De brujas, cavernícolas y txalaparta

La vida sigue en este bello rincón perdido en la galaxia. Este verano ha estado lleno de locura y desenfreno, jugando a un maquiavélico juego que podríamos llamar “De boda en Boda” en vez de “De Oca a Oca”. La verdad es que no me puedo quejar, desde el marisco gallego hasta las camisas floreadas, ha sido un no parar pero; me he fundido mi asignación de gasto mensual establecido por mi estimada Comandancia Interestelar. Creo que ya no cuelan más gin tonic como gasto de “análisis y reconocimiento del terreno”.

Así que he optado por descubrir rincones cercanos, y qué narices, seguir trabajando. Buscamos teletransportarnos a los confines más alejados de la galaxia y no conocemos qué pasa en la puerta de enfrente. Siempre he pensado que para conocer a alguien, hay que saber de dónde viene así que la primera parada fue las cuevas de Sara, un bello paraje en tierras vasco-francesas.

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Innegable el atractivo de la zona, y poder imaginar cómo vuestros ancestros se recogían del frío en ese lugar. Un bonito paseo de aproximadamente 45 minutos por el interior de la cueva bien merece una parada. Lo que me chirrió un poquito, vino a la salida.

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Vamos a ver, terrícolas míos. Soy el primero que piensa que hay que fomentar la cultura autóctona y trabajar para que no se pierdan las raíces pero, lo del cavernícola de la imagen tocando la txalaparta… No hay por dónde cogerlo. Prometo que he buscado datos, y entiendo el uso de la percusión como método de comunicación pero… que lo sigo sin ver, ni entender. Un poquito de por favor.

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Toca dar un salto y plantarse en Zugarramurdi, bonito pueblo a pocos minutos de Sara en nave espacial. En este caso no encontré Home Sapiens tocando instrumentos, aquí había señoritas rubias con pies de pato que me animaban a bailar con unas damas en el campo junto a la cueva.

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La verdad es que el entorno natural ayudaba a sentirse en unión con la tierra pero, cuando apareció el macho cabrio opté por salir por patas, o por tentáculos en mi caso. Esa historia, no podía acabar bien.

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Conociendo los antecedentes de la zona, con más de 300 personas apresadas en el siglo XVII, a ver dónde iba acabar yo. Si a una pobre señora que utilizaba remedios naturales acababa en una celda, a saber qué haría la inquisición con un ser morado y de tentáculos como yo.

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Y nada mejor que acabar llenando los siete estómagos. Como nota curiosa, el solomillo con foie se servía sobre una rodaja de pan, bien mojado en salsa, como el plato ya era ligero, había que darle consistencia. Es muy curiosa vuestra historia estimados terrícolas, tengo que seguir investigando sobre los orígenes de la txalaparta y la brujería, tengo una cita para la semana que viene con una tal Mari, y quiero ir preparado.

Largo verano de aventuras

Mensaje para el Teniente Gorb

¿Está usted vivo?

P.D.: ¿Hay que cancelar la misión de rescate?

La Comandancia Interestelar

¡Hombre Comandancia! Cuanto tiempo sin vernos, bueno leernos. Pero, ¿misión de rescate hay? Que no es que me queje pero, llevo más de tres años por aquí, y creo que no hay atisbos de salir de este rincón perdido en la galaxia.

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La verdad es que en peores sitios podría haber caído, que Donosti es muy bonito. Pero esta climatologia bipolar va fatal para mis catarros marcianos. Véase la imagen superior como representación visual de cómo el clima donostiarra puede cambiar en unas pocas horas. Vale, quizás se me ha ido un poco la mano con los filtros de Instagram pero, creo que la idea queda clara. En el próximo envío de provisiones incluyan un par de palets de kleenex por favor. Que no sé qué me da que el otoño será largo.


Yo he seguido disfrutando de San Sebastián en todo su esplendor. Es el año de la Capitalidad Europea, y se nota. Yo casi casi me considero un donostiarra más y despotrico contra los guiris pesados como el que más. Que todavía no han aprendido que ¡no hay que llenar el plato de pintxos en el mismo bar! Aaaaay, lo que os queda por aprender queridos. Ah, y llega el Zinemaldi, días especiales en Donostia donde los haya.
En todo caso, si hay un día que me guste es el de la Bandera de la Concha. No sólo por las regatas, que es un deporte que me sigue impactando. La verdad es que lo vuestros deportes… merecen un capítulo aparte. Pero, ese día es muy importante en la Kuadrilla que me suelo infiltrar de vez en cuando. Es el concurso de pintxos anual.

El año pasado mis viajes por tierras inglesas me impidieron asistir. Y este año no niego que iba con ganas. Busqué recetas durante semanas intentando encontrar la combinación de sabores perfecta. Lo que no esperaba, y me tocó los tentáculos de manera soberana no lo voy a negar… ¡Era quedar último!


Admito que cometí un error de principiante, no probé la receta antes. Y utilizar ingredientes exóticos como el cous cous y las hierbas provenzales quizás era demasiado arriesgado pero, que te gane un pintxo de txistorra frío… El año que viene me llevo la pistola de rayos cuánticos para darle el último golpe de calor al pintxo. O un poco de jamón del bueno y punto… Para qué pasarse horas en la cocina. Está claro que el tema de las condiciones medioambientales en este concurso es básico. Que no podemos calentar los pintxos vamos. Bueno, y lo de la miel y la boca del asno también hay que tenerlo en cuenta. Qué le vamos a hacer, lo que vale en estos acontecimientos son las risas en inmejorable compañía.
Lo que no te mata te hace más fuerte. Yo que he peleado en las Dunas de Falafles saldré de ésta, y el año que viene volveré a la pelea con los tentáculos bien altos. Y el postre para 15 claro, que ser el último tiene premio. En fin…

¡Viva el vino!

El beber está de moda. Bien sea para deleitar el paladar con un buen caldo de las mejores uvas, para celebrar algún acontecimiento en buena compañía o, para qué engañarnos, olvidar las penas; lo de deleitarse con un buen vino está en boga. Y lo más curioso es que parece que todo el mundo sabe de vino.

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“Yo sólo bebo Gran Reserva porque mi paladar es capaz de discernir el leve cariz de frambuesa de la riviera francesa en el momento que la lengua roza el brebaje divino”. Cuanto mal ha hecho Internet, todo el mundo es sumiller, enólogo y sabio de la uva. Lo confieso, siempre he sido más de tinto que de blanco, quizás hasta un poco racista vinícolamente hablando pero el sábado todo cambió.

lost_in_la_concha_txakoli_ameztoi_getaria_euskadi_pais_vascoTuve la enorme suerte de ser invitado a un paseo por las instalaciones de Ameztoi en Getaria. Había disfrutado de las bondades del pueblo, sin saber que en los colinas de los alrededores se plantaban las uvas responsables de un espectacular brebaje del que ya soy fan, el txakoli.

lost_in_la_concha_ameztoi_getaria_euskadi_pais_vascoUno se sacrifica por la causa, y estoy obligado a analizar todas las costumbres terrícolas, así que poder conocer los secretos de la elaboración del vino en cuestión era importante. Y ya que estamos, pasar un buen rato en la mejor compañía, como no. Al final, lo que me quedó claro es que lo importante no es si el vino ha tenido 10 años para envejecer en barrica de roble americano o francés. O si se aprecia el leve toque de enebro cuando el líquido desciende por la garganta. Como un terrícola sabio me comentaba durante una excelente comida regada por litros y litros de txakoli, el buen vino se asocia a momentos y personas. Un gran reserva no tiene por qué ser mejor que un vino del año por decreto ley. ¡Si hasta he tomado vino con pomelo! No hay que tener miedo a probar cosas nuevas señores, y hay vida más allá del Rioja.

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En resumen, fue un gran sábado. El problema llegó al intentar volver a la nave. Tome la costa como guía, pensando que si seguía la línea del mar, llegaría a mi amada Concha sin problemas. Cuando aprecie el contorno del Museo Guggenheim en la lejanía me di cuenta que mi teoría inicial era válida, si escogía la dirección correcta. Finalmente llegué a mi hogar, con mi cajita de txakoli para rememorar los buenos momentos vividos en la nave. El dolor de cabeza del día siguiente es otra historia. Y puedo decir sin sonrojarme que yo ERA de tinto, pero me he abierto a experiencias nuevas. ¡Viva el vino!

A veces… Veo comida, y más comida

Y yo sigo aquí, paseando, investigando y disfrutando. Dejando a un lado conflictos puentiles y semanas de lluvía intensa que me han hecho arrastrar un catarro marciano tras otro, sigo saboreando Donostia. Es una ciudad con magia, aunque sea gris, húmeda y fría.

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Al mal tiempo buena cara, y qué mejor manera que hacer parada y fonda en algún rincón. Tenía más que probada la terraza del Kata 4, imprescindible en San Sebastián. Pero me faltaba probar su cocina más a fondo. En estos tiempos se multiplican las ensaladas a 13 euros y raciones recalentadas por las que pagamos un ojo de la cara, así que siempre es un placer degustar un menú un poco más elaborado con ingredientes de los buenos. Tengo que darme un homenaje a base de ostras un día. Volveré!

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Lo mío es vicio y cuando cojo carrerilla no paro. También he podido disfrutar de la temporada de sidrerías. Pero hay sidrerías… y sidrerías. Araeta se sale de la sagardotegi habitual en la que necesitas comer con el plumífero puesto. De hecho, tienen sidra de pera. Sí, de pera. Confesaré que así como el resto estaban un poco flojitas, la de pera estaba muy buena. Uno ya empieza a tener una edad, y poder comer calentito, pues se valora. Y cuando te hartas de carne, pues es una buena señal. Sin prisa pero sin pausa, me puse hasta arriba.

Y la cosa ha seguido, porque yo a veces veo comida… y más comida. Donostia es una ciudad de mucha tradición culinaria. Lo he visto, lo he vivido y lo he saboreado. Pero las cosas cambian, y hay rincones que dejan un hueco difícilmente llenable en el corazón de muchos donostiarras. Había oído hablar del Urepel como templo gastronómico en la mente de muchos donostiarras. Hace poco ha reabierto sus puertas con aires renovados. Había que probarlo.

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La verdad es que tras un día duro, fue un placer de cena. Los raviolis rellenos estaban para lamer el plato y no dejar gota. El bacalao en ajoarriero, también suculento. Pero me sobrevino el espíritu sano tras las semanas de excesos y opté por un postre “saludable”. Deliciosa fruta con yogurt que duró poco en el plato. En todo caso, acabé trapiñándome la mitad del tiramisú de mi acompañante. No llegó a la foto, si es que no tengo medida. Eso sí, estaba ESPECTACULAR!

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No me pierdo una, la carne es débil. Está claro que los pruebas físicas de la Academia Interestelar ya no los apruebo ni de coña. Así que toca darle caña al cuerpo. No soy muy fan del fenómeno gimnasio pero la verdad es que lo de la electroestimulación combinada con el ejercicio me ha gustado. Lo de venir a Ekibe, tiene un punto masoca, puesto que te tiembla todo el cuerpo mientras haces ejercicio. Veremos como va la cosa, seguiremos informando sobre la “Operación alienígena buenorro”. Disfruten de la Semana Santa estimados terrícolas. Torrijas time!

Presupuesto 2016

 

Estimado Teniente Gorb:

Una vez analizada su solicitud de fondos para el presente ejercicio terrestre lamentamos informarle que ha sido denegada. La Comisión de Distribución de Fondos Galácticos (CDFG) ha considerado que sus necesidades actuales se ven plenamente satisfechas con nuestros envíos periódicos de material y alimento. Adicionalmente la CDFG desea puntualizar:

  • No se considera imprescindible comer 12 pintxos al día para conocer a los terrícolas. En todo caso esta comisión es plenamente consciente que 7 estómagos exigen una ingesta de alimentos constante por lo que recibirá un kit de tuppers para poder alimentarse en cualquier momento y lugar.
  • No se considera que su integridad física corra peligro si corretea por la ciudad sin un pulsómetro con GPS, teléfono, MP3, gorra, gafas, medias de compresión, cortavientos y demás cachivaches incluidos en su lista. Se le hará llegar la ropa desechada por los reclutas de la Academia para poder usarla como ropa de deporte.
  • Que el año 2016 sea bisiesto no supone que sus necesidades se vayan a incrementar de manera exponencial. Nuestro planeta natal tarde 726 años terrícolas en girar alrededor de su sol, debe entender que los fondos de esta comisión son limitados por lo que saque el mayor provecho posible de sus recursos actuales.

Atentamente, la Comandancia Interestelar

P.D.: Su madre le manda recuerdos.

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Pues mira tú que bien. Este tipo de comunicaciones le agrian un poco a uno el comienzo del año. También hay que decir que la llegada por fin del frío tampoco ha ayudado a mejorar mi humor. Estimada comandancia, llevo más de 2 años perdido aquí, no me toquen los tentáculos. Pero bueno, servidor es un explorador sacrificado por la causa:

  • Ya me buscaré la vida para seguir el ritmo de ingesta de pintxos, siempre hay cosas nuevas que descubrir. Me permito recordarles que mis últimos dos envíos de muestras de pintxos desaparecieron sin mayor explicación en alguna oficina del ministerio.
  • Los miles de artilugios necesarios para la práctica del deporte se los robaré a algún runner despistado. Es mi firme propósito recuperar mi condición física de cadete en la academia. Si hasta me he apuntado a un gimnasio, como propósito de año nuevo. Aunque eso es más un antro de tortura que otra cosa, ya habrá tiempo para hablar eso.
  • No es que 2016 sea bisiesto, además, Donostia es la Capital Europea de la Cultura, por lo tanto no dudo que será un año más que interesante para esta ciudad. Pero no se preocupe Comandancia que les mantendré informados de todo lo que ocurra.

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En resumidas cuentas, brindemos todos por el nuevo año. Urte Berri on! Y a disfrutar del 2016, va a ser muy grande.

El otoño ya llegó

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Se acabaron los anocheceres románticos por la Concha. Han desaparecido los turistas, bueno, algunos rezagados quedan, y con el Puente más. El verano se despidió de Donosti con el Zinemaldi hasta el año que viene y toca desempolvar los paraguas. Los donostiarras nunca tienen lejos ese objeto tan útil por estas tierras pero, cierto es que en verano da menos pereza mojarse. Las ventas de paraguas en los Chinos donostiarras yo creo que deben repuntar a partir de estas fechas.

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Pero no hay que desanimarse, el San Sebastián húmedo y gris tiene su encanto poético. Eso lo digo ahora en octubre, dudo que en febrero siga tan positivo pero aprovechemos mientras podamos. Un una vuelta por el Paseo Nuevo siempre es una buena idea. Además, da la oportunidad de admirar a una tribu urbana que siempre me ha causado tremenda admiración, los pescadores. Te los encuentras diseminados por las barandillas de la ciudad, llueva, truene o haya un tornado buscando pescar la mejor pieza. Y todos sabemos que por aquí llueve. Llueve mucho.

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El Kursaal recupera relativa normalidad tras la locura festivalera y la glotonería de San Sebastián Gastronómica. La verdad es que la piedra mojada le da un puntito romántico y decadente a la zona. Por lo tanto desempolvemos el paraguas y demos paseo. Donosti, siempre merece la pena, aunque llueva, truene, o caigan chuzos de punta.

A falta de Concha, buenas son zamburiñas

Septiembre en Donosti mola, pero la verdad es que todavía tenía ganas de viajar. Así que aprovechando la puesta a punto de la nave para el viaje a Londres, puse rumbo a un lugar lleno de misterio. Pero sobre todo… ¡Cómo se come en Galicia!

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A mi ya sabéis que lo de llenar el estomago, me pone. Y en esa tierra se puede aprovechar todo lo que ofrece el mar. Lo de las navajas y las zamburiñas, tendría que ser delito. Estoy planteándome seriamente lo de montar un vivero junto a la nave en La Concha. No sería mal negocio. Y pulpo por aquí, sé que se come pero, yo creo que en Galicia sabe diferente. En la vida he dejado los platos tan limpios.

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En todo caso, no sólo me he dedicado a zampar; misión de reconocimiento en Islas Cíes, un paraíso terrenal. Un espectacular lugar que bien merece una larga parada. Tras un buen paseo, opté por poner los tentáculos a remojar. Aguas cristalinas invitaban a un largo baño pero, debí analizar la situación con detenimiento antes de meterme en el mar. Había mucha gente tomando el sol pero, pocos valientes se animaban al baño. Bellísimas aguas cristalinas, pero frías que te ca… Fui prácticamente incapaz de meter la cabeza bajo el agua, miles de agujas me traspasaban la sien. ¡Pero que me quiten lo nadao!

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Volví a Donosti dispuesto a reengancharme al Zinemaldi, una de mis épocas favoritas en San Sebastián. Desafortunadamente, mi baño ártico pasó factura, y me pasé 72 horas K.O. en la nave con gripe galopante. Se me pasó por la cabeza poner en marcha el protocolo de autodestrucción de la nave de lo malito que estaba. Lo mío son los melodramas. Pese a todo, no me puedo quejar, yo mi premio Donostia lo recojo todas las mañanas al amanecer en la Playa de la Concha.

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Comienza un nuevo curso, y con la llegada del otoño, sigo dispuesto a seguir investigando estas tierras. Saludos desde el fondo de la bahía, mis queridos donostiarras.

Lost in London

Mensaje para el Teniente Gorb

¿Vive usted?

La Comandancia Interestelar

Que si estoy vivo no te jo… Disculpen mi lenguaje comandancia, es el deje vasco, que al final todo se pega y por aquí a más de uno habría que desintegrarle la lengua directamente. Son un poco mal hablados.

Pues sí, vivito y coleando, a falta de recibir noticias de esa misión de rescate, he pasado el verano trabajando duro en Donostia. Me he infiltrado de heladero pero, tras la primera sesión de fuegos artificiales de la Semana Grande, tuve que dimitir. Fue peor que la batalla de las Lunas de Neptuno. Lo de toldero en la Concha tampoco fue mucho mejor, al hacerme un follón con tanta cuerda y lo de agente del orden en esas endemoniadas bicicletas… En fin, que ha sido un verano complicado. Y ¿cómo se soluciona eso? Viajando.

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No sé si fue que mi misión en el Hotel de Londres se quedó grabada en mi subconsciente pero, acabé acercándome a la capital británica para unos días de relax y tranquilidad. Me habían avisado que junto con San Sebastián, es una de las ciudades más lluviosas del planeta tierra. Pero, gracias a alguna extraña conjunción de planetas, disfruté de unos espectaculares días soleados.

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Londres es una ciudad llena de historia, y la abadía de Westminster uno de los edificios más espectaculares que he podido visitar. Eso sí, pocas veces he sentido tan de cerca la presencia de cientos de esqueletos. Está claro que para sepulturero no sirvo, tanto pisar tumbas me revolvió las entrañas. El edificio bonito sí, pero lleno de cadáveres; gente muy famosa, pero muerta.

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Una ciudad en la que se mezcla lo viejo y lo nuevo, como a mí me gusta. Pasear por la Torre de Londres (nombre confuso donde los haya puesto que de sólo torre tiene poco) es un placer. Y descubrí una interesante figura histórica terrícola, Enrique VIII. ¿Que no me puedo casar con quién yo quiero? Pues me convierto en jefe religioso. ¿Que mis mujeres me tocan los tentáculos? Pues les voy cortando la cabeza. Duro trabajo el del pobre hombre que pegaba los tajos… Yo intente descabezar un pollo una vez y el resultado fue poco satisfactorio ciertamente.

lost_In_la_concha_london_hyde_park_regents_parkRincones como Hyde Park y Regents Park entre otros muchos parques dan la opción de respirar un poco y relajarse en verde. Eso sí, nada de dar de comer a las aves, que luego te persiguen por medio parque pidiendo más comida. Y hay mucha fauna en esos parques, MUCHA.

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Mezcla de historia y futuro en una ciudad, rincones verdes para perderse, si hasta el centro de la city está lleno de runners (y yo me quejo de trotar por el paseo de la Concha si hay turistas)… ¡Esto me recuerda a mi querida Donosti! Con una más que notable excepción. La gastronomía. Lo de comerse un sandwichito en la puerta de la catedral vestido de ejecutivo agresivo es muy chic vale, pero seguro que la mitad están de hambre a la media hora. Aunque quizás es que todavía están llenos del desayuno. Estos si que saben desayunar con fundamento. Y que no falte una buena sesión en el pub.

En fin, que no puedo quejarme. Han sido unos días estupendos y he vuelto con pilas renovadas. Aunque me toca ponerme al día con el Zinemaldi que empieza el viernes. Debo confesar que echando un ojo al programa de este año he visto demasiado drama, no sé, necesito más alegría en mi vida. Pero no sufráis, que me voy a escapar a Santiago de Compostela un par de días y eso levanta cualquier ánimo. Seguiremos informando.

El finde tragón de Gorb

Ha sido un fin de semana duro, muy duro. Los calores veraniegos me tienen un poco revolucionado y me he dedicado a dejarme llevar por mis instintos más glotones. Al tener la nave en el fondo de la Bahía de La Concha, he podido hacer amigos marinos de todos los tipos y colores.

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Pero, no puedo negar que lo de comérmelos, me gusta aún más. Poder disfrutar de una buena mariscada como Dios manda me ayudó a coger aún mayor destreza con manos terrícolas. Pelar percebes, no es moco de pavo, y conseguirlo sin manchar a la mitad de los comensales, casi utópico. Así empezó un fin de semana de pura gula.

Afortunadamente, pude centrar mis esfuerzos en los animales más dotados de carne. Vale, las nécoras estarán muy buenas pero yo soy más partidario de la eficiencia en el trabajo. Para cuando el comensal que tenía al lado había comido media nécora, yo me había zampado ya 100 gramos de percebes, un par de ostras y una docena de gambas a la plancha. Tengo siete estómagos que llenar, y no puedo perder el tiempo. Por cierto, me reafirmo en que por unas kokotxas… mato.

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Amaneció el sábado, y pude disfrutar de un buen desayuno en el Café Laffose, siempre una buena idea. Además ¡con regalo! ¡Zorionak al Eibar en el 75 aniversario! Sabéis que de eso de darle patadas al balón no entiendo mucho pero, todo llegará.

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Y llegó el momento. LA COMIDA. En mis misiones de investigación, sabéis que a veces tengo suerte cuando me infiltro en alguna kuadrilla para analizar las costumbres locales. Esta vez, me tocó el premio gordo.

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Ay mis queridos compatriotas, qué dominado tenéis lo de degustar manjares y lo de comer en el Zuberoa fue toda una experiencia, no lo voy a negar. Tengo un amigo que dice que por tierras vascas la comida sabe mejor porque el nombre es más largo. No es lo mismo decir “patatas fritas” que “frutas de tierra bañadas en emulsión de aceituna al punto de sal”. No sé si es cierto pero, tras disfrutar del menú degustación, no tengo miedo en confesar qué en algunos casos no tenía ni puñetera idea de qué me estaba metiendo en la boca. En todo caso, lo disfrute como un enano. A pesar de que quizás, la idea de comer en la terraza no fue tan buena por el calor sofocante, la verdad es que puedo afirmar que esta experiencia gastronómica quedará marcada en mi cuaderno de bitácora en negrita.

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El problema llegó con la cuenta, el terrícola en el que metamorfoseé no llevaba la cartera encima. Menos mal que uno es apañado y pude hacer un trueque. Ahora que lo pienso, más que un fin de semana, fueron sólo 24 horas de lo más tragonas. El domingo me lo pasé fregando platos en el restaurante.

En todo caso, un gran fin de semana en el que he disfrutado de buena comida y sobre todo de buena compañía. Hay gente que dice que no se puede disfrutar de un bocata o una hamburguesa. Cada momento tiene su menú, dadme un bocadillo y una botella de sidra y un hueco en el puerto cuando queráis. Pero, este fin de semana tocaban viandas de nivel. ¡Y tan a gusto!

De playa en playa

El calor llega a Donosti, y toca lanzarse a las playas a tostarse como si no hubiera un mañana. Uno ya tiene más que aprendido su manual de supervivencia para las playas donostiarras, así que toca pensar y decidir. ¿A dónde voy? San Sebastián tiene de todo, y de playas anda también sobrada. Están los tres cerditos, los tres Reyes Magos y las tres playas de San Sebastián. Si hasta tienen carrera propia, pero eso será más adelante. A ver si este año logro presentarme. A la tercera va la vencida… Curioso, otra vez el número tres.

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El otro día pensé que era el momento de lanzarme a meterle caña al surf. Ese deporte que crea tendencia en Donostia. Pero, desafortunadamente estoy obligado a metamorfosearme en humano cuando salgo de la nave. Sería mucho más fácil pegarme a la tabla si contara con mis tentáculos. Lo de surcar las olas montado en esos resbaladizos objetos puntiagudos, está claro que no es lo mío. En todo caso, disfruté de la playa donostiarra más salvaje.

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Pero uno ya tiene su edad, sólo tengo 2 años terrícolas pero, en mi planeta ya voy por los 237 así que, busqué la tranquilidad de La Concha para una tarde relajada. Obviamente, era una utopía imposible. Además, dejarme el conversor ultraquímico puesto no ayudó, generó movimientos en las mareas que las hicieron más salvajes aún. El reparto de centímetros cuadrados de arena por habitante se iba reduciendo por minutos.

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Por lo tanto, opté por un baño tranquilo en la vecina Ondarreta. No hay nada más relajante que refrescarse en mi segundo hogar cuando cae el atardecer en un caluroso día. Pero, cuál fue mi sorpresa al descubrir que el tanque de residuos orgánicos de la nave había tenido otra fuga. Los fluidos almacenados se habían ido solidificando y compactando en pequeñas rocas que habían quedado desperdigadas por la playa. Todos los presentes las tomaban por sencillas piedras pero, yo, sabiendo lo que eran, tuve que optar por salir por piernas. Prometo sellar la fuga de los tanques cuanto antes para que mis residuos no se depositen en vuestras orillas, mil perdones queridos terrícolas.

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En fin, ¡que por falta de playas no sea! Disfrutemos del verano en remojo, y a sacarle jugo al sol, que ya sabemos en Donostia, la metereología tiene personalidad propia y bastante esquizofrénica.