La lotería gastronómica del explorador intergaláctico

Ha llegado el frío a Donostia, y esta vez parece que es para quedarse. No voy a negar que para investigar, es mucho mejor un sol esplendoroso así que, en invierno creo que me dedicaré a la exploración de interiores. Con estas temperaturas hay que aprovechar para estudiar con detenimiento los centros de comercio y bebercio de la zona. Sabéis que me estoy aficionando rápidamente a la gastronomía local. Sí, culpable, me encanta la comida de estas tierras, como ya he comentado más de una vez.

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Además, el viernes fue día de buenas noticias. ¡Soy finalista en los premios diariovasco.com como mejor blog personal! Parece que el cuaderno de bitácora de este humilde extraterrestre se va haciendo un hueco entre los locales. La competencia es dura, con Denis Itxaso y Bajo la Red. Blogs de nivel, de temas muy diferentes, por lo que ya estoy encantado sólo con ser finalista. ¡Que gane el mejor!

Así que el viernes por la noche tenía cuerpo de jota y ganas de celebrar. La cuestión es que como bien sabéis necesito tomar forma humana para mezclarme entre la fauna local, y a veces tengo más suerte que otras. Buscar comida es una auténtica lotería gastronómica. El fin de semana anterior acabé comiendo un bocadillo frío tiritando en los arcos de la plaza de la Constitución. Y todo por querer seguir a un grupo de jóvenes especímenes rubias, que… En fin, digamos que la historia no acabó bien. Y encima se me congelaron los tentáculos.

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Pero el viernes me tocó El Gordo. Vi a un pequeño grupo de especímenes muy diferentes que charlaban unidos a esos pequeños aparatos que llaman smartphones. En un principio pensé que estaban unidos a ellos de manera quirúrgica pero sólo eran imaginaciones mías de tanto que los usaban. Tras mis primeras reticencias a unirme a un grupo tan variopinto, me lancé de pleno y podemos decir que fue la mejor decisión que he tomado desde que llegue aquí. Acabamos cenando en un lugar llamado Casa Urola. Un restaurante que lleva más de 50 años en la ciudad según he podido investigar, pero que el año pasado tomó un nuevo rumbo en las manos de Pablo Loureiro, antiguo jefe de cocina del restaurante Branka.

Definitivamente fui premiado con el Gordo de la Lotería Gastronómica. Acerté de lleno uniéndome a ese grupo, y olvidé por completo todas las veces en las que me he unido al grupo de humanos indebido y he acabado comiendo cosas que probablemente horas antes trotaban por el callejón trasero al restaurante en cuestión.

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Unos entrantes que harían salivar a cualquiera sólo conseguían que tuviera más hambre. ¿Quién fue el artista que inventó el aceite de oliva? A puntito estuve de echármelo a la copa en vez de al cuenco dispuesto para ello. Pero bueno, uno es un investigador como dios manda, y para seguir camuflado conseguí reprimir mis instintos. Desde el lomo y el salchichón con los que arrancó la velada, pasando por el pintxo de pulpo que podéis admirar en Instagram, hasta las alcachofas que podéis ver en la foto, la explosión de sabores en mi boca fue constante. Según he podido informarme, esta gente es especialista en verduras, y las preparan a la parrilla, un instrumento humano muy característico que le da al plato un punto especial.

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Y luego llegaron los hongos. ¡Ay! Los hongos. Pero qué buenos están los hongos. Hongos, hongos, hongos. Me podría alimentar exclusivamente de estas joyas del bosque. Bueno, no, es que me perdería demasiadas cosas ricas.

Tras el lenguado y entrecote con unos pimientos a la parrilla que puedo decir sin tapujos, son los mejores que he probado en mucho tiempo, llegó la campanada final.

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Lo de esta torrija no tiene nombre. Bueno, si Torrija caramelizada a la antigua con helado de café con leche. Pero lo que se disfruta… se podría considerar casi ilegal. Un final redondo para una gran cena. Para terminar me sirvieron un orujo de hierbas, porque según señalaron era muy digestivo. Después de eso me acuerdo de poco.

En resumen, una gran cena en la que descubrí la raza de los “community managers”, gente muy maja unida a los smartphones que buscan expandir el mundo 2.0 y de los que aprendí más todavía de cómo manejarme por estos lares. Y del restaurante Casa Urola, pues creo que ha quedado más que claro que se ha convertido en un imprescindible para mi, ya había probado su excelente barra de pintxos, y el restaurante está ya entre mis favoritos, imperdonable salir por la puerta sin probar la torrija.

Así si se puede alimentar uno sin problemas en parajes extraños y desconocidos.

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2 pensamientos en “La lotería gastronómica del explorador intergaláctico

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