Un pintxo, dos pintxos, tres pintxos… Empiezo a adorar Donostia

Tras un fin de semana de intensas lluvias, parece que la climatología nos está dando un respiro. No me puedo quejar, he aprovechado para hacer arreglos por la nave porque las filtraciones de agua empezaban a ser graves. No hay manera de descansar si parece que un mamut de Saturno está realizando sus necesidades fisiológicas en el compartimento de al lado.

Además, he aprovechado para navegar por eso que los terrícolas denominan Internet. Es un gigantesco repositorio de información, en el que curiosamente, a diferencia de lo que me paso en mi primera salida, hay mucha gente desnuda. Y parecen pasárselo muy bien, con amigos, con amigas, con animales de compañía… También he aprendido que sobre una cosa que se llama Facebook y también Twitter. Son la manera de interactuar con los humanos, aunque con el pajarito y sus tweets todavía estoy en fase de aprendizaje. Pero bueno, la parte que más me interesaba era aprender cómo llenar mis estómagos. Un concepto denominado pintxos me intrigaba. En mi planeta siempre ha pesado más la cantidad sobre la calidad, y alimentarse a base de cocina en miniatura era algo que tenía que probar.

Así, el sábado, viendo que la lluvia se tomaba un descanso opté por salir metamorfoseado en pulga. En mis últimas salidas, la situación se había puesto fea así que, transformarme en un animal minúsculo casi invisible era la mejor manera de pasar desapercibido. Tras un largo paseo y maravillarme por el bullicio de las calles, me di cuenta que me queda muchísimo por aprender. Me paré a descansar en un gran reloj, intentando pensar qué hacer y cómo encontrar eso que llamaban pintxos cuando un grupo de humanos se convirtió en mi salvación. Un hombre y dos mujeres hablaban de dónde ir a comer algún pintxo, así que di un gran salto y me situé en la nariz del espécimen masculino dispuesto a descansar y que otros hicieran el trabajo duro. ¡Qué equivocado estaba! La culpa fue mía, escogí un terrícola regio y alto, muy alto y claro, las vistas espectaculares pero, hacía un frío indecente. Un viento helador hacía lagrimear mis ojos de pulga y para más inri, empezó a llover otra vez. Pero, todas mis penas desaparecieron cuando vi esto:

lost_in_la_concha_a_fuego_negro_pintxo_donostia

En un templo llamado A fuego negro decidí sin dudar que yo me iba a quedar en Donostia una temporada larga, y que ese manjar lo tenía que probar cuanto antes. Opté por pegarle un buen mordisco en la nariz al terrícola y cuando fue al baño a limpiar la sangre lo dejé K.O. con un certero golpe en el cuello para poder ocupar su lugar. El primer bocado a la Mak Kobe es algo que no olvidaré nunca. Pero la aventura no acabó ahí. Tras pelear contra viento y marea llegamos a otro pequeño oasis de la gastronomía donostiarra, Casa Urola.

lost_in_la_concha_casa_urola_pintxo_donostia

Eso que llamaban alcachofa a la parrilla con almendras es una delicia, su venta en mi planeta estaría regulada por la ley para no acabar con las existencias. Ya no me importaba estar atrapado en un planeta desconocido ni saber que la misión de rescate iba a tardar, dado mi affaire con la mujer del Comandante Supremo. Seguimos la ruta de las exquisiteces hasta un enclave cerca del río, el Kata 4. Ahí es cuando me empecé a preocupar, al ver que los humanos parecían comer rocas. 2 delicias sobre 3 no es una mala media me podía dar por satisfecho. Pero, al acercarme un poco más me di cuenta que realmente, lo que se comían de eso que llamaban ostras era el bicho del interior. Mis prejuicios pudieron conmigo y no me atreví a hincarles el diente, ¡y menos mal!

lost_in_la_concha_kata4_pintxo_donostia

La brocheta de rape, langostinos y vieira explotó en mi boca haciendo crujir todos mis estómagos a la vez. Tras beber bien y comer mejor, volví muy contento paseando hacia La Concha. En el último momento, me acordé de rescatar al pobre terrícola que había dejado encerrado en el baño del primer bar. Creo que volvió a su casa rascándose la cabeza, intentando entender qué demonios había pasado. Yo por mi parte, me di cuenta que me encanta este sitio. Incluso he empezado a aprender el extraño idioma local: DONOSTIA, MAITE ZAITUT!

Anuncios

10 pensamientos en “Un pintxo, dos pintxos, tres pintxos… Empiezo a adorar Donostia

  1. Pingback: ¿Qué bebemos hoy? |

  2. Pingback: Saboreando jazz en un lugar llamado Mugaritz |

  3. Pingback: Nos vemos en el Kursaal, General Supremo |

  4. Pingback: Kuadrilla se escribo con K |

  5. Pingback: La lotería gastronómica del explorador intergaláctico |

  6. Pingback: Para sobrevivir en Donostia |

  7. Pingback: Lost in La Concha Año 1 #ZorionakGorb |

  8. Pingback: Pintxos, pintxos y más pintxos |

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s