto suele ser paupérrimo y hay que ser capaz de adentrarse en la selva que son las tiendas donostiarras en esta época, sobre todo en hora punta. Es un ejercicio de voluntad del que pocos salen bien parados. El otro día me encontré a una señora hecha un ovillo en una perfumería agarrando un bote de cremas rebajadas repitiendo: el último regalo, el último regalo el último regalo…
  • El “Eguberri on” (Feliz Navidad) y el “Urte berri on” (Feliz año nuevo) se convierten en la coletilla final para cualquier conversación en estas fechas. Da igual que estés hablando con el guardia municipal que te está poniendo una multa o la vecina indignada que considera que ir cantando hacia la nave por La Concha a las 5 de la mañana no es de recibo. Hay que decir las palabras mágicas.

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De todas maneras, a pesar de las dificultades que entrañan tan extrañas fiestas, no negaré que me están encantando. El ambiente se transforma en algo especial, en definitiva, huele a Navidad. Yo intentaré acabar el año haciendo deporte de manera lo más digna posible. La San Silvestre es una de las más famosas carreras populares de la ciudad, y yo cada vez soy más donostiarra. Espero sobrevivir. Desde mi rincón en La Concha, espero que tengáis un gran 2014, y que nos sigamos viendo por el mundo 2.0 ¡Urte berri on!

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